Bloodshoot Creado Para El Caos

CAPITULO 11

Thomas Rijkaard no levantó la voz.

Nunca lo hacía cuando estaba verdaderamente molesto.

El vocero del Proyecto Zero hablaba rápido, con frases medidas, como si temiera que las palabras también pudieran traicionarlo.

—P-002 fue arrestado por el FBI. Está bajo custodia federal.

—¿Y P-000? —preguntó Thomas, sin mirarlo.

—Intervino en VALORA’S TECH. Salvó a los empleados. Confirmado: traición.

Thomas se quedó en silencio. Observó la ciudad desde el vidrio blindado de su oficina subterránea. Luces lejanas. Personas ignorantes. Mundos que creían estar a salvo.

—Liberó su humanidad —dijo finalmente—. Tal como temíamos.

El vocero tragó saliva.

—¿Órdenes?

Thomas se giró, por primera vez mostrando algo cercano a una sonrisa. No era alegría. Era decisión.

—Si P-000 quiere ser humano… —dijo— entonces recordémosle lo que realmente es.

Activó una pantalla.
SUJETO ACTIVO:
P-001
ESTADO: ESTABLE
LEALTAD: ABSOLUTA

—Envíen a P-001 —ordenó—. Quiero liberar la furia de Bloodshoot.

—¿Eliminarlo?

—No —corrigió Thomas—. Romperlo.

La pantalla se apagó.

El restaurante de sushi era pequeño, cálido, iluminado con faroles suaves. Nada en ese lugar sugería conspiraciones, proyectos secretos o sangre derramada. Solo madera, arroz y silencio amable.

William estaba sentado frente a Vanessa, intentando usar los palillos con dignidad limitada.

—Te juro que antes de mutar genéticamente esto era más fácil —dijo, mientras el sushi se le escapaba por tercera vez.

Vanessa rió.

—El arma definitiva del Proyecto Zero… derrotada por arroz.

—Mi kriptonita —asintió solemne.

Comieron despacio. Hablaron de cosas pequeñas. Ridículas. Del café malo de la mañana, de clientes insoportables, de cómo una semana podía sentirse como un año cuando incluía persecuciones, laboratorios destruidos y decisiones morales imposibles.

—Nunca pensé que esto —dijo Vanessa, señalando la mesa— sería posible después de todo.

William la miró.

—Yo tampoco —admitió—. Pensé que lo había arruinado para siempre.

Ella tomó su mano.

—Lo arruinaste —sonrió—. Pero te quedaste. Eso cuenta.

William apretó sus dedos con cuidado, como si temiera romper algo frágil.

—No sé cuánto va a durar esta calma —dijo—. Zero no perdona.
—Entonces la aprovechamos —respondió ella—. Un bocado a la vez.

William sonrió.

Por primera vez desde que firmó aquel contrato, su corazón no latía por adrenalina, ni por miedo.

Latía por algo simple.

No vio la sombra reflejarse en el vidrio del restaurante.

No escuchó el paso demasiado silencioso detrás de ellos.

En algún punto de la ciudad, P-001 ya estaba cazando.

Y la calma… ya había empezado a romperse




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.