♦ Desde mi cumpleaños han sucedido varias cosas.
Mi prima me contó que no podrá visitarme con frecuencia debido a sus obligaciones en casa, y la verdad... Eso me entristece bastante.
Su compañía siempre me resultaba reconfortante, especialmente ahora que todo se siente tan incierto.
♦ Por otro lado, escuché que mi padre, gracias a su habilidad, por fin logró completar una tarea que le tomó años: creó un escudo mágico que rodea todo el castillo.
Gracias a eso, ahora puedo salir de mi habitación sin restricciones.
♦ En cuanto a mí, sigo cumpliendo con mis deberes como princesa.
La verdad, me entusiasma aprender cosas nuevas. Cada día descubro algo que antes me parecía imposible.
El idioma de este mundo es complicado... y su caligrafía aún más, pero tengo la determinación de dominarlo.
♦ No voy a quedarme atrás.
♦ ¡Aprovecharé esta etapa de mi vida para superar mis propios límites!
—Princesa, aquí están los resultados de su examen —dijo mientras le extendía los papeles con cuidado.
♦ —¡Graciasss! —los tomé con entusiasmo.
Minutos después.
—Lizzy —la llamó Joanne con suavidad.
♦ —¡Joany! —respondí animada, girándome hacia ella.
—¿Cómo te va en las clases? —preguntó inclinando un poco la cabeza.
♦ —Em... pues... estoy mejorando, jajaja...
—Si has cometido algunos errores, está bien. Después de todo, se aprende de ellos, ¿no es así? —dijo con una sonrisa comprensiva.
♦ —Sí... tienes razón.
♦ Aunque me va muy mal en caligrafía...
—¿Por qué no sales un rato al jardín? El clima está hermoso y las flores están resplandecientes. Tal vez te ayude a despejar la mente.
♦ —Flores... -murmuré pensativa.
♦ ¡!
♦ —¡Me diste una gran idea!
♦ v¡Iré ahora mismo! Nos vemos después, Joany —dije mientras ya daba media vuelta.
—Claro. Pero vuelve antes de la cena, ¿sí? —advirtió con tono suave.
♦ —¡Sii! -respondí, saliendo casi corriendo.
Estaba llena de alegría por realizar algo que nunca había tenido la oportunidad de hacer. Junté varias flores y ramitas y luego me senté en la hierba.
♦ Siempre quise hacer una...
♦ ¡Corona de flores!
♦ No sé si me está saliendo bien, pero quiero regalársela a Anne cuando vuelva. Espero que le guste.
♦ Mmm... ahora que lo pienso...
♦ Si los demonios se parecen tanto a nosotros...¿podrían usar magia para ocultarse entre la gente?
♦ Si eso fuera cierto...
♦ ¿Podrían estar aquí... ahora mismo?
Una presencia extraña apareció detrás de mí.
Volteé rápidamente.
Un hombre muy alto, vestido de negro, con una máscara blanca que ocultaba su rostro, me observaba en silencio. Su cabello era largo, liso y oscuro como la noche.
♦ ¿Quién es...? ¿Un demonio?
Estaba algo asustada.
♦ —A-ah... ayu- —intenté retroceder, con la voz temblorosa.
—No tengas miedo —dijo con voz baja y serena.
—No soy lo que piensas.
...
♦ Primero... debo calmarme...
♦ ¿Quién es...?
♦ Su voz... me resulta familiar...
Sin decir una palabra más, se acercó y me rodeó con sus brazos.
♦ ¿Eh?
Esto me resultó extraño, porque no lo conocía, aún así, sentí algo de nostalgia en esta rara situación.
¿Qué es...lo que quiere...?
Aunque no podía ver su expresión, su abrazo era firme pero cuidadoso, como si temiera lastimarme.
Pude sentir su tristeza... silenciosa, profunda.
Sin saber por qué...levanté mis manos lentamente y le devolví el abrazo.
Está sufriendo.