Blooklyn

006

Capítulo 06: " ELLOS"

Mi abuela estaba demasiado alterada. La vi temblar después de colgar el teléfono, con los labios apretados como si quisiera decirme algo y al mismo tiempo se obligara a callar. Intenté preguntarle, pero el solo brillo de sus ojos me hizo desistir. Había algo en su expresión, en esa mezcla de miedo y resignación, que me cortó las palabras en la garganta.

No dije nada. El silencio se instaló en la casa como un huésped incómodo. Solo se escuchaba el tic-tac del viejo reloj en la sala y el crujido del fuego en la chimenea. Cada segundo era pesado, interminable. Sentía que el aire mismo se había vuelto más denso, como si la atmósfera me atrapara y no me dejara respirar con normalidad.

Al rato, un golpe firme en la puerta me sobresaltó. El eco retumbó por toda la casa, haciendo que mi corazón se acelerara. Mi abuela se enderezó en la silla, como si lo hubiera estado esperando, y sin decir nada me hizo una seña para que permaneciera en silencio. Caminó hacia la puerta, abrió con cuidado y entonces lo vi.

John. El padre de Darien.

Era un hombre alto, de cabello oscuro salpicado de canas, con un rostro endurecido por los años. Sus ojos eran lo que más llamaba la atención: un gris penetrante, como acero frío, capaz de atravesar cualquier mentira o intento de ocultar algo. Llevaba un abrigo pesado y emanaba un aire extraño, mezcla de autoridad, cansancio y algo que no lograba identificar.

-Hola, Addison -saludó con voz grave.

Tragué saliva, sin saber qué responder. Apenas pude asentir. Mi abuela le cedió el paso y él entró como si la casa le perteneciera. Cada movimiento suyo era medido, exacto, como si pesara cada decisión antes de actuar.

No aguanté más. La pregunta salió a borbotones, mezclada con enojo, incredulidad y desesperación.

-¿Me dirá de una vez qué está pasando?

John me miró fijamente. Durante un instante, pensé que no respondería. Finalmente, soltó un suspiro profundo:

-Lo que viste anoche no son humanos, Addison. Son demonios. Muy antiguos. Criaturas que habitan aquí desde mucho antes de que nosotros llegáramos a Blooklyn.

Me quedé paralizada, incrédula. Una risa nerviosa escapó de mis labios, temblorosa, casi histérica.

-Usted está jugando conmigo, ¿verdad? Demonios... eso no existe.

John no se inmutó. Su expresión no mostraba burla, solo seriedad.

-Entonces dime, ¿cómo explicas lo de anoche? -replicó con calma, midiendo cada palabra.

El recuerdo me golpeó con fuerza: los ojos brillando en la oscuridad, los murmullos que se arrastraban por la tierra, la sangre fresca... No podía negarlo, había visto algo inhumano.

-No... -murmuré-. No puede ser...

Se acercó un poco más, y la intensidad de su mirada me hizo retroceder un paso.

-Ellos son demonios que habitan aquí desde hace siglos. Fueron desterrados del cielo, condenados a vivir en la tierra eternamente. Se alimentan de los mortales.

El aire se me hizo pesado. Sentí un nudo en el estómago que me cortaba la respiración.

-¿La razón de la medianoche...? -pregunté con voz temblorosa.

John asintió lentamente.

-A las doce en punto es cuando cruzan el umbral. Es la hora en la que salen a cazar, a alimentarse de quienes tengan la desgracia de estar en su camino. Por eso tu abuela insistía en que nunca salieras después de medianoche. No es superstición. Es advertencia.

Traté de calmarme, respirando profundo, pero todo se sentía irreal, como si el mundo se desmoronara alrededor mío.

-¿Y por qué la policía no hace nada? -pregunté con un hilo de voz-. ¿Por qué no los detienen?

John soltó una risa amarga, sin humor.

-Porque hay cosas que es mejor fingir que no se saben.

No entendí del todo.

-¿Fingir? ¿Cómo puede alguien fingir algo así?

-El miedo es un arma poderosa -respondió, encogiéndose de hombros-. Y también lo es el instinto de supervivencia. La gente de Blooklyn aprendió a cerrar los ojos, a callar. Fingir que los demonios no existen es la única manera de sobrevivir.

Me quedé callada, incapaz de procesar tanta información. La verdad era demasiado pesada para asimilarla de un golpe.

John continuó, con voz baja pero firme:

-Ellos no son inmortales. Para mantenerse con vida durante siglos, necesitan un sacrificio. Una vida humana cada año. Exactamente cada doce de diciembre.

Sentí un escalofrío recorrerme de pies a cabeza.

-¿Sacrificios? -susurré, aterrada.

-Sí -respondió él-. Si no reciben lo que necesitan, su ira se desata contra el pueblo entero. Nadie lo resistiría. Por eso todos fingen. Fingen que no existen, pero todos saben que mientras obtengan su sacrificio, los demás pueden seguir viviendo.

Las palabras me golpearon como un martillo. Cada latido de mi corazón parecía más fuerte, como si quisiera advertirme de algo que aún no comprendía.

-Entonces... eso significa que... -no pude terminar la frase.

John me miró con una mezcla de compasión y tristeza.

-Significa que, cuando los viste, Addison... cuando ellos te vieron... ya no hubo vuelta atrás.

Me cubrí la boca con la mano, conteniendo un sollozo. Recordé la mirada ardiente de aquellos ojos en la oscuridad, fijos en mí, como si me hubieran marcado de por vida.

-¿Qué... qué me va a pasar? -pregunté, con lágrimas brotando en mis ojos.

John tardó un instante en responder, midiendo sus palabras como si pesara cada una en la balanza del destino.

-Ahora eres parte de ellos. Parte de su elección.

-¿Su... elección? -pregunté, incapaz de creerlo.

Él asintió, y el silencio se volvió aún más pesado.

-Cada año buscan a alguien. Alguien que será el sacrificio. Esa persona debe verlos primero, reconocer su existencia. Y tú, Addison... los viste.

El mundo se me vino abajo. Las piernas me temblaban, y tuve que apoyarme en la mesa para no caer. Mi abuela, que hasta entonces había permanecido en silencio, se acercó y me sostuvo los hombros con fuerza.



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En el texto hay: demonios, millonario, pueblo

Editado: 13.01.2026

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