Valeria se quedó inmóvil con el teléfono en la mano.
—¿Quién habla? —preguntó con cautela.
—Soy Adrián.
Su corazón dio un pequeño vuelco.
Hacía más de dos años que no escuchaba ese nombre.
—¿Adrián...?
—Sí. Sé que te sorprendió mi llamada, pero necesito hablar contigo. Es algo importante.
Valeria guardó silencio unos segundos.
—¿Cómo conseguiste mi número?
—Camila me lo dio después de que le expliqué la situación. No quería llamarte sin una razón.
Ella respiró hondo.
—Está bien. Nos vemos mañana después de clases, pero solo unos minutos.
—Gracias, Valeria.
La llamada terminó.
Gael, que había esperado pacientemente, notó su expresión preocupada.
—¿Todo bien?
Valeria asintió con dificultad.
—Sí... o al menos eso espero.
—¿Quién era?
—Alguien que conocí hace mucho tiempo.
Gael no hizo más preguntas.
—Si necesitas hablar, aquí estaré.
Valeria sonrió con gratitud.
—Gracias.
Al día siguiente, las clases transcurrieron con normalidad, pero Valeria apenas podía concentrarse.
Camila se acercó durante el recreo.
—¿Estás nerviosa por ver a Adrián?
—Un poco.
—No te preocupes. Lo conocí ayer cuando me buscó. Solo quería disculparse por algo que pasó hace tiempo.
—Eso espero.
Cuando sonó la campana de salida, Valeria caminó hasta el jardín de la escuela.
Allí estaba Adrián.
Era un joven de cabello oscuro y expresión tranquila.
Al verla, sonrió con timidez.
—Hola.
—Hola.
Durante unos segundos ninguno habló.
Finalmente, Adrián rompió el silencio.
—Te debo una disculpa.
Valeria cruzó los brazos.
—Te escucho.
—Cuando nos hicimos amigos, dejé de responder tus mensajes sin darte ninguna explicación. Mi familia tuvo que mudarse de emergencia y perdí contacto con todos. Siempre quise volver para explicártelo.
Valeria bajó la mirada.
Aquellas palabras le recordaban mucho a la conversación que había tenido con Diego.
—Parece que tengo mala suerte con la gente que desaparece sin avisar.
Adrián sonrió con tristeza.
—Lo sé... y lo lamento de verdad.
Valeria permaneció unos instantes en silencio.
—Aprecio que hayas venido a decirme la verdad.
—¿Podremos ser amigos otra vez?
Ella sonrió con amabilidad.
—Con el tiempo... quizá.
Adrián asintió, agradecido.
—Eso es más de lo que esperaba.
A unos metros de distancia, Gael esperaba sin querer interrumpir.
Cuando Valeria terminó de hablar con Adrián, caminó hacia él.
—¿Terminó todo bien? —preguntó Gael.
—Sí.
—Me alegro.
Valeria lo miró con una sonrisa sincera.
—Gracias por confiar en mí.
—Nunca tuve motivos para no hacerlo.
Los dos continuaron caminando juntos hacia la salida.
Sin darse cuenta, sus manos se rozaron por un instante.
Ninguno la apartó.
Y aunque ninguno se atrevió a entrelazar los dedos, ambos sintieron que la distancia entre ellos era cada vez más pequeña.
Continuará...