Capítulo 08: ¿Quien es Darien, pt 2?
Las luces de colores golpeaban mi rostro, cegándome por momentos. La música retumbaba en mi pecho como un tambor de guerra, y el olor a alcohol, humo y tierra mojada se mezclaba en el aire, envolviéndome en una atmósfera densa. Sentía que el mundo giraba a una velocidad diferente dentro de aquel lugar. Seguí a Darien entre la multitud, aferrándome a la manga de su chaqueta como si fuera mi única ancla, intentando no perderme en aquel mar de cuerpos que reían, bailaban y gritaban como si nada más existiera fuera de esas paredes invisibles de música y ruido.
Él caminaba con paso seguro, como si conociera cada rincón y cada sombra de esa fiesta. Yo, en cambio, apenas lograba mantener el equilibrio. Finalmente llegamos a una mesa apartada, iluminada por una lámpara tenue que apenas lograba abrirse paso entre la penumbra.
Allí estaban dos figuras que reconocí al instante.
La pelirroja. La misma que había visto aquella noche extraña. Su cabello rojo caía en ondas brillantes sobre sus hombros, y su sonrisa era demasiado afilada para ser del todo amigable. Había algo en ella que me erizaba la piel, como si cada movimiento suyo estuviera calculado para incomodar. A su lado, un chico rubio, de ojos tan claros que parecían hielo, bebía lentamente de una copa de cristal, con una calma tan inquietante que parecía flotar fuera del tiempo.
-¡Darien, hermano, llegaste! -exclamó el rubio con un tono relajado pero firme, levantando su copa a modo de saludo.
La pelirroja se levantó de inmediato. Caminó hacia nosotros con una gracia casi felina y, sin apartar sus ojos verdes de mí, me recorrió de pies a cabeza como si pudiera desnudarme con la mirada.
-Así que tú eres la deliciosa chica de la que Darien habla siempre... -murmuró con una sonrisa cargada de malicia.
Me quedé helada. ¿Darien hablaba de mí? Mi mirada voló hacia él, buscando respuestas, pero él solo ladeó la cabeza y se encogió de hombros, como si no fuera nada.
-No empieces, Aria -advirtió él con voz grave, clavando sus ojos en la pelirroja.
Ella rió suavemente, casi un ronroneo.
-Tranquilo, solo estoy siendo... amistosa. -Se acercó un poco más, tan cerca que pude sentir el aroma fuerte y dulce de su perfume-. Qué curioso, Darien nunca trae a nadie aquí. Y ahora vienes con ella... interesante.
El rubio se levantó con calma y extendió su mano hacia mí.
-Soy Caleb -dijo con una voz profunda, mirándome directamente a los ojos. Había algo hipnótico en su manera de hablar, como si cada palabra escondiera un doble filo.
Lo saludé con nerviosismo, intentando sonar segura.
-Addison.
-Addison... -repitió, probando mi nombre en su boca como si le resultara intrigante-. Tiene fuerza. Me gusta.
Darien se interpuso entre nosotros de forma casi imperceptible, pero lo suficiente para marcar territorio.
-No toques lo que no es tuyo, Caleb.
El rubio soltó una risa corta.
-Relájate, hermano. Solo estoy conociendo a tu invitada.
Aria volvió a su asiento, sin dejar de observarme con esa sonrisa peligrosa.
-Me pregunto si ella sabe lo que realmente eres, Darien.
La tensión se cortó como un cuchillo. Me quedé inmóvil, sintiendo que cada palabra de ella llevaba veneno. Miré a Darien, esperando una explicación, pero él solo cerró la mandíbula con fuerza.
-Aria... -su voz fue un gruñido contenido.
Ella alzó una ceja, divertida, y tomó un sorbo de su copa.
-Tranquilo, no diré nada. Todavía.
El ambiente a mi alrededor se volvió asfixiante. Era como si todos los que estaban en esa mesa jugaran a un juego peligroso del que yo no sabía las reglas.
Me armé de valor.
-¿Qué es lo que insinúas? -pregunté, sorprendida de haber sacado la voz.
La pelirroja me miró con satisfacción, como si esperara que cayera en su trampa.
-Solo digo que Darien no suele apegarse a nadie. Pero contigo... parece distinto. Quizá demasiado distinto.
El rubio apoyó un codo en la mesa, sonriendo de manera cómplice.
-Y eso, querida Addison, en nuestro mundo es... peligroso.
-Darien no es solo un chico rico, guapo y arrogante, ¿sabes? -agregó Caleb, su tono se volvió más sombrío-. Cuidado con quién te juntas, preciosa.
Tragué saliva. Mi corazón latía a toda velocidad, y por un momento me pregunté si había cometido un error al venir.
Darien tomó mi mano de repente, sujetándola con firmeza, y habló solo para mí, aunque con la suficiente dureza para que los otros lo escucharan:
-No les hagas caso. Esta noche solo estás conmigo.
Aria se inclinó hacia adelante, sonriendo con falsa dulzura.
-Tranquila, linda, no queremos asustarte. Solo bromeamos contigo. Ya sabemos que sabes lo de esos... asquerosos come personas. Ignóralos, eso es lo que hacen todos.
El rubio soltó una risa seca y añadió, con una frialdad que me hizo estremecer:
-Es diferente con ella. Si sigue entrando al bosque a medianoche... se la van a comer viva.
-¡Ya basta! -gruñó Darien, apretando mi mano con fuerza-. Ignóralos.
Caleb alzó los hombros, como si no le importara.
-Solo digo la verdad.
Aria me guiñó un ojo, antes de volver a recostarse en su asiento.
-Bueno, linda, solo procura no volver a entrar al bosque sola. Créeme, no saldrías de una pieza.
Un escalofrío recorrió mi espalda. No sabía si confiar en ninguno de ellos, pero había algo en Darien, en su tono, en su mirada, que me ataba a sus palabras más que al miedo que los otros intentaban sembrar.
Entonces, Aria sonrió de nuevo, como quien prepara el siguiente movimiento en una partida de ajedrez.
-Perfecto, Darien. Quédate con tu corderita. Pero recuerda... incluso las ovejas más dóciles saben perderse en medio de la oscuridad.
-Ignóralos -susurró Darien junto a mi oído-. Vamos a otro lado.
Lo seguí entre la multitud, dejando atrás las miradas ardientes de Aria y Caleb, pero las palabras de ambos me daban vueltas en la cabeza como un eco imposible de apagar.
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Editado: 13.01.2026