Bloodshoot Creado Para El Caos

CAPITULO 22

El edificio era discreto, de ladrillos claros y ventanas grandes. No imponía, pero tampoco pedía disculpas por existir. A Vanessa le gustó por eso.

William caminaba a su lado con las manos en los bolsillos, fingiendo tranquilidad. Ella llevaba una carpeta azul apretada contra el pecho, como si en esas hojas estuviera contenida toda su vida.

—No es una entrevista formal —dijo William—. Solo habla con él.

—Eso es lo que más miedo da —respondió ella—. No hay excusas si fallo.

Subieron al segundo piso. El consultorio era limpio, ordenado, con olor a café recién hecho. El hombre que los recibió se levantó de su escritorio con una sonrisa sincera.

—Así que tú eres Vanessa Rubio —dijo—. Siéntate, por favor.
William se quedó de pie, apoyado en la pared. No iba a intervenir.

El hombre abrió la carpeta.

—Diploma en medicina —leyó—. Universidad Autónoma de México.

Vanessa asintió.

—Terminé la carrera antes de venir a Estados Unidos —dijo—. Aquí no he podido ejercer. He trabajado en lo que he encontrado.

—Tres trabajos —levantó la vista—. Cafetería, asistente legal, ayudante en arqueología. ¿Por qué tantos?
Vanessa respiró hondo.

—Porque no podía darme el lujo de elegir —respondió—. Porque pagar renta no espera a que te validen un título.

El hombre sonrió apenas.

—¿Por qué quieres este trabajo?

Vanessa lo miró a los ojos.

—Porque sé cuidar personas —dijo—. Y porque ya estoy cansada de sobrevivir. Quiero volver a ser útil de verdad.

Silencio.

El hombre cerró la carpeta con cuidado.

—Empiezas el lunes —dijo—. Sueldo completo. Horarios humanos. Más de lo que ganabas con tres empleos.

Vanessa parpadeó.

—¿Así… sin más?

—Así —respondió—. El talento no pierde valor por cruzar una frontera.

William sonrió desde el fondo.

Al salir, Vanessa se detuvo en la vereda y soltó una risa nerviosa que terminó en lágrimas.

—Lo logré —dijo—. Por primera vez… lo logré.

William la abrazó.

—Te lo mereces.

Caminaron sin rumbo hasta entrar en un bar cercano. Luces bajas. Música vieja. Pedieron dos tragos.

—Por las puertas que se abren —dijo William.

—Y por no rendirse —respondió Vanessa.

Brindaron.

La noche los envolvió, amable por una vez.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.