Mansión del Presidente de Brasil 🇧🇷, afueras de Río de Janeiro, 01:27 A.M.
Ana y Tommy, en sus respectivos trajes de superhéroes, están en la azotea de la mansión con la intención de entrar y tener una conversación con el Presidente. Habiendo visto antes el diseño de la mansión, ahora analizan sus opciones para infiltrarse.
—La ventana del baño es la única ventana que no tiene barrotes —Comenta Ana—. Pero no sé si puedo meterme por ahí.
—¿Por qué no? —Pregunta Tommy—
—Por esto —Responde Ana, señalando sus manos bajo sus pechos, en señal de que son el impedimento para infiltrarse por ahí—.
—¿Por tus pechos?
—Sí, por mis pechos.
—¿Y por qué no...? No, mejor me callo. Vas a matarme, si lo digo —Se retracta Tommy—.
—¿Qué cosa? —Insiste Ana—
Tommy, inseguro como siempre, respira profundo y se arma de valor antes de poder hablar. Sugiere:
—¿Y no puedes apretarlos de alguna manera para pasar? Es decir, comprimirlos.
—No, no puedo. Ojalá fuera tan sencillo. Quizás, pueda meterme, pero a duras penas.
—Te ayudaré a eso. Para eso estoy aquí.
—¿Para apretar mis pechos? —Bromea Ana—
Tommy se ríe ante la broma, al igual que Ana, pero no responde nada. Siguiendo con el asunto, pregunta:
—¿Estás segura de esto?
Ana asiente con la cabeza y sujeta firmemente a Tommy en un abrazo. Tommy la sujeta de la cintura con firmeza y activa sus botas cohetes para lentamente ambos descender hasta la ventanilla del baño; una ventanilla rectangular y dispuesta horizontalmente, donde Ana logra sujetarse del borde y quedarse colgando con una sola mano, para luego intentar meterse por el estrecho espacio. Tommy la toma de los muslos e intenta empujarla hacia adentro. Cuando por fin Ana logra meterse, Tommy le pregunta por el comunicador:
—¿Cómo te sientes?
—Estoy bien —Responde susurrando—.
—Te espero arriba. Cuando me necesites, solo avisa.
Ana sigilosamente se acerca a la puerta del baño y la abre muy lentamente, solo para confirmar que está en el baño de la habitación del Presidente y su esposa. La idea de Ana es esperar a que el Presidente se levante al baño y esperarlo ahí, lo cual no es un plan muy efectivo, pero dadas las circunstancias, es lo mejor que puede hacer. Para su sorpresa, esto es efectivamente lo que ocurre. El Presidente se levanta de la cama, pero, en lugar de ir al baño, sale de la habitación, dejando a su esposa en la cama por un momento. Seguramente bajó a la cocina por un poco de agua. De cualquier manera, después de 5 minutos vuelve a subir y ahora sí va al baño. Ana se esconde detrás de la cortina de la ducha. El Presidente entra al baño, enciende la luz y antes de que pueda hacer algo más, ella se muestra como Blackbird ante el Presidente apareciéndose por detrás, frente al espejo y tapándole la boca como si de un secuestro se tratara. Ante esto, por supuesto, el Presidente no puede gritar y solo jadea tan fuerte como puede, que no es lo suficientemente fuerte como para ser escuchado por su esposa o el personal de seguridad.
—Shhhhhhh —Le susurra Blackbird al oído—. ¿Voce falar espanhol? —Le habla en su lengua natal, preguntándole si habla español—.
El Presidente, abatido por el miedo, asiente con la cabeza.
—Escúcheme, señor Presidente. No estoy aquí para hacerle daño, sino lo opuesto. Lo voy a soltar, pero le ruego por lo que más quiera, Señor, que no vaya a gritar ¿Sí? Porque no tiene idea de lo que costó llegar hasta aquí pasando desapercibida y sin golpear a nadie. Por favor, no vaya a gritar —Le implora Blackbird—.
El Presidente asiente una vez más con la cabeza y Blackbird lo suelta muy despacio, permitiéndole al Presidente voltearse y verla a la cara. Antes de que le diga algo, ella continúa:
—No soy una ladrona, tampoco una terrorista. Necesito tener una conversación con usted,
Señor, y no podré tener un momento ni lugar para hacerlo.
—¿Qué es lo que quieres? —Pregunta el Presidente, denotando un evidente miedo en su voz—
—¿Sabe quien soy?
—Eres una de esos enmascarados supuestos superhéroes.
—Es correcto. Soy Blackbird, Señor. Escúcheme, es sobre su intento de asesinato. Tengo razones para creer que su atentado fue solo la punta de un iceberg —Le informa Blackbird—.
—¿La punta de un iceberg? —Pregunta el Presidente confundido—
Blackbird saca de debajo de su manga un pequeño adaptador SD con una tarjeta de memoria adentro y se la entrega al Presidente. Entonces, explica:
—No estoy con la D.E.S.U, ni con el Presidente de mi país ni con nadie del Gobierno, soy independiente. Esto contiene toda la información que he podido recopilar sobre este asunto. Su atentado podría relacionarse con la posibilidad de que alguien quiera forzar a una Tercera Guerra Mundial. Y en los tiempos de hoy, con las armas nucleares y tecnología de defensa que existe, no hace falta mencionar las consecuencias que esto podría conllevar —Expresa la heroína—.
—¿Una Tercera Guerra Mundial? ¿Cómo? —Pregunta el Presidente, aún más confundido—
—Fue atacado por nazis, Señor —Le afirma—.
—¿Nazis?
—Eso es lo que pretenden ser. Lo comprenderá mejor cuando abra lo que hay en la memoria. Lo que tiene que saber es que hay un misil nuclear robado que está oculto aquí en sus tierras. Un misil que estos malditos pretenden lanzar quién sabe a dónde, pero que quisiera creer que esta noche logré impedir o, al menos, el lanzamiento.
—¿Puedo preguntarte algo? —Pregunta el Presidente, muy confundido y abrumado—
—Claro, Señor —Responde Blackbird con un tono de amabilidad poco característico de ella—.