Bloodshoot Creado Para El Caos

CAPITULO 13

La noche no preguntó nada cuando William se puso el traje.

Rojo y negro. Ajustado. Silencioso. Pesado no por el material, sino por lo que representaba. Bloodshoot volvió a existir en el momento exacto en que la cremallera terminó de subir.

Vanessa seguía en el hospital.

Y la ciudad… la ciudad seguía enferma.

William salió por la ventana y cayó en la calle como un presagio. Recorrió avenidas, callejones, esquinas donde la violencia crecía tranquila, confiada. Sacó criminales de las calles sin discursos ni advertencias. Golpes precisos. Rápidos. Sin disfrute.

Era una distracción.

Lo sabía.

Y ellos también.

—Bonita cacería, P-000 —dijo una voz grave.

William se giró.

Dos figuras emergieron desde extremos opuestos del callejón, cerrándole el paso como una trampa que se había esperado con paciencia.

—P-003 —continuó la voz—. Pero puedes llamarme Break Bones.

El otro dio un paso al frente. Alto. Quieto. Su piel comenzó a oscurecerse, a endurecerse, hasta volverse completamente metálica. Cada movimiento producía un sonido pesado, industrial.

—MetalMan —dijo—. P-004.

William flexionó los dedos.

—Déjenme adivinar —dijo—. Trabajo en equipo, cero sentido del humor y una obsesión enfermiza con Thomas.

Break Bones sonrió.

—Dos contra uno.

MetalMan dio el primer golpe.

William lo esquivó por centímetros. El impacto contra la pared destrozó el concreto como si fuera papel mojado. Break Bones entró de inmediato, golpeando con una fuerza diseñada para romper, no para vencer. William sintió cómo una costilla cedía.
Retrocedió.

Mal.

MetalMan avanzó como un tanque. William golpeó su pecho: el impacto recorrió su brazo hasta el hombro. Dolor puro.

—Genial —escupió sangre—. El hombre-lata.

Break Bones lo alcanzó por la espalda. Un golpe seco a la columna. William cayó de rodillas. Otro impacto. Y otro.
Por primera vez desde que empezó esa noche, Bloodshoot estaba perdiendo.

MetalMan lo levantó del suelo y lo arrojó contra un auto. El metal se deformó. William cayó, respirando con dificultad.
—Se acabó —dijo Break Bones, avanzando.

No.

William levantó la mirada. Observó. Pensó.

Metal. Hueso. Fuerza bruta.

—No se coordinan —murmuró—. Solo atacan.

Arrancó un cable eléctrico del poste cercano y lo lanzó contra un charco que él mismo rompió de una hidrante cercana con un disparo preciso.

—Hey, MetalMan —gritó—. ¿Conduces electricidad?
MetalMan dio un paso… y el mundo explotó en chispas.

El metal condujo la descarga directa. MetalMan cayó de rodillas, rígido, espasmos recorriendo su cuerpo.

Break Bones gritó y atacó a William con furia ciega.

Eso fue un error.

William lo condujo hacia el fuego de un coche incendiado. Calor extremo. Huesos calentándose, debilitándose. Un golpe preciso. Otro. Break Bones cayó, gritando.

William regresó hacia MetalMan, aún aturdido, y lo empujó al mismo fuego. Metal contra calor extremo. Dilatación. Fallo estructural.

Silencio.

William cayó de rodillas, exhausto. Cada respiración era una pelea.

Sacó el teléfono. Grabó un mensaje de voz. Su voz temblaba, pero era firme.

—Thomas… —dijo—. ¿Ya no tienes más sujetos? Porque acabo de eliminar a cuatro.

Envió.

La respuesta llegó casi de inmediato.

No era una llamada.

Era un mensaje de voz.

—¿Y piensas que tú eres mi objetivo? —dijo Thomas, con una calma aterradora—. Vaya… cómo te olvidaste de Vanessa.

El mundo se detuvo.

—No… —susurró William.

Se puso de pie como pudo. El dolor dejó de importar.
Saltó.

Corrió.

Por primera vez desde que se convirtió en Bloodshoot, no corría hacia una pelea.

Corría hacia el miedo más profundo de todos.

Perderla




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.