Blooklyn

009

Capítulo 09: Ahí secretos que deben seguir siendo secretos

Darien estacionó su auto frente a mi casa. El motor se apagó y el silencio de la madrugada nos envolvió, roto solo por el canto lejano de los grillos y el crujir de las ramas agitadas por el viento.

—Oye, Addison... —su voz sonó más baja de lo habitual, casi culpable—. Discúlpame por lo que dijeron mis amigos. Sé que son algo intensos, pero... en el fondo son buenas personas.

No lo miré directamente. Mis ojos estaban fijos en la ventana de mi habitación, iluminada apenas por la luz tenue de la luna.
—No te preocupes —susurré al fin, casi más para convencerme a mí misma que a él.

Hubo un silencio breve. Podía sentir su mirada clavada en mí, intentando leer lo que mi corazón gritaba, aunque yo trataba de ocultarlo.
—¿Qué sucede? —preguntó él en un susurro, inclinándose apenas hacia mí.

Tragué saliva. Una parte de mí quería soltarlo todo, pedirle explicaciones, gritarle que estaba harta de medias verdades y de secretos. Pero mi voz salió suave, quebrada:
—¿Por qué estabas en medio del bosque esa noche? —pregunté al fin, girándome hacia él con un valor que no sabía de dónde sacaba.

Sus ojos brillaron en la oscuridad, atrapándome. Esa intensidad me hizo estremecer, porque había algo más profundo que simple arrogancia en ellos. Algo que me decía que la respuesta que esperaba... podría cambiarlo todo.

Darien no respondió de inmediato. Apoyó los codos sobre el volante y suspiró, como si buscara palabras que no existían.
—No deberías hacer preguntas de ese tipo, corderita... —dijo al fin, con una sonrisa que intentaba sonar despreocupada, pero que no lograba ocultar la sombra en su mirada.

—Necesito saberlo —insistí. Esta vez mi voz sonó firme, aunque mis manos temblaban sobre mis piernas.

Él me miró fijamente, sus labios se entreabrieron como si estuviera a punto de confesar algo, pero en lugar de eso se recostó contra el asiento y desvió la mirada hacia la carretera vacía.
—Hay cosas... que es mejor no entender todavía —murmuró.

Su evasiva me quemó por dentro. Mi respiración se aceleró y la rabia, mezclada con miedo, me impulsó a hablar.
—¿Todavía? ¿Qué significa eso, Darien? ¿Que algún día me lo dirás? ¿O que prefieres dejarme en la oscuridad mientras todos a tu alrededor juegan con secretos?

Él giró hacia mí tan rápido que me hizo contener el aire. Su mano se posó sobre la mía, firme, cálida, con una fuerza que parecía capaz de sostenerme si el mundo entero se derrumbaba.
—Addison, créeme cuando te digo esto: si supieras lo que yo sé... tu vida nunca volvería a ser la misma. Y yo... —se detuvo, cerrando los ojos un segundo— yo no sé si quiero que cargues con eso.

El silencio cayó otra vez. Sentí que el corazón se me encogía, pero no aparté mi mano de la suya. Algo dentro de mí sabía que él ocultaba una verdad demasiado grande, demasiado peligrosa... pero al mismo tiempo, imposible de ignorar.

Me incliné un poco hacia él, bajando la voz hasta que apenas fue un susurro.
—Prefiero una verdad que duela, Darien... antes que una mentira que me mate lentamente.

Él me miró como si acabara de golpearlo con esas palabras. Sus labios se curvaron en una sonrisa amarga y, durante un instante, pude ver al verdadero Darien: sin la máscara de arrogancia ni sus juegos de seducción. Solo un chico... roto por algo que no lograba contarme.

—Tienes más valor del que pensé, corderita... —dijo despacio, rozando mi mano con el pulgar.

Me acerqué un poco más, mi respiración mezclándose con la suya.
—Entonces dime... ¿qué eres realmente, Darien?

Él se quedó callado. Y aunque no me dio respuesta esa noche, sus ojos me confesaron algo que sus labios aún no estaban listos para pronunciar.

—Mejor ve a dormir, linda. Mañana te llevaré con los del consejo; ellos te explicarán más sobre los demonios. Veremos qué podemos hacer para salvarte —murmuró.

Me quedé mirándolo, con el corazón apretado.
—Hazlo... —susurré.

—Darien, quiero saber más sobre esto. Mi vida está en peligro, es lógico que quiera saber por qué estabas en el bosque esa noche a medianoche. ¿Acaso no les tienes miedo a esas personas? ¿Acaso no pueden atacarte? —solté rápidamente, casi sin respirar.

—Oye, oye, cálmate. Ya te dije que mañana te lo explicarán... Addison, hay secretos que deben seguir siendo secretos. Por algo lo son —respondió, con un dejo de cansancio en la voz.

No dije nada más. Salí del auto y entré en mi casa con paso rápido. Cerré la puerta tras de mí y subí a mi habitación, con el corazón golpeando en mi pecho. Algo pasaba con él. Algo ocultaba, pero no quería decírmelo.

Me senté en la cama, abrazándome a mí misma. ¿Por qué Darien Salvius no quería decirme quién era o qué era realmente? ¿Por qué estaba allí esa noche? ¿Por qué parecía tener diecinueve años pero hablaba, se movía y se vestía como alguien mucho mayor? Y, sobre todo... ¿por qué sentía que lo recordaba de algún lado?

Tal vez fuera otra persona, como decía. Tal vez no. Pero su rostro me resultaba tan familiar que dudaba en negarlo. Imposible, me dije. Eso fue hace diez años: yo tenía apenas ocho... y él también debió de tener esa edad. ¿Cómo podía ser?

Mi abuelo murió... pero ¿de verdad fue un infarto? ¿O lo asesinaron?
Las personas que viven en Blooklyn saben algo. Por eso existen esas reglas. Por eso sentía que me observaban desde pequeña. ¿Eran los demonios los que me miraban? ¿Mi abuelo lo sabía todo? ¿Sabía que iba a morir?

La carta que me dejó... ¿era una advertencia? ¿Una confesión?
¿Acaso él también los había visto?
¿Acaso fue parte del sacrificio?

Mi cabeza daba vueltas. Todas aquellas leyendas eran reales, y aunque de cierta manera me resultaba inquietante, todavía había una parte de mí que se negaba a creerlo del todo. Demonios que devoran personas... cualquiera diría que eso lo inventó alguien borracho o con demasiadas historias en la cabeza.



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En el texto hay: demonios, millonario, pueblo

Editado: 13.01.2026

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