La Estación de Policía de Río está siendo atacada por múltiples atacantes enmascarados con uniformes Nazis. Suponiendo sus intenciones, el Capitán y el Comisionado regresan al subsuelo donde está la sala de interrogación en la que Miroslav está, mientras Lucas y Martín deciden quedarse arriba para ayudar a defender el lugar.
—¿Qué está sucediendo? —Pregunta Melo desconcertado—
—¡Lo buscan a él! —Sugiere Molina haciendo referencia a Miroslav—.
—¿Cómo lo sabe?
—Porque es de los suyos. O lo quieren a él o quieren matarnos, pero nadie sabía que estábamos aquí...
Una explosión interrumpe al Capitán y se escucha muy cerca de ellos.
—¿La armería está muy lejos de aquí? —Pregunta el Capitán—
—Sígame.
Melo lleva a Molina a la armería de la jefatura y de allí el Capitán toma varias armas y municiones para ponerlas en un carrito. Los Nazis logran avanzar hacia las celdas en el subsuelo, pero no está su compañero ahí. De modo que intentan regresar, pero son sorprendidos por Melo y Molina, que les atacan por la espalda con una MAC-11 y una ES-C90, y logran derribar a 2 de ellos antes de recibir la respuesta del fuego enemigo.
—¡Escúcheme! ¡Usted trate de evacuar como pueda a sus agentes. Yo lo cubro—Sugiere Molina—.
—¿Está seguro?
—Llevo 26 años en esto, hombre. Confíe en mí. Como dice un amigo que es entrenador —Haciendo referencia a Sally—, es cuestión de llevarme las marcas para que el compañero esté en posición de definir.
Molina toma una de las armas grandes de los Nazis, una M2-49, se coloca delante de Melo y abre fuego contra los Nazis más cercanos, que a su vez están ocupados defendiéndose de los agentes de Policía. De esta forma, da una fantástica exhibición de tiro con su puntería, matando a varios de los Nazis, y se abre paso hacia las oficinas, donde hay varios oficiales caídos pero vivos. Lucas y Martín aún están en la entrada en pleno tiroteo, pero se ven obligados a retroceder y ceder el terreno cuando se quedan casi sin municiones. En el retroceso tratan de abrir fuego solo lo necesario para ganarse todo el tiempo posible para huir y evacuar a tantos oficiales como puedan.
Mientras tanto, de vuelta en el hotel, Ana termina de darse un relajante baño, que no la relaja tanto como quisiera, mientras Tommy e Yvette buscan entre los mensajes de WhatsApp del dispositivo clonado algo que pueda ser útil, sin éxito. Cuando ella sale del baño —Baño que está junto a la cama— únicamente viste una bata de baño y se dispone a vestirse. Tommy, al verla, inmediatamente sale al balcón un momento sin que Ana se lo pida. Yvette no dice nada, pero queda impresionada con este gesto de caballerosidad y respeto, algo que muy pocos hombres harían en esta situación, seguramente. Aún así, continúa sigue revisando los mensajes en su laptop y Ana se quita la bata de baño para comenzar a vestirse. Yvette, sin embargo, la ve desnuda accidentalmente por el reflejo de la pantalla y comenta:
—Lindo tatuaje —Haciendo referencia al ave negra que tiene tatuada en el lado derecho de su cintura—.
Ana simplemente la ignora y busca ropa interior para ponerse. No le cuesta mucho encontrarla y elige una de color azul oscuro. Mientras se viste, Yvette continúa:
—Ahora entiendo muchas cosas. "Blackbird". Qué lindo. ¿Es por tu madre?
—No menciones a mi madre —Le advierte Ana mientras busca una camiseta—.
—Conocí a tu madre antes de enlistarme —Le revela para su sorpresa, mientras se voltea y la mira—. De hecho, fue ella quien me entrenó cuando tenía tu edad. Daba clases de defensa personal ¿verdad? Sí, y tenía tu mismo tatuaje; es lindo. Tu madre era una gran mujer.
Ana simplemente no sabe que decir. Claramente las intenciones de Yvette no son las de provocarla y se está esforzando por decir algo amable. Ella se pone una camiseta blanca y solo responde:
—Ella no querría ver la clase de persona que es su hija hoy día —Se lamenta—.
—¿Por qué? ¿Es porque andas con alguien menor que tú o porque tienes el carácter de una arpía? —Expresa con ironía y con cierta malicia—
—Tommy y yo no andamos y más vale que eso quede claro —Responde con voz firme—.
Lo que las chicas no saben es que Tommy está escuchando toda la conservación desde el balcón, ya que hay una ventana abierta y muy poco viento que intervenga.
—Por favor, ¿me ves la cara de tonta? La forma en que se miran ya lo dice todo.
—Somos amigos —Remarca Ana—. Y no te incumbe ¿sabes?
—Oye, ¿por qué eres así? —Pregunta Yvette—
—¿Así cómo?
—Mírate. Eres una diosa: Eres una guerrera imponente, tienes un padre que te ama, eres prácticamente independiente, estás estudiando lo que te gusta, tienes un potencialísimo candidato en ese balcón y que es un caballero como pocos, tienes todo lo que podrías querer —Le reconoce Yvette casi que elogiándola—. Y aún así no pareces contenta con nada.
—¿Noto algo de envidia o solo me parece? —Expresa Ana, con cierta ironía—
—Tal vez un poco —Confiesa Yvette—. Pero, a ver, desde que nos vimos has estado pidiendo a gritos que nos demos hasta matarnos. Y tu "amigo" como lo quieres llamar, menor que nosotras, que le encanta jugar al Need For Speed en su teléfono, que acaba de salir del Liceo y seguramente ni siquiera tenga aún pelos en las pelotas, ha sido el que se ha comportado con madurez de entre los 3. Es gracias a él que no estamos hoy en una cama de hospital con un collarín y varios huesos rotos —Expresa Yvette—.
—Eso es verdad ¿y?
—Y que yo quiero hacer lo mismo, también —Reconoce—.
—A ver, ¿Quieres saber por qué soy así? No tiene nada que ver contigo; no te creas tan importante —Le aclara Ana—. ¿Crees que quiero lucir así? ¿Sabes qué es lo único que obtengo? Que cada imbécil que me ve lo primero y único que piensen sea en bajarme la bombacha y yo tenga que cortarles el juego antes de que siquiera lo intenten, que el resto de las chicas sean tan falsas que quieran estar cerca mío por como luzco, creyendo que así poder ganarse las miradas de más idiotas, o directamente me odien o me envidien. Apenas veo a mi padre al mediodía cuando le llevo el almuerzo o en la noche cuando regresa a casa, sin saber si siquiera va a regresar a casa. Lidio constantemente con pensamientos de inutilidad y me pregunto si alguna vez seré vista como algo más que solo una cosa —Se abre y confiesa—.