Hotel Canarinha, 20 minutos después
Todos están de regreso en el hotel, ahora, y por supuesto, todos están descontentos con las acciones de Ana. Yvette, ya sin su peluca, y Lucas están con bolsas de hielo en sus torsos y rostro, dado los golpes que recibieron, y ella es la primera en recriminar a Ana por sus acciones.
—¡¿Se puede saber en qué carajos estabas pensando?! —Exclama—
—En ayudar, para empezar —-Se justifica Ana—.
—¿Escapándote, yendo a la boca del lobo, con las malditas personas que te están buscando? ¡Serás casi una adulta físicamente, pero mentalmente sigues siendo una mocosa malcriada! —Expresa con furia—
—Discúlpame, pero creo que fue gracias a mí que consiguieron lo que fueron a buscar. Y, de paso, ¡de nada por salvar tu enorme trasero, malagradecida! —Responde Ana sin quedarse atrás—
—¿Qué tienes con mi trasero, que no te lo has quitado de la boca desde que estás aquí? ¿Qué, quieres tocarlo? —Dice con ironía—
—Sí, quiero tocarlo, sujetarlo y quiero morderlo —También responde irónicamente— ¡Antes de darle una patada tan grande que te mande al maldito Júpiter! ¿Qué problema tengo? ¡El mismo problema que tú tienes con que soy una maldita niña! —Pierde la paciencia— ¡Te salvé la vida, 4 contra 1 y los vencí a todos, hice hablar a ese tipo al que le calentaste las malditas hormonas, estamos todos aquí, fui quien descubrió el grabado dentro de la bala y hasta fui yo quien mandó pedir esas malditas bolsas de hielo para ustedes! ¡Hice todo para que vean que no soy una incapaz como ustedes creen! ¿Qué carajos me hace falta? ¿Saltar por la cornisa y volar como si fuera Águila versión mujer?
—¡Eres un lastre, mocosa! ¡Eso es lo que fuiste durante todo el día! —Exclama Yvette furiosa y poniéndose de pie—
Ante esto, todo el grupo se queda en silencio, pues, aunque les cueste admitirlo, saben que Ana tiene razón.
—Odio admitirlo, Vette, pero ella tiene razón —Admite Martín—. Nos ayudó más de lo que pensábamos.
—-No es capaz de seguir una orden, viejo —Interviene Lucas—. Le ordenamos quedarse y no fue capaz de hacerlo. Aún así, tengo que admitir que peleas muy bien, chica —Le reconoce—.
—Ojalá fuera suficiente —Responde Ana, con un tono de voz mucho más calmado, pero completamente desanimada—.
No dispuesta a seguir discutiendo, Ana se retira.
—¿A dónde crees que vas? —La detiene Lucas—
—A cenar a la cafetería del hotel —Responde Ana con muy mal tono—. No voy a escaparme de nuevo, si eso es lo que te preocupa. ¿A dónde más iría?
—¿Qué no pediste tallarines con queso? -Le recuerda Martín—
—Te los obsequio —Responde—.
Sin mediar otra palabra, Ana toma su celular, su chaqueta y sale por la puerta de la habitación.
—Comencemos a indagar a Sergei Miroslav de una vez —Sugiere Yvette—. Quiero acabar con esta pesadilla cuanto antes.
Ana descubre que la cafetería del hotel está cerrada, así que sale a la calle a caminar y compra un Hot Dog en un carrito qué hay en la manzana. Mientras lo come, observa el bello paisaje nocturno de la ciudad de Río, pero sintiéndose sola y menospreciada. Hacía tiempo que Ana no se sentía así en su vida. De repente, recuerda un momento hace 3 semanas con Tommy, la última vez que ambos se pusieron sus trajes de superhéroes.
Ella está en un barco carguero peleando contra una banda de traficantes de armas. Es relativamente una misión fácil. De repente, uno de los traficantes qué estaba más lejos toma un arma y apunta a Blackbird. Pero justo a tiempo llega Overload, que le dispara un rayo y le incapacita, pero no puede evitar que le disparen a ella. Una vez fuera de combate el último de los traficantes, el se le acerca y se quita su máscara.
—¿Y tú qué haces aquí? —Pregunta Tommy con una enorme sonrisa, sintiendo gusto por verla—
Ana también se quita su máscara y responde también con una gran sonrisa:
—Deteniendo a estos imbéciles. ¿Qué haces tú aquí?
—Deteniendo a estos imbéciles, también. ¿Estuviste siguiendo sus pasos o simplemente me...?
En ese momento, Tommy se percata de una herida en el hombro de Ana, la cual está sangrando.
—Estás herida. ¿Estás bien? —Pregunta con preocupación y borrándose su sonrisa de su rostro—.
—Estoy bien; la bala solo me rozó el brazo —Afirma Ana—.
—Tenemos que llevarte a un hospital. Diremos que te rozó una bala perdida en un mal territorio, o algo así —Propone—.
—No, no necesito un hospital. Tengo una mejor idea. Conozco a alguien —Propone ella—. Y a él ni siquiera hay que mentirle.
Poco rato después, ambos, con sus trajes, logran llegar hasta la casa de Juan Manuel "Sally" Salazar, el miembro más veterano de Los Renegados y que es el superhéroe conocido como Camaleón. La novia de Sally, Lisa, es quien los recibe, y al verlos, Sally se complace de verlos juntos, pero se hace una idea errónea sobre ellos.
—¿Ustedes 2 juntos? ¿Hace cuánto? —Es lo primero que pregunta—
—No estamos juntos —Aclara Ana rápidamente—.
—Ni de chiste —Refuerza Tommy—. Qué gusto verte, viejo, lamentamos molestarte, pero ojalá hubiera sido en mejores circunstancias —Dice, yendo al grano—.
Ana se quita su mano de su hombro y deja al descubierto la herida.
—¡Santo cielo! ¿A qué distancia te dispararon? —Pregunta Sally, impactado por la herida—
—Como a 10 metros. Estoy bien, tío Sally, de verdad. Pero tú eres la única persona que puede suturarme en este momento —Responde Ana—.