Blackbird: El Resurgir De Una Fuerza Oscura

#3 Encubiertos

Maldonado, 18 de Julio de 2020, 3:07 A.M

Camila y Tommy están atrapados en la cocina, con la luz apagada, a oscuras y con los 2 intrusos habiendo entrado a la casa. Ambos encienden la luz de la sala, la cual ilumina parcialmente la cocina, lo que obliga a Camila y Tommy a esconderse en un rincón oscuro. Tommy se percata de uno de los muebles, el que está debajo del lavabo, y pregunta a Camila en secreto:

—¿Cuánto mides?

—1,65 —Responde ella también en secreto—.

—¿Estás casi de mi altura? No puede ser —Comenta Tommy innecesariamente—.

Tommy abre sigilosamente el mueble y esconde a Camila dentro, para después esconderse él y cerrarlo en silencio, mientras Ana silencia el audio de su videollamada por seguridad de todos. Estando seguros dentro del mueble, Tommy enciende la linterna de su celular evitando que la luz se filtre por la pequeña grieta. Mediante la misma, observa los movimientos de los 2 intrusos. Para empeorar la situación, Camila se percata de que hay una grande y peluda araña descendiendo por la pared a milímetros de su rostro. Tommy también se percata, así que con calma le entrega su celular y le da un cálido abrazo para calmarla mientras que con una mano le tapa la boca para que no grite. Por supuesto, Cami está aterrada. Uno de los intrusos llega hasta la cocina y enciende la luz, solo para cerciorarse de que no hay nadie. La araña sigue su camino lentamente en descenso por la pared. Tommy le susurra a Camila en el oído:

—Tranquila. Si no le haces nada, ella tampoco.

Ella simplemente cierra los ojos, mientras Tommy aún sigue tapándole la boca. Para colmo, el intruso en la cocina se acerca al mueble donde Tommy y Camila están ocultos. Ya es un hecho que los va a descubrir. Tommy, también aterrado, piensa en voz baja:

—Estamos muertos.

El sujeto extiende su mano para abrir el mueble y llega a tocar la manija, pero en el último instante su compañero le llama la atención.

—Oye, Oliver, ¿Qué carajos haces allí? —Le pregunta, prácticamente regañándolo

—Revisando la casa —Responde—. ¿Algún problema?

—Nunca dijiste que la pelea fuera hasta la cocina. Aquí no hay nada, ya vámonos. La chica debe tener el anillo.

Oliver, el sujeto al que Ana noqueó antes de partir a Río, sabe que es verdad y opta por escuchar a su compañero. De modo que no abre el mueble donde están ocultos Camila y Tommy y se retira de allí. Cuando ambos intrusos vuelven a cerrar la puerta Tommy inmediatamente abre el mueble para que ambos puedan salir y Ana activa nuevamente su audio en la llamada.

—Eso estuvo cerca —Balbucea Tommy—.

—Tommy, la matrícula —Le indica Ana—.

Tommy rápidamente se acerca a la ventana junto a la puerta y, sin ser visto, apunta su cámara hacia el coche y toma una captura de pantalla donde se ve claramente la matrícula para enviársela a Ana.

—Escuchaste ¿verdad? —Pregunta Tommy— Quieren el anillo.

—Que vengan por el, entonces —Responde Ana con un tono airado y desafiante—.

—Escucha, me llevaré la laptop de tu padre. No me arriesgaré a que vengan de nuevo estos tipos. Me iré a casa y te aviso cuando tenga alguna coincidencia —Resuelve Tommy—.

—De acuerdo, hazlo —Accede Ana—.

—¿Quieren explicarme qué está sucediendo aquí? —Pregunta Camila, completamente desconcertada

—Es una larga historia —Responde Tommy—.

—¿Tan larga para que te hirieran la cabeza y el brazo? —Pregunta Ana con ironía, en referencia a las heridas recientes de Tommy, provocadas por Camila hace unos momentos

—Digamos que sí —Interviene Camila—.

—Escucha, yo estoy metido en esto prácticamente por casualidad. Sino, te lo contaría todo —Alega Tommy—.

—Linda, escúchame. Por tu propia seguridad mantente alejada de mi casa ¿sí? —Le pide Ana con amabilidad— No sabemos aún quienes son esta gente ni si van a volver. Te contaremos todo cuando todo acabe ¿sí?

—Bien, más les vale —Advierte—.

—Me iré a casa a ver si puedo hacerte ese favor, Ana —Se despide Tommy—. Estamos en contacto.

—Ten mucho cuidado, Tommy —Le advierte—.

Tommy asiente con la cabeza y finaliza la llamada.
Ana, por supuesto, no puede evitar sentirse preocupada al respecto, de modo que desde el teléfono de su habitación llama a la Policía de Maldonado para reportar el allanamiento en su casa, proporcionando también el número de matrícula de los intrusos. Luego toma uno de sus bolsos y saca el anillo Nazi del hombre que le atacó, se acuesta en la cama y lo observa detenidamente, preguntándose qué es lo que tiene para que esta gente se esmere por recuperarlo.
A la mañana siguiente, los 3 agentes de la D.E.S.U que tienen la bala en su poder detectan la llamada de Ana a la Policía, proponiéndose así localizarla en Río.
Son las 7 de la mañana y Ana está completamente dormida en lujosa cama de 2 plazas de su habitación cuando su celular comienza a sonar. Es Tommy. Completamente desorientada y medio dormida, ella contesta el teléfono.

—¿Tommy? ¿Qué hora es? —Pregunta apenas pudiendo hablar y mantener los ojos abiertos

—Son las 7 de la mañana. Ana, lo logré. Estuve toda la noche buscando en la base de datos agente por agente a ver si encontraba coincidencias y no solo en la D.E.S.U, sino en toda fuerza de seguridad nacional. Son precisamente agentes de la D.E.S.U. Yvette Galicia, que es jamaiquina, Lucas Rodríguez y Martín García son los nombres de los agentes que tienen la bala.

—Espera, espera —Abre el bloc de notas de su celular para anotar—. Ya, repítemelo.

—Te envié un mensaje. ¿Qué harás ahora?




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