La mañana siguiente, el auditorio de la escuela estaba lleno. Todos los grupos esperaban el anuncio de los ganadores de la feria académica.
Valeria y Gael estaban sentados uno al lado del otro.
—No importa el resultado —dijo Gael en voz baja—. Ya fue una gran experiencia.
Valeria sonrió.
—Aunque no estaría mal ganar.
—Eso también es cierto.
La directora subió al escenario con un sobre en las manos.
—Antes que nada, felicito a todos los estudiantes por su esfuerzo. Los proyectos fueron excelentes.
El auditorio estalló en aplausos.
—Y ahora, el primer lugar es para...
Valeria sintió que el corazón le latía con fuerza.
—...¡Valeria Cruz y Gael Navarro!
Los dos se quedaron inmóviles por un segundo.
—¡Ganamos! —exclamó Gael.
Valeria sonrió de oreja a oreja.
—¡No lo puedo creer!
Subieron al escenario para recibir el reconocimiento entre los aplausos de sus compañeros.
La directora les entregó un diploma y una medalla conmemorativa.
—Su trabajo destacó por la creatividad, la organización y el excelente trabajo en equipo.
—Muchas gracias —respondieron al mismo tiempo.
Después de la ceremonia, Camila y Mateo corrieron a felicitarlos.
—¡Sabía que iban a ganar! —dijo Camila mientras abrazaba a Valeria.
—Se lo merecían —añadió Mateo, dándole una palmada en el hombro a Gael.
Los cuatro decidieron celebrarlo en una cafetería cercana a la escuela.
Entre risas, anécdotas y fotografías, la tarde pasó volando.
Cuando Camila y Mateo se marcharon, Valeria y Gael caminaron por un pequeño parque.
El ambiente era tranquilo y la brisa movía las hojas de los árboles.
—Gracias por estos días —dijo Valeria.
—Yo debería darte las gracias a ti.
—¿Por qué?
—Porque, si no me hubieras bloqueado, tal vez nunca habría hecho el esfuerzo de demostrarte quién soy de verdad.
Valeria soltó una risa.
—Supongo que al final ese bloqueo tuvo algo bueno.
Gael asintió.
—Sí.
Permanecieron en silencio unos segundos.
Entonces, una voz conocida interrumpió el momento.
—¡Gael!
Ambos voltearon.
Una joven de cabello castaño se acercaba corriendo.
Sin pensarlo, abrazó a Gael con fuerza.
—¡Qué gusto volver a verte!
Valeria observó la escena con sorpresa.
Gael también parecía desconcertado.
—¿Lucía?
La joven sonrió.
—Regresé a la ciudad... y tenemos mucho de qué hablar.
Valeria sintió un nudo en el estómago.
No sabía quién era aquella chica.
Pero, por alguna razón...
La simple imagen de ese abrazo le hizo sentir unos celos que nunca había experimentado.
Continuará...