La campana anunció el inicio del descanso, pero Valeria no tenía intención de quedarse a hablar con Gael.
Guardó sus cuadernos en la mochila y salió del salón lo más rápido posible.
—¡Valeria! —la llamó Gael desde el pasillo.
Ella siguió caminando.
—¡Oye, compañera de proyecto!
Se detuvo solo para responder sin voltear.
—¿Qué quieres?
—Tenemos que organizar el trabajo.
Valeria suspiró.
—Haz tu parte y yo hago la mía.
—Así no funciona un proyecto en pareja.
—Pues aprende.
Gael aceleró el paso hasta alcanzarla.
—Cinco minutos. Solo eso.
Valeria lo observó con expresión seria.
—Tres.
—Trato hecho.
Los dos se dirigieron a la biblioteca, donde encontraron una mesa vacía. Gael sacó una libreta y comenzó a escribir ideas.
—¿Siempre eres tan organizada? —preguntó.
—Sí.
—Yo suelo improvisar.
—Ya me di cuenta.
Gael soltó una pequeña risa.
—Creo que hacemos un buen equipo.
—Todavía no hemos hecho nada.
—Pero ya estamos hablando. Es un avance.
Valeria intentó ignorar el comentario y comenzó a revisar la información del proyecto.
Durante casi una hora trabajaron sin discutir. Para sorpresa de ambos, las ideas de Gael eran bastante buenas y Valeria sabía organizarlas perfectamente.
—No pensé que fueras tan responsable —admitió ella.
—Y yo no pensé que sonrieras.
Valeria levantó la vista.
—¿Yo sonrío?
—Hace un momento lo hiciste.
Ella negó rápidamente.
—Lo imaginaste.
—No. Fue una sonrisa pequeña... pero existió.
Valeria desvió la mirada para ocultar el ligero rubor que apareció en sus mejillas.
En ese momento llegaron Camila y Mateo.
—¡Así que aquí estaban! —exclamó Camila.
Mateo miró la escena con curiosidad.
—¿Ya dejaron de pelear?
—Nunca estuvimos peleando —respondió Gael.
—Solo estamos trabajando —añadió Valeria.
Camila sonrió de lado.
—Qué raro... Hace dos días ni siquiera querían estar cerca.
Gael y Valeria se miraron por un instante antes de apartar la vista al mismo tiempo.
Mateo soltó una carcajada.
—Esto va a ser divertido.
Cuando terminaron de organizar el proyecto, Gael guardó sus cosas.
—¿Te acompaño a la salida?
—No hace falta.
—Entonces caminaré por el mismo camino... casualmente.
—Qué coincidencia.
Los dos salieron de la escuela mientras el sol comenzaba a ocultarse.
Por unos minutos caminaron en silencio.
—Valeria.
—¿Sí?
—Aunque me hayas bloqueado...
Ella lo miró con atención.
—...gracias por darme la oportunidad de conocerte un poco hoy.
Valeria no respondió.
Solo continuó caminando.
Pero, sin que Gael lo notara...
Una pequeña sonrisa apareció nuevamente en su rostro.
Tal vez bloquear un contacto era fácil.
Lo difícil sería bloquear lo que poco a poco empezaba a sentir.
Continuará...