La casa estaba vacía cuando llegué. No tuve más remedio que saltar, caer a través de la ventana y caminar a mi habitación. Deteniéndome en el salón, permanecí de pie y miré el alto árbol de pino en el patio trasero. Podía ver el pequeño cuerpo de Pietro caer mientras gritaba mi nombre.
Cerré los ojos con fuerza y traté de apagar el sonido, pero no funcionó.
- ¡BUCK! - Timbró en mi cuerpo; alto, claro y ensordecedor.
Me tapé mis oídos y corrí a mi habitación. Arrojándome a la cama enterré mi cabeza en mis brazos y dejé que los sollozos me invadieran. Subían por mi cuerpo, haciéndolo torcerse y sacudirse. No había llorado tan fuerte... nunca.
Mis fuertes gemidos y respiraciones hiposas llenaron la habitación hasta que no quedó nada.
El silencio que siguió fue deprimente, pero no podía alejarme de él. Me quedé entumecido en silencio el resto del día. No podía dormir, no podía desaparecer, lo único que podía era yacer allí y escuchar todas las palabras desagradables de mis amigos arremolinarse en mi cabeza. La única cosa que rompía el ritmo era el grito de Pietro y el enfermo ruido sordo que le seguía.
A las cuatro, la puerta principal hizo clic al abrirse. Reconocí los entrecortados pasos de mi madre. Quería ir abajo y verla, pero no podía hacer que mi cuerpo se moviera. Una hora más tarde oí a papá entrar.
- Levántate. - Susurré. Repetí las palabras hasta que mi cerebro comenzó a funcionar. Poco a poco me levanté de la cama e hice mi camino escaleras abajo.
Mamá estaba matando el tiempo en la cocina; cortando lechuga y rebanando tomates. Papá estaba en el refrigerador sacando una cerveza.
Ellos caminaban alrededor el uno del otro en silencio, sin decir una palabra.
Mamá sorbía algunas lágrimas mientras cortaba las cebollas. No sabía realmente qué estaba provocándolas, pero mi papá ni siquiera se inmutaba.
¿Qué pasó con nuestra familia?
Un recuerdo de los cuatro sentados alrededor de la mesa del comedor -la que nunca usábamos ahora- jugando un juego de mesa revoloteó en mi cerebro.
Pietro estaba riéndose mucho por las muecas de papá. Mamá lo golpeó en el hombro para hacerlo detenerse y luego agarró su estómago mientras otra ronda de risas la invadía. Yo los miraba con una gran sonrisa, tratando de no reír por lo tonto que estaba siendo papá. Una vez que tuvo a nuestros dos amigos riéndose histéricamente se detuvo y me lanzó un guiño de complicidad. Nuestro entretenimiento estaba establecido por la noche. Veíamos con diversión cómo ambos trataban de recobrar la compostura, pero después de una mirada el uno al otro, ambos resoplaban y empezaban a reírse de nuevo. Papá miraba a mamá con ojos de adoración.
Miré los ojos de papá ahora y estaban en blanco, sin vida... entumecidos, como los míos han estado desde aquel horrible día.
- Haría cualquier cosa para cambiar el pasado, chicos.
Ellos no me escuchaban... y supongo que en realidad no importaba. No podía cambiar el pasado. No podía cambiar lo que había hecho o lo que pasó.
Sólo tenía que vivir con ello.
Quiero decir, ellos sólo tendrían que vivir con ello, yo podría seguir adelante y morir.
Cansado de la desolación, me giré y me dirigí a mí habitación. Sabía que había estado vagando sin rumbo durante los últimos años, pero me sentía más perdido que nunca mientras tomaba asiento en mi fría y tranquila habitación. Me senté en el sillón junto a la ventana y miré a la oscuridad.
El tiempo pasó en lentos y dolorosos minutos. Mi cuerpo empezó a doler con una frialdad que no había sentido antes. Envolví mis brazos alrededor de mí y me hice un ovillo. Mi cabeza estaba palpitando de nuevo y me pregunté si estaba a punto de regresar cuando escuché el timbre de la puerta.
Sacudiéndome de mis divagaciones oscuras, me senté y escuché.
Me esforcé para reconocer las voces y no fue hasta que todos estaban entrando en mi habitación que vi al sheriff aparecer detrás de mi madre. Sus ojos estaban redondos de preocupación cuando se volvió hacia él.
- Así que... aquí está.
El sheriff asintió, poniendo sus manos en su cadera e inspeccionando mi entorno ordenado.
- Ciertamente tiene un montón de libros.
- Sí. - Mamá sonrió. - Solía amar la lectura. Siempre me lo encontraba aquí con su nariz enterrada en un libro o en un cómic.
- Es curioso, nunca me pareció del tipo lector.
El tipo apenas me había dicho dos palabras, ¿cómo iba a saberlo?
Mi padre se aclaró la garganta.
- Él no ha estado leyendo libros durante un par de años. La secundaria sacó un lado diferente de él. No está en casa tanto como antes.
El sheriff le disparó a mi padre una mirada triste.
- No lo mires de esa manera. - Me puse de pie y caminé a su lado. - ¿Así que eres el padre perfecto? ¡¿Nunca antes has cometido errores?!
No sé por qué salí en defensa de papá, pero detestaba esa mirada de juicio en el rostro del sheriff Stark. Nunca había perdido un hijo, ¿cómo iba a saber qué hacer?
Salté hacia atrás antes de que el sheriff pusiera su pie a través de los míos. Él fue a mi escritorio y rebuscó a través de algunas páginas, leyendo partes y pedazos.
- Es sólo mi tarea.
Sus cejas se levantaron por la sorpresa cuando notó la A en la parte superior de mi última asignación. Intenté arrebatarlo de su mano, pero el papel no se movió. Miré fijamente el papel, concentrándome muy duro y estaba alcanzándolo de nuevo cuando lo dejó caer de nuevo en mi escritorio.
- Entonces, ¿dónde crees que van a empezar la búsqueda? - Papá lucía esperanzado mientras lo miraba.
- Eso no es realmente por lo que estoy aquí, Bruce. - El sheriff Stark se volvió hacia ellos con una expresión triste. - He estado al teléfono durante una gran parte del día, he charlado con sus amigos, he preguntado por ahí. Lo que pasa es... - Se pasó la mano por su cabello y suspiró. - No estamos seguros de si tenemos los recursos y fondos para una búsqueda sin ningún punto de partida... y las posibilidades de que Bucky haya huido son tan altas... hemos decidido no seguir adelante.