♦ Pasaron algunos años. Ahora no falta casi nada para que sea mi cumpleaños; pronto cumpliré cinco y, por fin, podré salir de mi habitación, lo cual es muy inusual considerando que no me lo habían permitido antes.
♦ Pero todo es por una razón. Mi padre me dijo que no podía debido al conflicto afuera, así que siempre me quedaba aquí. Puede que no sepa los detalles, ya que tratan de no asustarme, pero aun así me inquieta saber de qué se trata.
—¡Lizzy! —entró mi madre a la habitación.
♦ —¡Mami! —le sonreí alegremente.
Sabía que no era mala persona. Ella es muy cariñosa; bueno, al menos conmigo lo es. Aun así, mantiene esa expresión tranquila y casi seria de siempre.
—¿Cómo estás, linda? Joanne me dijo que vas muy bien con tus lecturas —me sonrió con calma.
♦ —Sí, me está yendo muy bien.
—Me alegra mucho escuchar eso.
Era agradable el amor que recibía de ellos.
♦ —Mami, ¿papi está en el trabajo?
—Sí, está muy ocupado últimamente, pero no te preocupes. Pronto podrá visitarte.
♦ —¿De veras?
—Claro que sí.
♦ Parece que está bastante ocupado. Según lo que me contó Joanne, papá tiene una larga lista de asuntos por resolver debido al conflicto que se está desarrollando fuera del reino, lo que le deja poco tiempo para otras cosas.
♦ Mmm… ¿qué estará pasando realmente allá afuera?
Lo pensé mientras miraba la ventana a unos pocos metros de mí.
—Lizzy, ven aquí. Quiero contarte una historia.
Me senté junto a mi madre mientras ella abría aquel libro que tenía en las manos.
—Esta es una leyenda ancestral… de cuando ángeles y demonios aún caminaban entre nosotros.
♦ —¿Eh? ¿¡Ángeles y demonios!? —le dije sorprendida.
—Sí. Estas dos razas se odiaban profundamente. Cada una creía ser superior a la otra, y sus líderes solo pensaban en cómo destruir al enemigo. Así comenzó la primera gran guerra.
—Los humanos, ajenos a ese conflicto, se mantenían al margen. Pero no eran invisibles: tenían una habilidad especial. Podían canalizar magia.
♦ ¿Magia…?
—Los demonios, envidiosos, dependían solo de la Fuerza. Algunos dominaban incluso la sangre: un poder oscuro y muy peligroso.
—En cambio, los ángeles solo poseían un poder: las Almas. Era algo desconocido; nunca se detalló realmente en qué consistía.
♦ ¿Todo eso realmente existió aquí…?
♦ —Um… mami, ¿cómo se ven ellos?
—Según esto, los demonios son casi iguales a nosotros. Pero sus ojos los delatan: son rojos como rubíes, brillan con una intensidad imposible de ignorar.
♦ ¿Rubíes..?
—Y sobre los ángeles… su forma real es un misterio. Nadie sabe cómo lucen exactamente. Se extinguieron; apenas algunos humanos lograron verlos, pero nunca pudieron describirlos ni dibujarlos.
♦ —Mami, ¿y qué pasó con la guerra?
—Hubo muchas pérdidas. Al final, los ángeles fueron vencidos por los demonios. Desde entonces… no se ha vuelto a saber de ellos.
♦ —Entonces… ¿quiénes eran los buenos?
—Eso no se puede saber con exactitud. Nadie es puro de corazón, mi pequeña, ni siquiera nuestra raza. Pero puedo decirte que los ángeles ayudaron a la humanidad durante una gran crisis, hace doscientos años.
—Lizzy, si algún día ves a una persona con ojos como rubíes… no confíes en él. A los demonios no les importó derramar sangre en aquella guerra. Con firmeza puedo decirte que son muy peligrosos.
—¿Entendiste?
♦ —¡Ah! Sí, sí… lo recordaré.
—Esa es mi hija. Eres muy inteligente para entender lo que te digo. Aun así, te dejaré este libro por si quieres leerlo nuevamente —dijo con voz suave, colocándolo en el estante.
♦ Espero no encontrarme con un demonio…
Seguía algo preocupada por eso.
Después de unas horas, cayó la noche y me acosté en mi cama. En mi mente se cruzaron pensamientos sobre quién era antes de llegar aquí.
En mi vida pasada, yo misma decidí quedarme sola.
Todo se había vuelto tan difícil… Después de todo lo que pasó en aquel entonces, solo quería desaparecer por un rato. No la estaba pasando bien. Aunque por momentos lo enfrenté, aun así me sentía vacía.
Pero no hay por qué pensar en eso. Ahora estoy aquí, viviendo la vida de una princesa. ¿Quién lo diría? Después de todo, no tengo a nadie del otro lado que me esté esperando… ¿verdad?
♦ ¡Ah! Ese chico de pelo negro…
♦ Me había olvidado por completo de él.
♦ La última vez que nos vimos… supongo que sabrá lo que me sucedió.
♦ Solo espero que estés bien...
… Merlín.