Tenía miedo de ir a casa, pero forcé mis piernas para caminar en esa dirección. Noté el coche de papá en el camino de entrada. Al menos estaba en casa a esta hora. Deambulando por la parte posterior de la casa, decidí hacerle frente a la ventana del baño de nuevo. Era más solvente que cualquiera de las puertas de la casa y por alguna razón se sentía más fácil de hacer. Estaba sorprendido de ver qué seguía abierta. Mamá solía cerrarla antes de irse a la cama.
Porque era un idiota... o tal vez porque acababa de pasar algunas páginas del manuscrito de Sam, me engañé a mí mismo con el pensamiento de que podía subir a través de la ventana esta vez. Yo, por supuesto, fallé. Mi mente me hizo hacer otro baile de hormigas en mis pantalones antes de que pudiera ir a mi habitación. Mientras subía las escaleras, me di cuenta de un suave resplandor a través de la puerta.
Mi lámpara de noche estaba encendida y mamá estaba sentada en mi cama... leyendo mi diario.
- ¿Qué estás haciendo?
Traté de tomar la libreta, pero fue inútil. Ni siquiera agité las páginas está vez. Mi madre inhaló fuerte y pasó a la página siguiente. Traté de ver dónde estaba llegando.
No puedo creer lo que hice. ¡Perdí mi virginidad con Chris Cooper!
Me estremecí. ¡No podía creer que mi mamá estuviera leyendo esto! Podía morir ahora, por favor.
- Yo pensé que sería mágico. - Mi madre murmuró mis palabras en voz alta. - Pero no fue así. Fue realmente muy doloroso y él casi no me habla desde entonces. No es que me importe.
Mi madre dejó caer la libreta en su regazo.
- ¿No es que te importe? Oh, cariño. - Se cubrió la boca y parpadeó las lágrimas.
- Lo siento, mamá. - Me senté a su lado. - La verdad es que... yo... no sé por qué lo hice.
Sí lo sabía.
- Mis amigos que dijeron que era caliente y muy genial, y que sería un idiota al no ir por ello. Él era un tipo insistente. Era más fácil ceder. Sucedió antes de que pudiera detenerlo.
Sacudí la cabeza, sintiéndome sucio y avergonzado, aún sabiendo que era lo que merecía. Mamá alcanzó un pañuelo y se sonó la nariz.
- ¿Cómo lo llevas? - Papá apareció en la puerta. Su camisa estaba toda arrugada y la tenía por fuera, la corbata estaba suelta y en un ángulo raro. Parecía cansado.
- Esto es nuestra culpa. - Mamá sacudió la cabeza.
- Oye, no hables de esa manera. - Papá caminó en la habitación y se apoyó contra la pared.
- ¿Sabes cómo ha estado viviendo? Él tiene todo el derecho de salir corriendo.
- ¿Por qué dices eso? - Papá frunció el ceño.
- Encontré su diario. - Mamá levantó la libreta gruesa, moviendo las páginas con su dedo pulgar. - No conozco a este chico.
- ¿De verdad crees que deberías estar leyendo eso?
- ¡Sí! - Lo abrió de nuevo y golpeó su mano en la página. - Sí debo hacerlo. No puedo creer que he esperado tanto tiempo y he dejado pasar tanto.
Tocó la parte de atrás y analizó el contenido.
- ¿Sabías que te robó tu tarjeta de crédito la semana pasada?
Papá metió las manos en los bolsillos y miró al suelo.
- Sí, yo iba a llamarlo cuando llegó la factura.
- ¿En serio?
Él suspiró.
- Probablemente no.
- ¿Cómo pudimos permitir que esto sucediera?
- Estábamos dejándolo afligirse, Nat.
- ¿Desde hace dos años? - Mamá cerró la libreta y la tiró en el cajón. - No estábamos dejando que se afligiera, nosotros no sabíamos qué hacer con él.
Se levantó y se acomodó el cabello.
- Hemos hecho lo mejor que hemos podido.
- ¿Lo hemos hecho? - Acercándose a mi padre con pasos suaves, ella lo miró con los ojos rotos y susurró: - ¿Es esto realmente lo mejor, Bruce?
Antes de que pudiera responder, ella salió por la puerta. Papá se giró para verla irse.
- Natasha...
La oí bajar las escaleras, ignorando sus patéticas súplicas.
Él dejó escapar un largo suspiro y se pasó las manos por el pelo. Pellizcándose la nariz, maldijo.
- Síguela, papá. - Caminé hacia él. - Por favor. Ella quiere que la sigas.
Dejando escapar un bufido irritado, golpeó la pared y la siguió. Mamá estaba moviéndose alrededor de la cocina, haciendo ruidosamente una taza de té.
- La muerte de Pietro fue difícil para todos nosotros. Todos nosotros hemos estado tratando de encontrar el camino, Natasha.
- Por nuestra cuenta. - Hizo una pausa para mirarlo. - ¿Cómo iba eso siquiera a funcionar?
Virtió agua hirviendo sobre su bolsita de té y la dejó reposar.
- También podemos afrontarlo, si Bucky se va, deberíamos terminar ahora.
Papá se puso de pie.
- ¿De qué estás hablando?
- Oh, vamos, Bruce. Sólo hemos estado juntos por él.
Aflojándose la corbata, papá se la quitó y negó con la cabeza. Lo vi luchar por controlar sus emociones, pero se las arregló para nivelar la voz cuando respondió.
- Yo no. Nunca te dejaré.
- Me dejaste el día que Pietro murió.
- Me quedé. - Papá lanzó la corbata en el mostrador, con la voz quebrada. - Simplemente dejaste de dejarme entrar.
Mamá levantó la bolsita de té fuera de su taza y la tiró en el fregadero. Apoyada contra el frío metal, dejó caer la cabeza y susurró:
- No nos conozco ya. Ni siquiera conozco a mi propio hijo.
Se volvió y miró a papá con los ojos inundados de lágrimas.
- ¿No te das cuenta? Con su partida no nos queda nada.
El rostro de papá se convirtió en carbón mientras agarraba su corbata y salía fuera de la habitación.
- ¡Papá, no te vayas! - Llamé detrás de él. - Es por eso que no te queda nada. - Corrí tras él y lo encontré buscando desesperadamente sus llaves. - ¿A dónde vas?
Él no podía oírme y casi caminó a través de mí mientras hacía su camino a la puerta de entrada, evitando la cocina por completo.
La puerta principal se cerró de golpe detrás de mí. Me quedé cerca de papá para entrar en el coche antes de que cerrara de golpe la puerta. Él encendió el motor y giró fuera de la calzada.