"Amargus" es, sin duda alguna, el mejor bar café de toda la zona este de Mambuk, amaderado por fuera y con un aire sofisticado por dentro. Decorado a la antigua, o como lo llamaría un experto "vintage". Los asientos amplios y forrados de cuero concuerdan de manera exquisita con la tonalidad de las paredes y la barra que se extiende por todo lo largo del lugar posee pequeñas luces que le dan el toque navideño de estos tiempos.
Anastacia sigue hablando del caso de los Ferrer, caso que ganó la semana pasada pero que aún su subconsciente no quiere dejar de festejar. Cada dos minutos vuelve a mencionar los diálogos que utilizó y como hizo llorar al estrado y a los jueces, incluso afirma que los acusadores sintieron culpabilidad luego de los cuarenta minutos de su exposición.
Intento seguir el hilo de la conversación a pesar de estar consagrada al sabor de la bebida caliente que tengo entre mis manos. Un capuchino extra espumoso con un cubito de azúcar y un toque de leche condensada.
-¿Me estás prestando atención?-la observo intentando mantener la misma sonrisa desde que entré al bar café.
- Por supuesto Ana, ahora viene la parte de la sentencia.
-Exacto-vuelve a emocionarse- Quisieras haber visto la cara de Silvia, esa bruja no se merece al mari... exmarido-se corrige de inmediato, cosa que llama mi atención -...que tiene.
-Supongo que el señor Ferrer está más que agradecido contigo-lanzo el anzuelo que no tarda en picar.
-Me ha invitado esta tarde al restaurante de comida italiana que hay frente al cine, ese que es caro y que maneja la familia Dupont-agita sus manos eufórica y le da una probada por primera vez al café-late que ha ordenado.
Mis ojos se expanden curiosos, al fin toca un tema interesante y que tiene relación al caso que tengo en archivos, con la clara indecisión de si representarlo o no.
-¿Esta tarde?Tengo claro que no abren a menudo y que no se puede cenar si no es con reservas de meses, aunque supongo que para un hombre de la talla del señor Ferrer no es un inconveniente ni un obstáculo conseguir reservaciones en el restaurante más delirante del condado.
-Bernardo atiende negocios a menudo en ese restaurante, es un importante socio del dueño por lo que no es un capricho ni mucho menos, tal vez es solo comodidad y privacidad, de todas maneras la familia Dupont tiene una deuda con Bernardo que aún no logra saldar-suelta sin más, lo que hace que vuelva a pensar cómo logró llegar a dónde está cuando como abogada no tiene como primera ley la discreción-Su primo también acude a menudo, aunque no sé si también se dedique al negocio de la familia, de hecho, ¿sabías que tiene un amorío con Rose?
Niego un par de veces, me siento un poco culpable por haberla invitado esta maña para tomar unos cafés, con el claro objetivo de aprovecharme de su "secreta" relación con su último cliente y obtener información a costillas de su mal hábito de contarlo todo.
Aunque, en el fondo, no hay remordimientos, es mi trabajo después de todo.
-Para serte sincera no me agrada del todo la comida que sirven allí- mentira, gasto todo mi sueldo en las joyas del señor Arnald Hadson, gastarlo en comida cara que dentro de dos horas ya no estará en mi sistema es un derroche innecesario-, cuando fuí el arroz estaba chamuscado-mentir peor, imposible.
-Oh-su expresión alberga una duda razonable- pensaba que no servían arroz en el restaurante- levanta la ceja con evidente interrogante.
-Pues para que veas, tal vez el cheff estaba de mala leche ese día-río lo más falso que me sale y me encamino a lanzar el próximo anzuelo- ¿Sabes que deuda es la que tiene la familia Dupont para con los Ferrer?
-Tendría que preguntarle a Bernard, pero es un hombre complicado, no le gusta compartir ese tipo de información con nadie—hace un puchero.
—Oh, pensaba que estarías al tanto de ese tipo de cosas, ¿no se supone que tienen una relación seria?—sus ojos se expanden y termino de hablar antes de que me responda — Es un secreto a voces, ya todos lo saben, así que no te preocupes.
—Le escuché decir una vez que el imperio Dupont se irguió gracias a un préstamo que le hizo hace un par de años, aunque para entonces no era Gregory quien lideraba el negocio, sino su padre, el resto no lo sé, pero estoy segura de que me contará si le pregunto, ¿Cierto?—me mira esperanzada y prefiero simplemente asentir para no ocasionarle un mal depresivo.
— Hacen bonita pareja, aunque yo tú tendría cuidado, un expediente con tres casos de abuso y uno de asalto no es de las mejores historias que contar en navidad, pero el amor le puede a una ¿no?
Traga en seco cuando le suelto tal información, es evidente que sabe que comer lujoso y vestir elegante le puede dejar marcas profundas.
—Bernardo me ama, pidió mi mano en compromiso el mismo día que gané el juicio—la emoción en su rostro me da más que pena ajena.
—Su ex mujer es una fabulosa arquitecta, una señora de títulos y alto reconocimiento que ha levantado imperios a nivel nacional—respiro recordando todo lo que leí en los informes que tiene la policía de Bernardo y las declaraciones de Silvia Ferrer— A dicha mujer le propuso el compromiso el mismo día que terminaron de levantar la empresa Ferrer, empresa que no tenía el suficiente presupuesto para edificar tal epifanía, y adivina qué, un año después de una boda excéntrica aparece una denuncia por falsificación de documentos y lavado de dinero.
—Sí, pero eso no quiere decir que...
—Se lleva a juicio dicha denuncia y Anastacia Lisboa hace una magnífica defensa con ayuda de su mentor sacando de rejas a un empresario que se dedica al robo tras bambalinas y uso de violencia como vía de relajación.
Le suelto todo sin pensar, me decepciona que sea licenciada en derecho y que haya llegado a dónde está meneando cualquier cosa menos el cerebro.
Su cara está tan roja que por un momento temo que explote, pero no puedo dejar que su burbuja rosa la consuma y que por su jodida inocencia un tipo la arrastre a la mierda.