Bitácora para un sueño inquieto

La piel del pantano

Rocco era un cocodrilo de lomo color musgo y escamas tan duras que parecían talladas en piedra. Era el rey absoluto de su orilla, hasta que vio a Lina, una garza real de plumaje tan blanco que cegaba bajo el sol del mediodía. Lina era elegancia pura; se movía sobre el agua como si el barro no existiera.

Rocco, impactado, se acercó para ofrecerle un pez, pero ella ni siquiera lo miró.

—"Qué bicho tan tosco,"— susurró ella mientras se limpiaba un ala. —"Esas escamas parecen costras de tierra, y tu piel es tan áspera que solo verla me da escalofríos. Jamás podría estar cerca de algo tan... primitivo."

Rocco no lo pensó dos veces. Se fue al rincón más profundo del pantano, donde las piedras eran afiladas, y empezó a frotar su lomo contra ellas con una fuerza desesperada. Fue un proceso lento; se arrancó las escamas una a una, hasta que quedó suave y lisa como la de un anfibio indefenso. Regresó con Lina, temblando de frío porque ya no tenía su armadura natural.

—"Ya no tengo escamas, Lina. Mira, soy suave,"— dijo él con voz débil.

Lina lo observó de arriba abajo con desdén. —"Mejor, supongo. Pero esa boca... esos dientes son una declaración de guerra. Me dan miedo. No puedo confiar en alguien que tiene cuchillos por sonrisa."

Esa misma noche, Rocco buscó una raíz gruesa y, con un esfuerzo que le hizo soltar lágrimas, se fue arrancando los dientes contra el tronco de un sauce, hasta que su boca quedó hundida y roma. Ahora solo podía comer papilla de lodo, pero no le importaba. Volvió a buscarla, escondiendo su falta de colmillos tras una mueca extraña.

—"Ya no tengo dientes, Lina. Soy inofensivo,"— balbuceó.

—"Te ves mejor, pero sigues siendo muy... verde,"— sentenció ella. —"El verde es color de fango. Si tan solo tuvieras algo de luz, algo de gracia... como mis plumas."

Rocco, ya fuera de sí, robó plumas de los nidos de otras aves y las pegó a su piel sangrante con resina de pino. Se puso tantas que apenas podía mover las patas. Parecía una montaña de basura blanca, un disfraz andante que no era ni ave ni reptil. Cuando por fin se presentó ante ella, Lina sonrió de forma superficial.

—"Vaya, ahora sí eres alguien con quien me vería bien en el atardecer,"— dijo ella, permitiéndole caminar a su lado.

Rocco estaba feliz, o eso creía. Pero la felicidad duró poco. Al ser blando, no podía meterse al agua porque los peces pequeños le picaban la piel sensible; al no tener dientes, su estómago rugía de hambre; y al estar cubierto de plumas pesadas, el calor lo sofocaba. Se había convertido en un prisionero de su propio disfraz.

Una tarde, mientras Rocco intentaba mantenerse en pie bajo el peso de la resina, vio a Lina alejarse volando hacia una isla de arena en medio del río. Allí, un cocodrilo enorme, con las escamas más gruesas que Rocco hubiera visto jamás y una hilera de dientes que brillaban, estaba devorando un gran pez. Lina se posó a su lado, frotó su cabeza blanca contra el lomo rugoso del extraño y lo miró con una admiración que Rocco nunca recibió.

Rocco, con el poco aliento que le quedaba, se arrastró hasta la orilla opuesta.

—"¡Pero si dijiste que odiabas las escamas! ¡Dijiste que los dientes te daban miedo!"— gritó con su boca vacía.

Lina lo miró desde la distancia, con una frialdad que dolía más que las heridas de su lomo. —"A él no le pido que cambie, Rocco. A él lo respeto porque sabe quién es. Tú, en cambio... ni siquiera sé qué eres ahora."

Rocco se miró en el reflejo del agua y no vio a un cocodrilo, ni a una garza, ni a un animal. Vio un montón de desperdicios pegados a un cuerpo que ya no servía para nada. Entendió, demasiado tarde, que el amor que te exige desarmarte no es amor, es una conquista; y que cuando dejas de ser tú para gustar, terminas perdiendo a la persona y, lo que es peor, perdiéndote a ti mismo.

Nunca te arranques las escamas por alguien que ama tu disfraz pero desprecia tu esencia. El que de verdad te quiera, encontrará belleza en tu armadura, porque sabe que es lo que te mantiene vivo. Quien te pide que cambies para "aceptarte", solo está buscando un reflejo de su propio ego, y te desechará en cuanto encuentre a alguien que tenga el valor de ser lo que tú renunciaste a ser.




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