Blue Collection

Fin de año

Estamos a octubre y mis compañeros decidieron festejar mi cumpleaños, y estoy tan feliz por ello que tengo unas inmensas ganas de llorar.

— ¡Bravo!.

— ¡Mordida!

— Pasen a dar sus abrazos.

— ¡Que el Güicho abra con los abrazos!

Luis es el hermano menor de Paola y entró hace poco a trabajar. Desde que entró ha demostrado ser demasiado amable, y lo sorprendente es que no le cuesta demostrar afecto o sus emociones.

Es una faceta que envidio de él, porque yo, por más que me esfuerce, no logro demostrar mis afectos sin sentirme avergonzada.

Soy buena riéndome cada que tengo oportunidad, pero la sonrisa acompañada de una risa es fácil de hacer. Pero si me haces preguntas respecto a mi persona y sentimientos que solo conocen las cuatro paredes de mi casa, no soy capaz de responder ni de demostrar. Es la ecuación más complicada para esta experta en matemáticas.

— Felicidades, Adri.

— Muchas gracias, Güicho.

Sucesivamente, todos comenzaron a abrazarme, y entre ellos estaba Korin, quien no me habla mucho, pero bueno, decidió darme un abrazo.

Si las acciones hipócritas no tuvieran filtro...

— Feliz cumpleaños, Adriana.

— Gracias, Korin.

— ¿Y yo? ¿No me dejarás pasar, Korin?

— Eh, sí, señor.

Korin se hizo a un lado y el diseñador se me acercó para abrazarme.

Sigo creyendo que su perfume es el más delicioso que he podido oler. Me encantaría preguntarle por el nombre de su perfume, pero me preocupa que una simple preguntita se preste para malos entendidos.

— Que te la pases bonito, Adri.

— Muchas gracias, señor.

— Vaya, llegué en un momento agradable.

— Hola, señora Luci.

— Hola, Adri. Muchas felicidades y ten un feliz cumpleaños.

La señora Luci me abrazó, y hasta hoy puedo considerar ese tacto de los más increíbles que he experimentado en mi corta vida.

Llámenme loca, fanática o exagerada, pero que te abrace tu celebridad favorita es todo un placer que las minorías no logran comprender.

Alexa y Cora repartieron el pastel y me abrazaron también. Solo puedo decir que hermosos sentimientos se están formando en mí sobre este lugar y las personas que trabajan aquí junto a mí.

Soy tan feliz...

Normalmente hacen estas reuniones a solo cuarenta minutos de salir del trabajo, así que en cuanto dieron las seis me regresé a mi casa con el pastel que sobró.

Lo llevo para mi mamá y mi hermanita.

Lamentablemente, al llegar, mi realidad no cambió y tal vez no cambiará.

Mi mamá solo me esperó para pedirme dinero. Su pago con "repartamos" está atrasado desde ayer y hoy solo le preocupaba que yo llegara con el dinero que le pedí prestado a Alexa.

Alexa es muy amable y en ningún momento me juzgó por pedir ese dinero, pero tampoco puedo negar que me dio mucha vergüenza ir a las oficinas solo para eso.

Hoy es mi cumpleaños, pero la mayoría de mis familiares están atentos en otros asuntos.

¿Soy muy caprichosa? ¿Espero demasiado? ¿O pido más de lo que me pueden ofrecer?

Cada que me siento molesta o frustrada no soy capaz de expresarlo, porque siempre que explotan mis emociones reprimidas lo que pudo ser una conversación algo tensa se vuelve un pleito interminable, donde todos nos decimos cosas hirientes y termino pidiendo más disculpas y, aún así, nada se resuelve.

Nada cambia y yo no puedo hacer nada. No me siento a gusto, pero ya no sé a dónde ir.

O tal vez sí tengo a dónde ir. Ahora, por fin, soy mayor de edad y podré escapar.

Solo que ahora voy a escapar para estar sola, porque juro que lo intenté una y otra vez... vivir, adaptarme y formar parte de una familia, pero termino sintiéndome como una carga, una intrusa o solo como servicio doméstico...

Y lo que yo quiero es vivir en un hogar donde me sienta a salvo, tranquila y amada.

Nadie de mi familia puede darme eso y ahora lo acepto, aunque admito que aceptarlo me dolió tanto. Pero no hay nada que yo pueda hacer para cambiarlo más que ver por mí misma.

Pasó octubre, noviembre y ahora estamos en diciembre.

Ya solo faltan unos días para la fiesta de fin de año que fue organizada por Alexa y Cora antes de irnos de vacaciones.

Estoy tan emocionada por cerrar el año así, festejando con mis compañeros y teniendo vacaciones. Además, se dice que este año el diseñador sí dará aguinaldo.

Al menos en mi primer fin de año no me ocurrió la misma tragedia que a mis compañeros, que me contaron que el año pasado no recibieron aguinaldo.

— ¿Crees que nos den aguinaldo, María?

— Quién sabe, Adri. El año pasado no hubo aguinaldo ni fiesta. Es extraño que todo lo quieran hacer diferente este año.

— ¿Será por Korin?

— ¿Por qué por ella?

— Últimamente todo lo que pide se le cumple. ¿Ves que incluso casi despiden a medio personal si no se detenían con sus burlas? Y al maestro Armando le quitaron el puesto para dárselo a Alexa.

Antes de llegar septiembre, al maestro Armando lo removieron del cargo de encargado de almacén, y ahora Alexa es la nueva encargada. A María, junto conmigo, nos volvieron encargadas de bodega.

Es extraño. No llevo mucho tiempo aquí y ya estoy teniendo cargos así. ¿Debería preocuparme?

Lo único que no podemos decir María y yo es que nos subieron el sueldo, o mis compañeros comenzarán a protestar.

— ¿Lista, Adriana?

— Sí, ya tengo mi vestido.

— Yo también. Ya quiero que llegue el día para irnos de vacaciones.

— Yo igual. Ya quiero descansar y pararme tarde.

La fiesta de fin de año fue el sábado. Fuimos a trabajar y salimos a las 2:00 p.m., y nos dieron una hora para ir a arreglarnos. En especial las chicas estábamos emocionadas por estrenar nuestros vestidos, usar tacones y lucir un maquillaje encantador.

Al vestirme de esta manera y ponerme maquillaje me sentí otra persona: una persona bella sin inseguridades. Así me gustaría ser, pero aún me falta mucho para lograrlo.




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