Al amanecer, varios autobuses esperaban frente a la escuela para llevar a los estudiantes al campamento.
Todos estaban emocionados.
Camila no dejaba de tomar fotografías, mientras Mateo ayudaba a cargar el equipaje.
Valeria llegó unos minutos antes de la salida.
Buscó a Gael entre la multitud.
—¿Podemos hablar? —preguntó.
Gael asintió y caminaron hacia un lugar tranquilo, lejos del resto del grupo.
—¿Qué sucede?
Valeria sacó su celular y le mostró los dos mensajes anónimos.
Gael los leyó con atención.
—¿Desde cuándo los recibiste?
—Desde hace dos días.
—¿Por qué no me lo dijiste antes?
—No quería preocuparte sin saber si era una broma.
Gael guardó silencio unos segundos.
—Gracias por confiar en mí ahora.
—¿Crees que alguien quiera separarnos?
—No lo sé. Pero averiguaremos quién es.
En ese momento, la profesora llamó a todos para subir al autobús.
—¡Es hora de partir!
Durante el viaje, Valeria se sentó junto a la ventana.
Gael ocupó el asiento a su lado.
El camino estuvo lleno de música, risas y juegos organizados por los profesores.
Poco a poco, Valeria logró relajarse.
Al llegar al campamento, los estudiantes quedaron maravillados.
Había una gran cabaña de madera, un lago de aguas tranquilas, senderos rodeados de árboles y una amplia zona para fogatas.
—¡Es hermoso! —exclamó Camila.
—Mucho más de lo que imaginaba —respondió Mateo.
La profesora reunió al grupo.
—Las habitaciones serán compartidas. Las chicas dormirán en una cabaña y los chicos en otra. Además, realizarán actividades en equipos durante los próximos dos días.
Por la tarde comenzó la primera actividad: una carrera de orientación por el bosque.
Valeria y Gael quedaron en el mismo equipo junto con Camila y Mateo.
Mientras seguían el mapa, encontraron una pequeña caja de madera escondida entre unos arbustos.
Dentro solo había una hoja doblada.
Gael la abrió.
El mensaje decía:
"No todos los que sonríen son tus amigos."
Los cuatro se miraron sorprendidos.
—¿Será parte del juego? —preguntó Camila.
Mateo negó con la cabeza.
—No tiene el sello del campamento.
Valeria sintió un escalofrío.
Aquello no parecía una coincidencia.
Esa noche, después de cenar, todos se reunieron alrededor de una fogata.
Cantaron canciones, contaron historias divertidas y asaron malvaviscos.
Por primera vez en todo el día, Valeria olvidó los mensajes.
Gael se sentó a su lado.
—¿Te sientes mejor?
Ella asintió.
—Sí. Gracias por estar conmigo.
—Siempre.
En ese momento, las luces del campamento se apagaron por unos segundos debido a un corte de energía.
Cuando regresaron...
La caja donde guardaban los mapas de las actividades estaba abierta.
Y sobre ella había un nuevo sobre.
Con una sola frase escrita en letras grandes:
"Esto apenas comienza."
Todos quedaron en silencio.
Los profesores comenzaron a revisar el lugar mientras intentaban averiguar quién había dejado aquel mensaje.
Valeria y Gael intercambiaron una mirada.
La persona que enviaba las amenazas...
Estaba mucho más cerca de lo que imaginaban.
Continuará...