Eran las ocho de la noche al momento en que regresé a la cocina. Papá estaba apilando el lavavajillas mientras mamá estaba envolviendo las sobras. Había un montón. Supongo que tampoco habían sido capaces de comer.
Mamá abrió la boca un par de veces como si fuera a hablar, pero entonces no se atrevía a hacerlo.
Y así reinaba el doloroso silencio.
Papá acababa de cargar el último de los cubiertos cuando sonó el timbre de la puerta una vez más.
Mamá miró a papá con el ceño fruncido en forma interrogativa. Él se encogió de hombros y cerró el cajón del lavavajillas.
Me quedé con mamá mientras él iba a abrir la puerta.
- Hola... - Papá sonaba confundido.
¿El sheriff de nuevo? ¿Qué otras noticias deprimentes tenía? Caminé hacia la puerta y luego me congelé.
- Hola, señor Barnes. ¿Le importa si entro?
Reconocí la voz de Sam y retrocedí encogiéndome contra la pared. Él caminó humildemente a la cocina y le dio a mi madre una sonrisa suave.
- Hola, señora Barnes.
- Hola... - Ella se secó las manos con una toalla y se movió alrededor del mostrador para estrechar la mano de Sam.
- Sam Wilson. - Le recordó.
- Es cierto. Vives a la vuelta de la esquina, ¿no?
- Sí, nos ayudó a encontrar la casa.
- Lo recuerdo. - Ella se esforzó por sonar jovial.
- ¿Qué podemos hacer por ti, Sam? - Papá sacó un taburete y le ofreció un asiento.
Sam se deslizó en la silla y miró alrededor de la cocina.
Debería hacerle saber que estoy aquí, pero no podía. Las palabras se atascaron en mi garganta, dificultando la respiración. ¿Qué había venido a decir hasta aquí?
- Yo... - Se lamió los labios y se aferró a la parte superior del mostrador. - He estado preocupado por Bucky. ¿Ustedes tienen más noticias?
Mis padres se miraron entre sí, tratando de tener una de esas conversaciones sin palabras, pero creo que estaban un poco oxidados.
Espera, no... lo veía.
¡Acababan de tener una!
Papá se volvió hacia Sam y admitió con la voz quebrada: - No sabemos qué le ha pasado.
- ¿Has oído hablar de él? - La esperanza en la voz de mamá era difícil de pasar por alto.
Sam sacudió la cabeza con una sonrisa triste.
- ¿Sabes? Eres el único de sus amigos que ha venido a ver si él está aquí. ¿Están los dos en algún tipo de relación?
Pude sentir la lucha de mi madre para preguntarle. Después de lo que había descubierto en el primer cajón de mi mesa de noche, podía entender por qué.
- No, señora. - Esa sonrisa que me encantaba saltó sobre su rostro. - No... uhm... él no está realmente con tipos como yo. Soy un poco demasiado franco y desconsiderado para su gusto.
Me moví desde mi posición en la puerta, mi corazón derretido ante sus palabras tranquilas.
- Así que... ¿no son amigos?
- Yo realmente quiero serlo, pero creo que primero tengo que controlar mi lengua. - Mis padres se miraron el uno al otro en confusión. - Simplemente... de verdad lamento si alguna vez he dicho algo para lastimarlo y me arrepentiré siempre si no consigo volver a verlo para decírselo yo mismo.
Parpadeé rápidamente a medida que las lágrimas empañaban mi visión.
Las cejas de mi papá se fruncieron con preocupación.
- ¿Estás sugiriendo que él huyó porque ustedes dos tuvieron una pelea?
- No, señor. - Sam se sentó con la espalda recta. - De hecho... - Hizo una pausa y tomó aire. - Me pregunto si él no huyó en realidad.
- ¿Por qué...? ¿Por qué dices eso?
Me estremecí ante la severidad de la voz de mi madre.
Era impresionante que Sam no estuviera huyendo.
- No lo sé, señora Barnes, es sólo un sentimiento... o una pregunta. ¿Alguien ha considerado el hecho de que él podría no haberse ido de la ciudad?
- El sheriff cree que lo hizo. - Los hombros de mamá se tensaron con agitación.
- ¿Pero está en lo cierto? Quiero decir... todo esto es sólo una conjetura, ¿no es así?
Por alguna razón esto estaba alterando a mi madre más que la idea de mí huyendo. Tomando el trapo de cocina, ella lo apretó entre sus manos.
- Entonces, ¿qué significa esto? Si no se ha escapado, ¿dónde está?
Sam y yo vimos a dónde iba eso y quise intervenir desesperadamente.
- No estoy seguro. Sólo estoy sugiriendo que tal vez alguien debería iniciar su búsqueda.
Papá puso una tierna mano en la espalda de mamá y le dio un pequeño apretón.
- Le he enviado una foto de él al sheriff. Él la va a enviar a la policía por nosotros.
Sam se veía molesto.
- ¿Van a hacer algo más? ¿No van a buscar en la zona? ¿Reunir un grupo de personas? Yo estoy dispuesto a ayudar.
Él se levantó del taburete.
- Hijo, tenemos que admitir que Bucky huyendo es la respuesta más probable a esto.
- Pero no es la única. - Se frotó la cara. - Señor Barnes, creo que debería ir de nuevo donde el sheriff e insistirle que se inicie la búsqueda de Bucky cuanto antes.
- Tenemos todo bajo control, Sam. - La voz de papá sonaba calmada, pero podía escuchar un pequeño tono agudo reptando en ella.
- Señor Barnes, no creo que lo tengan. Él no huyó, estoy seguro de eso...
- Sam... - Mi madre golpeó el mostrador. - Detente. Estamos haciendo lo que podemos... y quiero que te vayas.
- Lo siento, señora Barnes. No quise molestarla, yo sólo...
- Vete, por favor. - Su voz se quebró y se tambaleó cuando se alejó de él.
Sam reiteró sus disculpas una vez más.
- Adiós, Sam. - Papá le disparó una mirada mordaz y Sam no tuvo cómo refutar.
Con un suspiro suave, se metió las manos en los bolsillos y caminó hacia la puerta. Se volvió para escanear la habitación por última vez, sus ojos iluminados con una esperanza que se estaba muriendo rápidamente. Con la cabeza gacha y en silencio, salió de la habitación.
Su mano estaba en el pomo de la puerta cuando lo alcancé.
- Gracias. - Le susurré al oído.
Se quedó inmóvil como una estatua mientras su rostro se inundaba en alivio.