♦ Después de todo lo que sucedió ayer, me quedé reflexionando sobre algo curioso: ¿por qué en este mundo también me llaman Lizzy?
♦ Tal vez… ¿Existe otra versión de mí con ese mismo nombre en algún rincón de este lugar?
♦ No estoy segura, pero creo que lo mejor será dejar de pensar en eso por ahora. Hay cosas más importantes en las que concentrarme.
Movía distraída una muñeca entre mis manos.
♦ Dios…
♦ Espero que esa señora no vuelva a venir… tiene una presencia tan fuerte que me pone algo nerviosa.
♦ Aunque… será mi madre a partir de ahora.
Quiero llevarme bien con ella, encontrar una forma de conectar. No debe ser imposible, ¿cierto?
Después, mi atención se centró en Joanne, que estaba limpiando el cuarto, y una pregunta surgió en mi mente.
♦ ¿No es Joanne muy joven para trabajar como sirvienta?
♦ Mirándola bien… ¿tendrá siquiera trece años?
—¡Joanne!
Aquella interrupción me sobresaltó un poco. Era otra sirvienta, y su expresión se veía realmente preocupada.
—¡Nos están atacando, ven rápido!
♦ ¿¡Qué!? ¿Nos están atacando?
—¡Diles que voy en un momento!
♦ Espera… no entiendo. ¿¡No me digas que estamos en medio de una guerra o algo así!?
♦ ¡¿Y Joanne va a ir así como así!? ¡Pero si ella es solo una niña!
—Lizzy, vuelvo enseguida, ¿sí?
Quédate aquí, estarás a salvo.
Me lo decía con una calma inquietante, como si estuviera acostumbrada. Aun así, me parecía raro que aceptara ir; solo era una niña.
—¡Guardias! —alzando la voz.
—Doncella Joanne —respondió uno de los guardias con firmeza.
—Quiero que cuiden a la princesa Lizzy hasta que regrese.
Y no le quiten los ojos de encima ni por un segundo. ¿Entendido?
—¡Sí! —respondieron ellos.
…
¿Cuánto tiempo ha pasado? Hasta ahora no ha regresado. Me inquieta no saber la situación ni lo que podría pasar ahora. Pero, más que nada, me preocupa Joanne.
♦ Todavía no ha regresado…
—¡Lizzy!
Me sorprendió cuando me llamó. Pero después, ella me abrazó con suavidad.
—Ahhh… me alegra tanto que estés bien —lo dijo con alivio.
Pensé que no la volvería a ver; por un momento imaginé cosas terribles sobre lo que podría haberle pasado.
Me calmé en sus brazos un rato, hasta que desvié la mirada hacia su falda. Mi cara estaba asustada. Era sangre lo que veía allí. ¿Acaso… ella mató a alguien?
Ella notó mi mirada en su falda, pero después su expresión se tornó tranquila.
—Ven, Lizzy. Quiero mostrarte algo —me llevó hasta el sofá.
♦ ¿Un libro?
—Míralo bien… ¿reconoces este rostro?
Al mirar el libro, vi que era mi padre de este mundo.
♦ ¿El…? ¿Mi padre? Se ve tan joven en esta ilustración…
—Él es tu padre, Lizzy. Su nombre es Sullivan.
Emperador de Eredón —con voz tranquila.
—Es muy fuerte, ¿sabes?
Salvó a todo un reino cuando estaba al borde de la ruina.
—Después de eso, el rey del lugar le juró lealtad.
—Fue una gran victoria… una de muchas.
♦ Lealtad…
—Mira, Lizzy. Aquí está tu madre.
♦ Incluso en dibujos tiene esa mirada tan seria…
♦ Como si dijera: «No me agradas».
Sonreí con tranquilidad al verla; aunque sus expresiones sean así, tengo la corazonada de que no es mala persona.
—¿Sabías que ella se casó a los catorce años?
♦ ¡¿Qué!?
No podía creer lo que me dijo Joanne.