Blackbird: El Resurgir De Una Fuerza Oscura

#2 Río De Sangre

Río de Janeiro, Brasil 🇧🇷, 11:01 A.M

El Capitán Molina es trasladado de urgencia al hospital general tras el disparo recibido y su estado tras el disparo es grave. Tras ser estabilizado, es operado de urgencia para retirar la bala de su cuerpo, de modo que solo queda esperar, pero no está fuera de peligro ni mucho menos. Ana llega al hospital y se encuentra con que 3 agentes están custodiando la habitación de su padre mientras este lucha por su vida. Los agentes inmediatamente reconocen a Ana por ser la hija del Capitán y la dejan pasar a la habitación. Ana queda shockeada al ver a su padre aún profundamente dormido a causa de la anestesia, con la piel pálida debido a la gran pérdida de sangre y recién operado. Sin embargo, ella no pierde y, aprovechando el estado inconsciente de su padre, toma su tableta, la cual está dentro del armario junto con sus cosas, y la enciende para ver los videos de seguridad de las cámaras de los drones. Mientras está buscando una toma con un buen ángulo del momento del disparo, su padre sorpresivamente le habla.

—Llegaste más rápido de lo que incluso un avión lo haría —Dice con una voz apagada y débil—.

—Acabo de llegar. Pasé toda la noche en una moto que saqué de la sede para llegar, pero llegué muy tarde —Se lamenta Ana—.

—Por más que me alegra mucho verte aquí, amor, no hubieras viajado tanto de no ser por una razón extrema —Deduce el Capitán—. Asumo que tiene que ver con que me hayan disparado, ¿Así que por qué no me dices qué fue lo que sucedió?

—Anoche fui atacada en casa. El maldito era un simple bobo; casi no me costó acabar con el. Pero cantó: Dijo que querían raptarme y que iban a asesinar a uno de los presidentes a menos que tú detuvieras el evento. No me respondiste nunca el teléfono y tuve que venir hasta aquí, temiendo lo peor —Cuenta Ana—. Pero lo peor acaba de ocurrir.

—La bala no me asesinó, así que no ocurrió lo peor —Responde su padre—.

—No aún, pero escuché a los doctores —Declara ella con lágrimas en los ojos a punto de caer—. Sigues en peligro. No puedo perderte, papá.

—Linda, tu sabes de sobra todas las veces que me han disparado o herido en mis 26 años de servicio al país. No hay arma con la que no me hayan herido —Afirma muy confiado—.

—Pero jamás fuiste abatido por un francotirador —Le recuerda Ana—.

—Entonces, ahora sí puedo decir que me dispararon con todo —Bromea—. Cariño, este soldado viejo físicamente no es más que piel, músculos, órganos y huesos, pero por dentro tengo un titán aguerrido y con 2 pelotas bien puestas que no permitirá que me asesinen tan fácilmente. Saldré de esta —Promete y le extiende su mano sobre el borde de la cama—. Tú eres la única razón por la que sigo vivo, linda. Sin tu madre, soy el único que está aquí para cuidarte.

Ana cede a las lágrimas, que caen lentamente por su rostro, y toma la mano de su padre.

—Yo puedo cuidarme sola, papá —Afirma—.

—Y si no soy yo, ¿Quién cuidará de que no te metas en problemas? —Bromea

Ana simplemente sonríe y no tiene nada para decir.

—Estaré bien, lo prometo —Afirma su padre—.

—Lo estarás, papá. Pero yo no descansaré hasta encontrar a quien nos hizo esto —Promete—. Tendré que meterme en problemas, pero no estaré tranquila si no lo hago.

—No, linda. Por favor no lo hagas. Ya tengo a 2 de mis agentes trabajando en ello.

—Sabes que está fuera de discusión. ¿Tienes un titán? Pues yo lo heredé de ti; es de familia. Así que me meteré al quirófano antes de que hagan otra operación y me llevaré la bala para intentar analizarla.

—No me quitaron ninguna bala. La bala me atravesó —Revela su padre—.

Tras esto, Ana suelta la mano de su padre, camina hacia la puerta y antes de retirarse declara:

—Te amo, papá. Descansa y recupérate. Atraparé a esta gente por ti, quieras o no.

Antes de que el Capitán pueda decir algo, Ana sale por la puerta y se retira rápidamente del lugar. Sin que él lo note, ella se llevó sus tarjetas de crédito y débito, que estaban dentro de la funda de la tableta.
Antes de ir a algún lado, Ana regresa a la calle donde dejó la motocicleta y al bote de basura donde escondió su traje y sus pertenencias y se va de allí hacia un hotel de 3 estrellas, donde se hospeda bajo un nombre falso, se instala rápidamente y enseguida vuelve a la escena del crimen a investigar. Es plena tarde, pero la escena del crimen ya fue contaminada por las autoridades. Pese a haber una cinta que restringe el área, Ana pasa por debajo y, observando la escena, se pone en el lugar donde estaba parado hablando el Presidente de Brasil, imaginando que el objetivo el disparo es ella. Su padre intentando salvar al Presidente recibió la bala cerca de la arteria aorta, una importante arteria del corazón. Sabiendo que la bala atravesó a su padre trata de imaginarse dónde pudo haber impactado y no tarda en darse cuenta del impacto que dejó la bala en el marco de una de las puertas del Ayuntamiento. Por supuesto, la bala ya no está, puesto que fue extraída de la escena para ser investigada. De modo que, al menos por ahora, Ana está en un callejón sin salida. Sin embargo, se le ocurre una idea con la que podría seguirle la pista a la bala y cuando se retira de la escena hace una llamada telefónica a alguien en particular. Cuando le responden, ella expresa:

—No quería hacer esto, pero te necesito. Literalmente fui hasta la maldita Argentina por ti. ¿Tú podrías venir Brasil por mí? Esta noche. Trae tu traje.

Está claro a quien iba dirigida la llamada. De modo que esa misma noche al caer el sol, Tommy llega volando en su traje de Overload y aterriza en la azotea del Ayuntamiento de Río, donde ella le está esperando vistiendo su traje de Blackbird. Tommy aterriza, se quita la máscara y ambos se dan un fuerte y sentido abrazo.




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