Escribo poesía para quien no entiende palabras, para quien no toca las comisuras del tono de la voz, del timbre de pequeños susurros del corazón, de un corazón cristalizado. Me encuentro pintando cuadros para alguien que no conoce el óleo y no se interesa en el lienzo, como las gaviotas que surcan los mares sin pertenecer a ellos, sin admirarlos ni observarlos, de ellos quienes obtienen su alimento, de él, de quien obtienen su saciedad.
Como las pequeñas hormigas que inundan mi habitación, al mirar el azulejo amarillento por el tiempo y descuido, me dirijo hacia el espejo y me pregunto por qué no puedo acabar con ello, por qué sigo sintiendo una pequeña punzada que mancilla mi ego.