Blooklyn

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CAPÍTULO 11 :EL LAGO

El aire en el bosque era frío, casi líquido, y se aferraba a mi piel como una segunda capa de miedo. Íbamos camino por el bosque, yo detrás de Darien. Él caminaba con una certeza que helaba la sangre, sus pasos firmes y rápidos sobre la tierra húmeda, como si conociera cada raíz, cada sombra, cada secreto escondido bajo la espesa capa de hojarasca. Sus pasos eran apresurados, pero de vez en cuando me miraba de reojo, un gesto fugaz, como el de un guardián que se asegura de que su preciada carga aún lo sigue.

​-¿A dónde vamos? -pregunté, mi voz se sentía diminuta, perdida entre el crujir de los pinos.

​-A un lugar que no está en el mapa de tu abuela -respondió sin girarse, su tono mezclaba burla y seriedad-.

Es donde nos reunimos. Donde guardamos lo que no debe ver la luz.
​Sentía la necesidad de caminar pegada a él, aunque el recuerdo de su mano alrededor de mi cuello el día anterior me quemaba la garganta.

Él no era un refugio; era una arma de doble filo que acababa de elegir blandir en mi defensa.

​-¿Y qué vas a hacer ahora? ¿Me vas a entrenar? ¿A enseñarme a matar demonios con una regla de madera? -pregunté con el sarcasmo que usaba para ocultar mi terror.

​Darien se detuvo en seco y giró lentamente, su sonrisa torcida se desplegó con esa arrogancia que me volvía loca.

​-No tienes el cuerpo, corderita, pero tienes la rabia. Y la rabia es un buen inicio. Primero, vamos a entender por qué estás condenada.

​La simple mención de la palabra "condenada" me hizo temblar. Seguí caminando, sintiendo que cada paso me hundía más en un destino que no había elegido.

​Seguí caminando hasta que a lo lejos se podía ver un pequeño lago, un parche de agua oscura rodeado por los troncos húmedos.

El agua era tan quieta que reflejaba la bruma baja, creando un espejo fantasmagórico. Y allí, junto a la orilla, estaban las dos figuras que reconocí de inmediato.

​Alex y Sarah.

​Alex, el chico rubio, parecía estar a punto de caer de espaldas, su risa resonando en el silencio del bosque. Sarah, la pelirroja, estaba empapada, con el cabello pegado al rostro y su elegante ropa cubierta de lodo. Alex, al parecer, la había empujado al lago.

​-¡Maldito idiota! ¡Te voy a comer vivo! -Gritó Sarah, con su voz áspera y llena de furia, mientras comenzaba a perseguir a Alex. Ella tenía una expresión molesta, mientras que Alex tenía una risa divertida en su rostro.

​-¡Tu cara se camufla con tu pelo! -Menciona Alex mientras sigue corriendo, esquivándola con una agilidad sorprendente.

​La persecución terminó abruptamente cuando Alex se tropezó con una raíz grande y cayó al suelo con un golpe sordo. Sarah aprovechó el momento. Se abalanzó sobre él y comenzó a golpearlo en el hombro con la ferocidad de un animal.

​-¡ESTÚPIDO! ¡Estúpido, estúpido, estúpido! -Chillaba ella, sin aliento.

​-¡Ya mujer, detente! ¡Puedes mostrarme toda esta rabia de otra manera! -Alex intentó zafarse, aunque se reía. Sus ojos claros se posaron en nosotros-. Oh, Darien, y la corderita de Darien. ¿Viniste a ver el espectáculo?

​Sarah se detuvo apenas nos vio. Su respiración era pesada, y sus ojos verdes se estrecharon al verme.

​-No te espantes, linda -dijo Alex, mientras se reincorporaba, cubierto de hojas y barro-. Ella es así de agresiva. Deberías verla en la ca-

​-¡Ya cállate, idiota! -interrumpió Sarah, rodeando los ojos, aunque su sonrisa volvía a ser esa línea afilada y peligrosa-. Hola, linda. ¿Por qué la traes aquí, Darien?

​La pregunta de Sarah fue un dardo envenenado. Ella entendía, al igual que yo, que este lugar era especial, y que traer a una "mortal" aquí era romper la primera regla de su mundo.

​-Quiero buscar una forma de salvarla del sacrificio -mencionó Darien, su voz firme, sin excusas-. Y necesito su ayuda.

​Alex y Sarah se miraron con una cara de sorpresa que rozaba el horror.

​-¿Quieres salvarla? -Alex lo dijo en un susurro incrédulo.

-¡¿En qué diablos estás pensando?! -le gritó Sarah a Darien, con los puños apretados-. ¡No se puede romper el pacto! ¡Si lo haces, esos come-gente nos van a devorar a todos!

​-Podemos buscar alguna manera, Sarah -replicó Darien, su voz era baja y peligrosa, un gruñido
contenido que apenas ocultaba su furia-. No la dejaré morir.

​-¡Entonces que agarre y empaque y se largue de aquí! -exigió Sarah, dando un pisotón en la tierra mojada.

​-No seas tonta, Sarah, sabes que si ella hace eso los demonios igual la van a conseguir -dijo Darien, irritado, acercándose a ella-. ¡No hay escapatoria!

​-¡Es lo normal, Darien! ¡Ella tiene que morir! -Sarah dio un paso atrás, lanzándome una mirada que me perforó-. Además, ¿quién demonios va a la medianoche al bosque? Por eso hay reglas. Que ella sea una tonta y no las haya cumplido por su terquedad es problema de ella. No voy a desafiar a unos demonios que pueden comerme viva por la terquedad de una niñita desobediente.

​Sus palabras eran cuchillos, pero dolían porque contenían una verdad innegable: si no hubiera ido al cementerio ese día, probablemente no estaría metida en este lío. Ni siquiera debí haber venido aquí. Mamá tenía razón. La culpa me golpeó con el peso de la losa de mi abuelo.

​Vi cómo Darien tomó del brazo a Sarah. Su agarre fue firme, casi violento, y la alejó un poco de nosotros para hablar en un murmullo que no pude alcanzar.


​Me quedé sola con Alex. El rubio se volteó y me miró fijamente. Había algo en su mirada que me daba miedo, como si yo fuera comida. Sus ojos claros me observaban sin pestañear, solo mirándome fijamente. Comencé a sentir un miedo frío que se instalaba en mi pecho.

​El lago oscuro reflejaba la bruma, y yo sentía que el suelo desaparecía bajo mis pies. El silencio de Alex era peor que el grito de Sarah.

​-No tengas miedo -dijo Alex al fin, con una voz suave que no encajaba con la intensidad de sus ojos-. No te haré nada. Es solo que eres muy "linda".



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En el texto hay: demonios, millonario, pueblo

Editado: 17.01.2026

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