Hoy ha sido otro de esos días en los que todo parece ir mal, como tantos otros que han ido acumulándose. Me gustaría tanto poder enfrentar mis problemas con más fuerza, tener la valentía de afrontarlos sin miedo. Ojalá estuvieran aquí...conmigo en este momento.
Mi mirada vagaba sin rumbo, perdida en pensamientos ajenos al mundo que me rodeaba. De repente, una luz intensa apareció ante mí, captando mi atención al instante. Me di la vuelta, y en ese preciso momento, todo a mi alrededor comenzó a tornarse borroso.
Y luego, desperté.
♦ ¿Qué... ¿Qué acaba de pasar?
En ese momento comencé a recordar.
♦ No puede ser... ¿¡Me atropellaron!? Ay, no... no, no, no...
♦ ...
♦ No lo creo... no debí distraerme. No me di cuenta de que el semáforo estaba en verde... ugh.
Bueno, lo importante es que sigo viva... pero... ¿por qué no puedo moverme? Espera un segundo... ¿¡Estoy envuelta!? Además... ¿por qué me cuesta tanto hablar...?
Se escuchaban pasos, alguien venía.
- Lizzy, muy buenos días.
Veo que ya te despertaste, pequeña —sonrió con suavidad.
♦ ¿Quién es? ¿Y cómo sabe mi nombre?
La miré con desconcierto, sorprendida por lo hermosa que era.
♦ Es...demasiado bonita.
¿Pero por qué me carga con tanta facilidad..?
Al intentar llegar a ella, noté que mis manos eran demasiado pequeñas.
Fue entonces cuando me di cuenta de lo que estaba pasando.
♦ ¿Soy un bebé?
Estuve en silencio unos segundos, abrumada por la confusión, y después comencé a llorar.
♦ —¡Whaaa! ¡Whaaa!
—¿¡Lizzy!?
♦ ¿¡He reencarnado!? ¿Me estás diciendo que en realidad... morí? No, no quiero creer en eso... yo... yo no puedo...
—Mira, Lizzy, ¿sabes qué es esto?
♦ ¿Uhm? ¿Un chupete?
¿Pero para qué quiero—?
Espera... ¿es de oro?
Sonreí con dulzura, aún con el chupete en la boca.
♦ Bueno... no puedo negar esto.
Poco después, alguien más apareció.
—¡Joanne!
—Su Majestad...
—¿Qué sucedió?
♦ ¿«Su Majestad»?...
—Tranquilo, Su Majestad —dijo Joanne con voz tranquila, pero firme—. Su hija ya se calmó.
♦ ¿Soy hija de este... señor?
—Uff, qué alivio... Ay, mi pequeñita, me asustaste tanto. ¿Tienes hambre? ¿Frío? ¿Todo bien? —me tomó con ternura en brazos.
Lo miraba, aún confusa pero tranquila. Alrededor, el cuarto tenía una apariencia llamativa, clásica y antigua, sobre todo por sus lujosas decoraciones.
—Buenos días, Joanne.
—Buenos días, mi Emperatriz —hizo una leve inclinación.
—B-buenos días...
—Amor...
—¿¡Qué demonios haces aquí!?
—Raisel, querida... solo pasaba por aquí. Quise ver cómo estaba nuestra pequeña.
—Ajá —respondió Raisel con voz seca—. Pues ya la viste. Ahora vuelve a tus deberes.
—Lo sé, lo sé... solo quería asegurarme de que esté bien.
Aquel hombre que supuestamente es mi padre me miraba y sonreía con tanta dulzura.
—Te amo más que a todos mis deberes juntos, mi pequeñita. No se lo digas a mamá —me susurró en voz baja mientras me cargaba y miraba a su esposa, Raisel.
—Sigue hablando y te asignó más trabajos —lo dijo con la mirada dura y fría.
—¡Ya me voy, ya me voy!
—Nos vemos pronto, mi niña. Pórtate bien, ¿sí? Papá te ama con todo su corazón.
♦ Eso sonó un poco cursi...
—Te estaré vigilando para que la próxima no te escapes de tus deberes —dijo Raisel.
♦ Creo... que estaré bien...