Betwixt (adaptación Sambucky)

13

La puerta de la cocina estaba cerrada cuando regresé a casa de los Wilson. Maldije luego de caminar por el lado de la casa en busca de otra forma de entrar. Pude ver que la ventana de Sam estaba bien abierta. Me pregunté si él la había dejado así para mí.

¿En serio creía que podía volar?

Pateé una roca con mi pie y vi mi pie pasar a través de esta.

Esto era una mierda.

Estaba a punto de desplomarme al suelo cuando se abrió la puerta principal.

- No tienes que preocuparte, Maria. Está siendo honesto con nosotros, eso es lo más importante.

- Sólo quiero que sea feliz. No quiero que se repita...

El señor Wilson colocó su dedo suavemente en los labios de su esposa.

- Eso no va a suceder de nuevo. No tengas miedo. Tenemos que confiar en él.

Ella le dio una sonrisa suave.

- Lo sé.

Con una mirada tierna, el señor Wilson se inclinó y besó a su esposa. Tomé mi oportunidad y me metí por delante de ellos y a través de la gran puerta. Estaba seguro de que acababa de pasar mi cadera por sus piernas. Ambos parecieron temblar mientras daban un paso lejos el uno del otro.

- Diviértete.

- Lo haré. Esta pareja es fantástica. Muy adecuados. Estas sesiones de pre-matrimonio han sido geniales.

- Sólo un mes hasta la boda. No puedo creerlo.

El señor Wilson le dio una sonrisa.

- No puedo esperar para casarlos.

- Adiós, cariño. Te quiero.

- Yo a ti también, cariño.

Los vi intercambiar una última mirada antes de correr apresuradamente por las escaleras.

- No sabía que tu papá era un ministro.

Sam saltó una milla mientras caminaba por su puerta abierta.

Dejando caer su cabeza entre las manos, murmuró algo acerca de si su corazón sería capaz o no de sobrevivir a esto, entonces me miró.

- Ya no lo es. Hace asesoramientos, funerales, bodas, cosas así.

Se sentó en su silla con un suspiro y se frotó los ojos.

Había una silla vacía a su lado. Tomé asiento y aclaré mi garganta para que supiera dónde estoy.

Se volvió hacia mí.

- Hey, ¿estás bien? Sólo desapareciste.

- Sí. - Me encogí de hombros, tratando de sonar casual. - Sólo fui a casa.

- ¿Está todo bien?

No respondí de inmediato, no podía. Sólo miré a la pantalla de su computadora. Él había estado investigando las páginas de primeros auxilios. También pude ver su cuenta de Twitter abierta, pero la página no estaba abierta, así que no podía escanear por mi nombre. Lo miré y vi el libro de mapas abierto entre sus manos. Estaba marcando rutas para probar y también tenía una página de preguntas que estaba preparando para hacerle a mis amigos.

- ¿Bucky? - Preguntó Sam en voz baja.

- No lo entiendo. - Negué con la cabeza, pensando en todo lo que acababa de ocurrir.

- ¿Entender qué?

Mi voz adquirió una calidad distante mientras recordaba a los padres de Sam besándose en despedida, luego pensé en mi madre llorando en la cocina. Luego recordé de nuevo la escuela y escuché a mis amigos riéndose sobre mí estando muerto.

- Soy popular. Estoy buenísimo. A pesar de su maldad de hoy, todos quieren seguir siendo yo o quieren estar conmigo... - Espeté y miré fijamente a Sam. - Tú apenas tienes amigos. Tienes cicatrices en tu cara que asustan a todo el mundo...

Sam frunció el ceño y lamió sus labios.

- ¿Hay una razón para esto o simplemente estás tratando de darme un complejo?

Hice una pausa durante un largo latido, luego miré dentro de sus hermosos ojos marrones.

- ¿Por qué quiero tu vida?

La cara de Sam se plegó con una mirada de tal compasión y simpatía que tuve que darle la espalda. Lo pude sentir a punto de decir algo, pero fue interrumpido por un golpe en la puerta.

Su madre apareció y miró alrededor de la habitación.

- Creí escucharte hablar con alguien.

- Oh, no, yo sólo... - Se sonrojó.

- ¿De nuevo representando escenas para tu libro?

Él dejó escapar una risita nerviosa.

Ella le sonrió, luego puso su mano en su cadera mientras caminaba por su habitación y cerraba la ventana.

- Deberías hacer tu tarea de física, no escribir.

- Me estoy transfiriendo, ¿recuerdas? - Su sonrisa descarada era adorable.

Su madre cerró las cortinas.

- No estás transferido aún y hasta que lo estés quiero que des lo mejor de ti... luego puedes escribir hasta que se te crucen los ojos.

Ella dio una palmadita en su hombro.

- Sí, señora. - Le respondió él.

Ella le dio una pequeña risa y luego besó su mejilla antes de salir.

Para ser honesto, estaba contento por la interrupción. No quería tener respuesta a mi pregunta. No quería ver esa mirada en la cara de Sam de nuevo, porque esa mirada me hacía querer fundirme.

Me senté con la espalda recta y me pasé las manos por el pelo.

- ¿Estás escribiendo un libro o una historia corta? - Pregunté alegremente.

Sam vaciló, obviamente sorprendido por mi cambio de humor repentino. Saltando, cerró la puerta y volvió a su escritorio.

- Voy por una novela.

- ¿Por qué no dejas que la lea?

Él se dejó caer de nuevo en su silla.

- Todavía es el primer borrador. Necesita un poco de trabajo importante y no estoy muy dispuesto a compartir.

Arrugé mi nariz hacia él.

Cerrando el libro de mapas, lo movió a un lado de su escritorio.

- Escucha, será mejor que termine mi tarea. Lo haré lo más rápido que pueda, luego podemos planificar una ruta para mañana.

- Está bien. - Murmuré y descansé la barbilla en mi mano.

Lo vi trabajar con un pequeño ceño confundido en su rostro. En realidad era bastante adorable. Me di la vuelta y estudié cuidadosamente su escritorio y luego sonreí cuando Sam cogió distraídamente un libro de la parte superior de su manuscrito. Me incliné sobre él y empecé a leer.

Era bueno. Quiero decir, realmente bueno. Para el final del cuarto párrafo ya me gustaba el personaje principal y para el final de la página ya quería saber lo que iba a hacer con la pieza de armadura que acababa de descubrir.




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