–Buenas noches Emilia y... compañía– observa a Mario de manera codescendiente.
Al parecer Gregory acaba de salvarme de una situación de la cual no sabía que necesitaba ayuda.
– Buenas noches señor Dupont, disculpe la indiscreción, pero ¿Qué hace usted fuera de prisión? – suelta Mario con ligero toque despectivo, yo solo asiento en su dirección y me doy un trago largo de agua.
Está haciendo calor.
– La detención fue declarada improcedente por fallos en el procedimiento. Estoy libre bajo fianza mientras se revisa la evidencia – libre bajo fianza. Claro. Eso explicaba su visita a mi casa –Disculpe que no me haya presentado en la oficina esta tarde como habíamos acordado, tenía demasiado trabajo acumulado de los dos días que pasé en prisión– mueve la copa de vino ligeramente y toma un poco de la mismo.
– ¿Por qué tendría que reunirse con mi novia señor Dupont?– se me atraganta la saliva en la boca cuando Mario emite esa pregunta, ambos se observan de manera incómoda, el ambiente podría cortarse con uno de los cuchillos de mesa que tengo a mi derecha.
Es hora de interrumpir rápidamente la conversación e intentar rescatar el momento, antes de que termine tirándome por las escaleras.
– Tuve recientemente una plática con el señor Gregory y habíamos quedado en vernos para hablar sobre la denuncia– le explico a Mario llamando su atención, sin embargo su rostro se contrae aún más, al parecer no dije lo correcto.
– ¿En qué momento aceptaste el caso y por qué no me habías informado?– sí, eso Bon, vamos a complicar más la noche.
–Mario, agradezco tu preocupación pero ya sabías desde hace días que el señor Dupont quería mi representación como abogada, tomé la decisión porque me parece un caso...interesante– observo al señor Gregory por un instante y está sonriendo.
Las caras de los dos hombres frente a mí son tan distintas ahora mismo que ocupan ambos extremos en la escala de complacencia, solo me gustaría salir volando de aquí y evadir el la discusión que me espera en casa.
Dupont no me quita los ojos de encima y estoy empezando a sentirme nerviosa, por el contrario Mario me observa con una clara decepción haciéndome sentir culpable. Ni siquiera yo misma esperaba aceptar el caso, tal vez el propio ambiente de incomodidad me sacó las palabras de la boca.
Pero a quién quiero engañar, desde que leí los archivos ya había aceptado el trabajo.
– Me place con esa información señorita Bon– está echándole más leña al fuego, o son solo ideas mías.
– Bon– Mario suspira diciendo mi apodo, toma mi mano, la cual no sabía que había soltado y vuelve hablarme en un tono un poco derrotado– La noche me ha encantado, realmente gracias por venir conmigo, solo prométeme que continuaremos la conversación donde la dejamos, ¿si?
Por primera vez en la noche me pongo en los zapatos de mi amigo, ¿Cuánto tiempo llevaría planeando esto?¿Cuánto tiempo ha ahogado lo que siente? Realmente quiero irme y hablar con él y darle la paz que necesita, pero mi corazón solo se aferra a la silla en la que estoy sentada intentando huir de la pregunta que se repite en mi cabeza.
No quiero ser su novia, no quiero simplemente llenar un vacío emocional con Mario, porque sobre todas las cosas no se lo merece y sería una hija de perra si le prometiese ser la mejor de las novias cuando en el fondo sé que no lo veo como algo más. No solo estaría condenándome a mí sino a nuestra amistad de años, además de hacerle perder el tiempo para que encuentre a alguien que de verdad lo valore por lo que es.
– Te prometo que continuaremos la conversación– nuestros ojos conectan y los de él gritan muchas cosas y los míos silencian otras.
Mario se levanta inesperadamente y y se irgue en frente de Gregory quedando cara a cara, por un breve momento siento que se conocen de toda la vida, o por lo menos eso parece cuando Dupont lanza lo siguiente.
– Has tomado una buena decisión Mario – le palmea el hombro y me quedo más anonadada que nunca, por qué se dirigen el uno al otro con tanta familiaridad.
Sin dudas sería algo que preguntarle a Mario apenas salgamos de aquí. Me levanto para seguir a mi acompañante pero él mismo me detiene suspendiendo su mano en mi dirección, sus facciones se relajan de inmediato cuando se dirige hacia mí.
– Sé que tienes muchas cosas que hablar con Dupont sobre lo que se avecina– inclino hacia abajo las cejas escuchando sus palabras– Será mejor que conversen sobre el caso, el lugar brinda privacidad – vuelve a observar a Dupont– Privacidad que el señor Gregory no ha ni sobre pensado interrumpir.
Mi amigo toma sus cosas y se retira dejándome con las palabras en la boca, mi subconsciente está teniendo una guerra entre quedarse o ir tras él, el tiempo se agota mientras su espalda se va alejando progresivamente, está decepcionado, seguramente se siente traicionado y es mi deber aclararle las cosas antes de que la bola siga creciendo.
Estoy de pie cuando una mano fuerte toma mi antebrazo.
– No volveré a sacarla de situaciones que no me incumben– mis pies vuelven a su sitio y me planto en el asiento, el problema anterior pasa a segundo plano y el comentario que acaba de soltar me molesta por algún motivo.
– Nadie pidió su ayuda señor Dupont– aparto su mano sin ninguna delicadeza y masajeo mis scienes, siento que envegecí 8 años hace segundos.
– Su cara de espanto no decía lo mismo hace 10 minutos– acomoda su cuerpo en el espaldar del asiento y cruza la piernas quedándole el tobillo sobre la rodilla.
Gregory tienea la increíble capacidad de llamar la atención sin desearlo, lo noto cuando echo un vistazo alrededor y los otros comensales no disimulan la curiosidad sobre el enigmático empresario que tengo enfrente.
La mayoría sabe que es el principal sospechoso de un asesinato en primer grado, sin embargo, el aura encriptada que posee revoluciona las psiquis. Soy mujer por encima de todo y sé el efecto que causa en cualquiera que use faldas, pero no todo es una cara bonita y ceros en la cuenta bancaria, su personalidad, dentro de lo poco que me ha permitido conocer, es un asco.