William caminaba sin prisa, algo que todavía le resultaba extraño. Antes, cada paso era un recordatorio de su cuerpo fallando. Ahora, la calle parecía demasiado lenta para él.
Fue entonces cuando la vio.
Vanessa estaba del otro lado de la acera, con una bolsa en la mano y el ceño fruncido como si el mundo le debiera explicaciones. William se quedó quieto un segundo, dudando. Podía darse la vuelta. Podía fingir que no la había visto.
No lo hizo.
—Vanessa —dijo, cruzando la calle.
Ella lo miró… y su expresión se endureció al instante.
—No —respondió—. No empieces.
—Solo quiero hablar.
—Ya hablaste bastante firmando contratos secretos y convirtiéndote en algo que no reconozco.
William bajó la mirada. Asintió.
—Tienes razón.
Eso la descolocó.
—¿Perdón?
—La tengo —repitió—. Me equivoqué. Y no solo un poco. Me equivoqué a nivel “esto va a salir muy mal en una película”.
Vanessa cruzó los brazos.
—¿Entonces?
William respiró hondo.
—La misión de la universidad fue una farsa. El Proyecto Zero no quería salvar a nadie. Querían eliminar competencia. O enemigos demasiado grandes.
Ella parpadeó.
—¿Competencia?
—VALORA —dijo—. Humanos mejorados. Mucho más poderosos que yo. Si crecen, Zero deja de ser indispensable.
Vanessa lo miró en silencio.
—¿Y tú…?
—No maté al hombre —se apresuró a decir—. Daniel Preston. Le hice fingir su muerte.
El silencio se rompió.
—Eso… —Vanessa exhaló—. Eso cambia algunas cosas.
—Sigo estando del lado equivocado —admitió William—. Pero ya no estoy ciego.
Ella lo observó con cuidado.
—Entonces dime —preguntó—, ¿cómo piensas detener al Proyecto Zero?
William abrió la boca para responder… cuando su teléfono vibró.
Segundo mensaje del día.
Segunda cadena.
Leyó.
—Segunda misión —dijo—. Un estafador que vende reliquias falsas. Quieren una foto del objeto destruido. Y habrá otro empleado para recoger el resto.
Vanessa arqueó una ceja.
—¿Te das cuenta de lo conveniente que suena eso?
—Empiezo a notarlo —respondió William.
Ella se acercó un paso.
—Cumple la misión.
—¿Qué?
—Haz exactamente lo que piden… y algo más —dijo—. Elimina también al “empleado” que va a recoger las reliquias.
William la miró, sorprendido.
—Eso me convertiría en un problema para ellos.
Vanessa sonrió. No era una sonrisa dulce. Era decidida.
—Exacto. Te despedirán. O intentarán matarte. En cualquier caso, estarás fuera de ese proyecto de terroristas que se hacen llamar héroes.
William soltó una risa nerviosa.
—Me gusta cómo piensas.
—Aprendí de ti —respondió ella.
Se miraron. Todo lo que había pasado estaba ahí, flotando entre ambos: miedo, errores, sangre, decisiones irreversibles.
Vanessa fue la primera en acercarse.
Lo besó.
No fue suave.
Fue necesario.
—Vuelve —susurró—. Vivo.
William apoyó la frente en la de ella.
—Siempre fui malo obedeciendo órdenes.
Se separó, dio unos pasos hacia atrás y sonrió.
—Acepto la misión.
No sabía si ese beso había sido una despedida…
o el inicio de la guerra contra quienes lo habían creado.
Pero por primera vez desde que firmó aquel contrato,
BLOODSHOOT no obedecía.
Elegía.
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Editado: 19.01.2026