El hospital quedó atrás con un sonido seco, casi definitivo, cuando las puertas automáticas se cerraron.
Vanessa respiró profundo el aire de la calle, como si fuera la primera vez. William caminaba a su lado, atento a cada paso, como si el mundo pudiera volver a atacarla en cualquier momento.
—Te dispararon con los pinchos de Toxic —dijo él, intentando sonar casual—. Veneno neuroactivo. Nada grave… ahora.
Vanessa lo miró de reojo.
—¿Nada grave? —sonrió—. William, me desmayé en plena calle.
—Detalles técnicos —respondió—. Estás viva. Eso es lo importante.
No llegaron a avanzar mucho cuando un auto negro se detuvo suavemente frente a ellos. La ventana descendió y un rostro conocido apareció con una sonrisa tranquila.
—William —dijo Daniel Preston—. Vanessa. ¿Les ofrezco un aventón?
William dudó un segundo. Luego asintió.
Dentro del auto, el silencio duró apenas unos segundos.
—VALORA sigue avanzando —comenzó Daniel mientras conducía—. Si todo sale bien, en cinco años podríamos tener la primera versión patrullando las calles. Protección real. Sin contratos de por vida. Sin mentiras.
William sonrió levemente.
—Eso… suena a futuro.
Daniel lo miró por el espejo retrovisor.
—Y tú lo hiciste posible, incluso sin quererlo.
Luego giró la cabeza hacia Vanessa.
—Por eso quiero ofrecerte algo —dijo—. Ser la primera VALORA.
El auto pareció detener el tiempo.
Vanessa parpadeó.
—No —respondió sin dudar—. Quiero seguir siendo yo. Con miedo, con errores… pero yo.
Daniel asintió, respetuoso.
—Eso también es valentía.
Llegaron a la casa de William. Ambos bajaron. Daniel apagó el motor.
—Cuídense —dijo—. El mundo se va a poner más oscuro antes de mejorar.
—Siempre lo hace —respondió William.
Se despidieron. El auto se alejó.
William y Vanessa entraron a la casa. Cerraron la puerta.
Por un momento, todo fue silencio.
Y por primera vez en mucho tiempo, ese silencio no dio miedo.
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Editado: 19.01.2026