Bloqueado, desbloqueado, enamorado

Capítulo 6

La noticia sobre la feria académica había puesto a toda la escuela en movimiento.

Cada salón trabajaba en sus proyectos, decoraciones y presentaciones. Los pasillos estaban llenos de carteles, maquetas y estudiantes organizando sus ideas.

Valeria y Gael se reunieron en la biblioteca para planear los últimos detalles.

—Tenemos que hacer algo diferente si queremos que nuestro proyecto destaque —comentó Gael mientras revisaba sus apuntes.

—Estoy de acuerdo —respondió Valeria—. Pero no quiero que sea exagerado.

—Entonces encontraremos el equilibrio.

Después de una hora de trabajo, ambos tenían un plan completo.

—Creo que funcionará —dijo Valeria con una sonrisa.

—Sabía que dirías eso.

Ella levantó una ceja.

—¿Cómo lo sabías?

—Porque cuando estás satisfecha con algo, sonríes sin darte cuenta.

Valeria sintió que sus mejillas se calentaban.

—Empiezas a conocerme demasiado.

—Ese es el objetivo.

Los dos rieron.

Mientras tanto, Camila y Mateo observaban desde otra mesa.

—¿Los ves? —preguntó Camila.

—Sí.

—Ya parecen amigos.

—Yo diría que algo más.

Camila sonrió.

—Solo necesitan darse cuenta.

Esa misma tarde, Diego se acercó a Gael en el patio.

—¿Podemos hablar?

Gael aceptó.

—Quiero decirte algo importante —comenzó Diego—. Valeria sufrió mucho por mi culpa. No quiero que vuelva a pasar por lo mismo.

Gael respondió con calma.

—No tengo intención de lastimarla.

—Espero que sea verdad.

—Lo es.

Diego asintió.

—Entonces cuídala.

Sin añadir nada más, se alejó.

Gael observó cómo se marchaba y comprendió que las palabras de Diego no eran una advertencia, sino una petición sincera.

Al terminar las clases, Valeria y Gael salieron juntos de la escuela.

Mientras caminaban, una ligera lluvia comenzó a caer.

—Parece que nos va a tocar mojarnos —comentó Gael.

Valeria abrió su mochila y sacó un paraguas.

—Solo tengo uno.

Gael sonrió.

—Supongo que tendremos que compartirlo.

Los dos comenzaron a caminar bajo el mismo paraguas.

El espacio era pequeño, por lo que sus hombros se rozaban constantemente.

—Nunca imaginé que terminaríamos así —dijo Gael.

—Yo tampoco.

—¿Te arrepientes de haberme desbloqueado?

Valeria lo miró de reojo y sonrió.

—Todavía no.

Gael soltó una risa.

—Eso suena esperanzador.

Cuando llegaron a la casa de Valeria, la lluvia ya era más intensa.

Ella se detuvo frente a la puerta.

—Gracias por acompañarme.

—Gracias por dejarme hacerlo.

Por un instante, ambos permanecieron en silencio.

Ninguno sabía qué decir.

Pero los dos tenían claro que cada día era más difícil ocultar lo que empezaban a sentir.

Continuará..




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