Black

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Voces de Primavera

Giselle

"La ciencia no nos ha enseñado si la locura es lo más sublime de la inteligencia". Edgar Allan Poe.

El ambiente se puso raro después de que Vanya y Alex ingresaran al laboratorio, ellos no notaron nada fuera de lo normal, pero los que estaban actuando de forma extraña eran ellos dos. No me tomé la molestia de averiguar nada y continué con mis obligaciones sintiendo la incomodidad en todo momento, pero parecía solo sentirla yo porque Elián Keynes se mantuvo tranquilo y con el rostro inexpresivo el resto de la tarde.

Cuando cayó la noche una suave llovizna caía sobre la isla dejando las carreteras empapadas y un fuerte olor a tierra mojada. Recogimos nuestros equipos de trabajo y las camionetas no llevaron de regreso al hotel.

Al llegar cada uno se dirigió a sus respectivos dormitorios y yo hice lo mismo. Apenas crucé el umbral de la puerta me retiré todas las prendas dejándolas sobre la cama, me metí al cuarto de baños y puse a llenar la tina,

Siento tanto agotamiento físico y frustración sexual que solo podría arreglarlo un buen baño.

Me mire al espejo por un instante trayendo aquellos recuerdos de la tarde, rápidamente mi cuerpo reacciono pasando un cosquilleo por todas partes, toque con suavidad mi cuello y mis senos sin ningún resultado estimulante, anhelaba cierto toque de ciertas manos que pertenecen a cierto caballero.

Aparté todo tipo de pensamientos y entre en la tina, descansé mi espalda dejando mi cabeza fuera del agua y mis brazos en los laterales de la bañera.

Respiro profundo y cierro los ojos dejándome ir por un instante.

Giselle, Giselle, Giselle.

¿Quién es mi doctora favorita?

Doctora, tenemos que proceder a realizar una cesárea o perderemos al bebé.

Te quiero, Giselle.

Un fuerte estruendo en la puerta hace que salga del transe y abra los ojos de golpe teniendo una visión borrosa. No sé en qué momento pasó, pero mi cuerpo está totalmente sumergido en la tina.

Una figura se detiene en frente, lo veo borroso por el agua, pero sumerge sus dos manos que toman mis hombros y me sacan sentándome en la tina. El oxígeno llega a mis pulmones y solo estando fuera es cuando noto la ausencia de este en mi sistema. Toso y toso, mientras mi pecho sube y baja con fuerza.

Cuando me repongo miro a mi costado en donde se encuentran dos personas, Amanda que está en la puerta con la boca entreabierta y una mirada de preocupación, y el Dr. Keynes quien me mira fijamente, sus ojos se ven más oscuros de lo normal, su pecho sube y baja con intensidad, se ve bastante serio podría jurar que está molesto.

Él no mira otra cosa que no sean mis ojos, aun así, me encojo de hombros y trato de cubrir el torso con las manos cuando caigo cuenta que estoy desnuda. Él relaja la expresión y levanta el mentón.

—Pickett, encárgate de que la señorita se vista y se cubra bien —le dice y se da la vuelta saliendo del baño.

Amanda toma una bata de baño, se acerca a mí y me ayuda a ponerme de pie.

—¿Qué te pasó? —pregunta, mientras me ayuda a colocar la bata de baño.

—Me quedé dormida —respondí—. ¿Qué hacía él acá?

—No lo sé, solo vino y tocó la puerta como un loco, cuando abrí me preguntó por ti, le respondí que estaban en el baño duchándose y entró desesperado atropellando lo que se encontró, tocó y tocó, y como no obtuvo respuesta la abrió a la fuerza dañando la puerta, así fue como te encontramos. No sé qué hubiera pasado si el Dr. Keynes no hubiera llegado —se queda callada y pensativa por un momento, luego suelta lo que piensa— ¿No notas algo raro en los hermanos Keynes? Son muy extraños, no parecen personas del común.

—Eso creo... —murmuré para que no se escuchara.

—Vístete y abrígate bien. Tenemos que bajar a cenar, el Dr. Elián Keynes emitirá un comunicado.

Amanda sale de la habitación dejándome sola. Me visto con más tranquilidad optando por unos vaqueros azules, un suéter de lana negro y unos tenis deporticos blancos, los únicos que traje.

Junto a Amanda salgo de la habitación en dirección al restaurante del hotel y ella me pregunta durante todo el camino si estoy bien. Bajamos al primer piso y llegamos, mis ojos recorren todas las mesas buscando a un rostro en específico, hasta encontrarlo, todos están ocupando la misma mesa que nos sentamos ayer.

Alex y Danae se percatan de mi presencia en el restaurante y de inmediato se levantan de la mesa para venir a mí.

—Cielo, ¿Estás bien? —Danae fue la primera en preguntar, tocándome por todas partes.

—Amanda.

—¿Qué? Estoy preocupada, les informe que...

—¡Querías suicidarte! —le interrumpe Danae, diciendo dramáticamente.

—No quería suicidarme, por Dios, solo me quede dormida.

—Cielo, hasta al baño voy a tener que acompañarte.

—No, no, no hay que exagerar las cosas, solo me quede dormida.

—¿Estas bien? —preguntó Alex esta vez. Asentí y él me abrazó besándome la cabeza—. No me preocupes, Gise.

—Estoy bien, tranquilos —afirmé para ambos—. Vamos a cenar.

Caminé hasta la mesa donde estaba el resto y me senté en uno de los asientos libres. Todos me miran, saludo con un "Hola" y ellos me responden con la misma palabra.

Evito ver la cara de cierta persona que está en cabeza de la mesa.

Los meseros colocan la cena y por unos minutos todos se dedican a comer en silencio. Los únicos que no prueban bocado son los hermanos Keynes que no tocan la comida, así fue la vez pasada, simplemente se quedaron viendo el plato. Me parecen demasiado melindrosos y me pregunto en qué momento se alimentan entonces, qué comen y a qué hora lo hacen, tal vez tienen poco apetito.

Cuando estoy lo suficiente llena, termino dejando un poco en el plato, me levanto y voy al baño, lavo mis manos y vuelvo a la mesa. Los meseros del lugar retiran los platos y los cubiertos dejándonos el espacio libre.



#18044 en Fantasía

En el texto hay: cienciaficcion, drama, muerte

Editado: 15.01.2026

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