No era que no pudieras hacerlo, no es que no tuvieras la capacidad de hacerlo. Mientras veo cómo te regocijas ante los regalos que ofreces a otros, me sumerjo en una profunda decepción.
Solo… elegiste no hacerlo por mí.
Pero yo… yo elegí amarte a pesar de todo, desactivar todas mis defensas para dejarte entrar, pero fue una falla en mi sistema, como un virus que infecta todo. Te entiendo, lo entiendo, lo sé, y me conozco, y aunque podría destruirte, elijo no hacerlo.
No pienso jugar contigo. Sé cómo ganar, pero no puedo edificarte a mi elección, porque entonces no serías tú.
Evan es egoísta, un egoísta que ignora mi existencia pero sigue sirviéndose de ella. Sé todo sobre la psicología humana, pero no sé nada sobre ser amado, y aun así te cedí el timón del barco, porque eres mi mejor amigo y nunca me lastimarías…
Pero me equivoqué.