Betwixt (adaptación Sambucky)

11

No digo nada. No puedo. Peter sale rápidamente de la vista. Sigo mirando por la ventana trasera, incapaz de enfrentar a Sam. Él era la única persona en la escuela que no sabía.

Odio que el status quo haya cambiado.

Sam aclara su garganta.

- ¿Quieres sentarte al frente conmigo?

- No, estoy bien acá atrás. - Murmuro.

El auto comienza a detenerse. Lentamente me giró para ver a Sam enfrentándome.

- Lo siento. - Su voz es suave.

- ¿Por qué? - Mi voz es dura.

Sus ojos se llenan con compasión mientras susurra:

- Siento que hayas tenido que encontrar a tu hermano así. Siento que lo hayas perdido.

- No quiero hablar acerca de eso. - Aclaro mi garganta.

- Buck...

- ¡No quiero hablar acerca de eso!

Sam saltó a su asiento y accidentalmente golpeó la bocina. Ajustando su posición, se giró para enfrentar el camino y soltó un pequeño:

- Está bien.

Acelerando el auto, dimos saltitos de conejo por un segundo hasta que Sam encontró su ritmo. Todavía me estoy sujetando a mi atontamiento, la única forma de protección que he conocido desde el accidente.

Cerré mis ojos.

Pietro.

Apreté mi mano en un duro puño, haciendo que me doliera. Solía ser capaz de sacar sangre. Abrí mi mano ahora y no vi nada... por supuesto. No puedes romper la piel de un fantasma... sólo su corazón.

El silencio llenó el auto hasta que pasamos el cruce y comenzó a adentrarse en el bosque.

- ¿Algo se ve familiar?

Me incliné hacia el vidrio y sacudí mi cabeza.

- ¿Bucky?

- Todo se ve igual. - Suspiro. - Puedo haber estado en cualquier lugar de alrededor.

- Sólo sigue buscando, ve si algo provoca un recuerdo.

Hago lo que me dijo y le pedí a Sam que redujera la velocidad como cinco minutos después.

- Aquí podría ser. Quiero decir que hay una barandilla a lo largo de este camino.

- Bueno, salgamos y demos un vistazo.

Sam se veía lleno de esperanza mientras salía fuera del auto y comenzaba a caminar a lo largo de la carretera.

- Si fuiste atropellado, entonces probablemente haya marcas o algún daño en la barandilla. - Dijo sobre su hombro. - Sigue por ese camino y yo intentaré aquí abajo, ve si encuentras algo.

Tomé las placas de perro alrededor de mi cuello mientras caminaba por la carretera, mirando la barandilla. Había caminado al menos 90 metros cuando me giré y grité:

- No veo nada. La barandilla se ve bien.

- Lo mismo por acá. - La voz de Sam llegó a mí. - Vamos, manejemos un poco más allá.

Pasamos la siguiente hora saltando dentro y fuera del auto. La barandilla estaba bien a lo largo de todo el camino y a los 24 kilómetros, estaba completamente rendido.

- No quiero hacer más esto.

Sam miró su reloj.

- Probablemente debería irme a casa de todas formas. - Puso su pie en el acelerador y nos dirigimos de vuelta a Big Bear Village.

- Que malgaste de tiempo. - Suspiro.

- No lo creo.

Lo miré desde el asiento del pasajero.

- Siempre supe que eras un idiota.

Su risita fue seguida por una rápida sonrisa.

- Podemos descartar ese tramo de camino ahora. No fue un malgasto de tiempo.

- Bien, claro. - Incliné mi cabeza hacia atrás contra el asiento y cerré mis ojos.

A veces sentía que Sam podía verme o algo. Era como si pudiera sentir lo que estaba haciendo y en vez de comenzar otra conversación agotadora simplemente se inclinaba hacia adelante y encendía la radio.

La música nos bañó mientras paseábamos de vuelta al pueblo. Sentía el ritmo dentro de mí mientras la letra giraba en mi cerebro. No pude evitar cantar.

- ¿Realmente te gusta esta canción?

Abrí mis ojos y vi la sonrisa de Sam.

- A todos nos gusta esta canción.

- No, realmente no.

Mis cejas se juntaron.

- ¿Entonces por qué la estás escuchando?

- Porque me gusta el sonido de tu voz.

Avergonzado, me senté un poco más derecho. Una sonrisa tiró de mis labios y luché para enderezarla.

- Así que, ¿te gusta cantar en casa, cuando nadie está observando? - Sam cambió de marcha y me echó un vistazo.

- Tal vez. - Me encogí de hombros.

- ¿Cepillo o desodorante?

Sonreí abiertamente.

- Mi cepillo hace un micrófono mucho mejor.

- Lindo. - Asintió Sam. - Siempre fui más del tipo de chico de espátula.

- No lo fuiste. - Intenté golpear juguetonamente su hombro, pero mi mano lo atravesó.

Él rascó el punto donde lo golpeé y rió.

- Lo juro, solía encontrar cada pocillo y olla en la casa y volverlo en un gran equipo de batería. Golpearía el infierno de esas cosas. Volvía loca a mi mamá.

Reí.

- Los buenos músicos comienzan jóvenes, supongo.

- Sí, bueno, difícilmente soy un talento, pero me divierto.

- Así que, un baterista entonces. ¿Sabes? Eso de hecho es bastante genial.

- Oh, bueno, me hace feliz que lo apruebes.

Otra canción empezó y sentí mis interiores saltar de placer. Amaba esta.

- ¿Puedes subirle, por favor?

Sam lo hizo sin comentar y por alguna razon, me lancé dentro de la canción. No sé por qué. Nunca lo hacía con mis amigos, pero de alguna manera sentía como si lo tuviera permitido en este viejo auto de mierda. Como si fuera seguro o algo.

Terminé la canción con fuerza.

Sam sacudió su cabeza con una sonrisa.

- Eres un Gleek, ¿no?

- No. - Me giré en mi asiento y luego suspiré. - Tal vez... bien, sí, pero si se lo dices a alguien te mataré.

- ¿Por qué no quieres que le diga a nadie? Glee es genial.

- Cállate. Glee es genial.

- Lo es.

¡Huh! ¡Muy sarcástico!

Mis ojos se entrecerraron mientras lo observaba.

- Sé que no puedes verla justo ahora, pero te estoy dando una mirada muy seca.

- No, puedo verla.

- ¿Puedes? - Mi voz salió toda alta y chillona.

- En mi cabeza. - Admitió suavemente Sam. - Puedo imaginarte realmente claro en mi cabeza y conozco esa mirada. La haces bastante.




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