La ciudad respiraba distinto de noche.
Las luces parecían más honestas, menos ruidosas. William y Vanessa caminaban uno junto al otro, sin prisa, compartiendo ese silencio cómodo que solo aparece cuando no hay nada urgente que decir.
—Si sobrevivo a todo esto —dijo William—, prometo una vida aburrida.
—Mentiroso —respondió Vanessa—. Te aburrirías en una semana.
William sonrió… y entonces el aire cambió.
Un paso.
Una presencia.
—P-000 —dijo una voz desde la oscuridad—. Has hecho mucho ruido.
El hombre salió a la luz como una mancha tóxica: traje oscuro, detalles verdes brillando débilmente, ojos fijos, sonrisa torcida.
—Me llaman Toxic —continuó—. P-001.
William dio un paso al frente.
—Aléjate de ella.
Toxic no respondió. Levantó el brazo.
Todo ocurrió demasiado rápido.
Picos venenosos surcaron el aire. William reaccionó, pero uno pasó. Solo uno.
Vanessa cayó de rodillas, ahogando un grito.
—¡Vanessa!
William se giró. Algo en su interior se rompió… y se encendió.
Toxic intentó retroceder.
No tuvo tiempo.
William cruzó la distancia en un instante. Un golpe seco.
Preciso. Final. El cuerpo de Toxic cayó al suelo sin resistencia, como si la violencia hubiera decidido terminar ahí.
William no lo miró dos veces.
Se arrodilló junto a Vanessa, la levantó con cuidado extremo.
—Mírame —dijo, desesperado—. Quédate conmigo.
Ella respiraba con dificultad, pero estaba consciente.
—Odio… las sorpresas —murmuró.
William salió corriendo.
Las calles se volvieron borrosas. El mundo se redujo a una sola misión: llegar. Llegar a tiempo.
El hospital más cercano los recibió con luces blancas y manos rápidas. Vanessa fue llevada de urgencia. William quedó atrás, con sangre ajena en las manos y el corazón golpeándole el pecho como un martillo.
Esperó.
Por primera vez desde que se convirtió en BLOODSHOOT, no tenía nada que golpear.
A kilómetros de ahí, el cuerpo de P-001 yacía inmóvil bajo una farola rota.
Dos sombras se acercaron.
—Confirmado —dijo una—. Es Toxic.
—Asesinado por P-000 —respondió la otra.
P-003 y P-004 intercambiaron una mirada. No había rabia. Solo cálculo.
—Solicitamos autorización —dijo P-003—. Ataque coordinado. Dos contra uno.
La respuesta llegó rápida.
—Autorizado —dijo la voz de Thomas Rijkaard—. Elimínenlo.
Las sombras se alejaron.
El Proyecto Zero no lloraba a sus caídos.
Los reemplazaba.
Mientras tanto, en un hospital silencioso, William esperaba noticias con el miedo más antiguo de todos:
No perder una guerra…
sino perder a la persona por la que estaba dispuesto a pelearla
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Editado: 19.01.2026