Al terminar la fiesta de Año Nuevo, Christian se despidió de su equipo de trabajo y cada quien se marchó a su casa.
Luciana decidió irse con Santiago y Pamela para cuidar a su hija en estas semanas culminantes de su embarazo.
En cambio, Christian decidió no irse con ellos. Sin embargo, no por las razones que tú crees.
En realidad hay algo muy importante en su mente que ha dejado pendiente por seguir a Korin estas últimas semanas.
Christian llegó a su mansión y, nada más llegar, se encerró en su estudio porque necesitaba diseñar, crear, o más bien sacar esa idea de su cabeza que no deja de resonar una y otra vez en su ya de por sí ajetreada mente.
No podía dar inicio sin antes sacar un frasco de su cómoda. Se trataba de un perfume, el mismo de siempre: el de Catalina Hern.
Este perfume es más que una fragancia para Christian. Sweet Heart es un afrodisíaco para él y su aferrada memoria.
No puede diseñar, crear o sentir placer si no está dicho perfume en el aire para complacerlo.
Al rociar el perfume a su alrededor, era como si ella... ella regresara a él y algo inexplicable tomara el control de su cuerpo y, sobre todo, de sus creativas manos, las mismas con las que tanto empeño ha logrado crear verdaderas obras de arte.
Al sentir esa sensación otra vez invadiendo su mente, Christian comenzó a diseñar y crear una nueva temporada. Pero ahora será la de primavera, que no tardará mucho en volver.
Christian se sentó en su escritorio y comenzó a dibujar. Otra vez. ¿Por milésima ocasión? ¿O es que ya perdí la cuenta de todas las veces que este lamentable hombre dibujó a su musa, inspiración de todos sus diseños?
Como siempre, la imagina vestida con una nueva creación de él mismo. No es su musa si no tiene un diseño de él sobre su cuerpo cubriendo su desnudez.
Sacó sus colores y herramientas de dibujo para lograr traerla de vuelta a su memoria. Su musa nunca morirá mientras él tenga habilidad para recrearla, y qué mejor con un nuevo diseño sobre la mesa.
No cualquiera lo sabe, pero ella siempre está presente en la creación de nuevos diseños. Es solo que Christian es tan envidioso como para mostrarla ante los demás hombres, que, como bien sabe o se imagina, solo admirarán la belleza de su musa y sentirán morbo de sus atributos, lo cual lo acabaría de celos.
Por esa misma razón, siempre que muestra una nueva línea de ropa lo hace sobre un maniquí en blanco.
Un cuerpo sin rostro, facciones o un alma que los demás puedan intentar robarle o corromper.
Al terminar de dibujar el nuevo diseño para la línea de primavera, Christian sacó el mayor detonante de su musa: el color geranio, un rojo tan intenso y propio del cabello de su musa.
Color que jamás puede faltar sobre ella, o dejaría de ser ella y Christian no la miraría.
Christian colocó el lienzo sobre la pared y lo miró detenidamente.
— Otra vez estás aquí... otra vez eres tú. Lamento tanto no haberte traído de vuelta antes. Es solo que tú... otra vez volviste a mí, pero en otro lienzo que yo me encargaré de retocar con el tiempo para que no dejes de ser tú.
La noche no será suficiente para que Christian termine de brindarle tributo a su musa, que tanto le encanta vestir.
Pasó la noche, el día, la noche, el día, otra vez la noche y otra vez el día, hasta que, sin notarlo, pasó una semana completa y nadie sabía dónde se encontraba Christian.
Christian estaba anonadado, creando y creando y, a la vez, perdiendo toda la noción del tiempo y los sucesos que cada vez le importaban menos.
Ver a su musa brillar una y otra vez sobre increíbles creaciones en moda azul le resultaba tan excitante, y su única morfina, con la que podía morir sin sentir ni una pizca de temor o arrepentimiento. Porque, después de todo, está muriendo junto a la musa que tanto ama recrear.
Cabe mencionar que Christian no ha muerto aún, gracias a Doroteo, quien, desde que notó la ausencia de su patrón en la agencia, se imaginó lo que estaba ocurriendo. Solo pasaron dos días para que Doroteo, como siempre, se hiciera cargo de Christian y de su brutal fascinación que podría matarlo, y él, encantado de que así llegara su final.
Doroteo sabía muy bien, después de varias veces que ha ocurrido la misma situación, que era inútil intentar sacar a Christian de su trance. Así que solo le preparaba de comer y lo dejaba en la entrada del estudio.
Porque interrumpir al "gran diseñador" se paga caro, y más hablando de un hombre que está pasando por una clase de adicción cuya abstinencia lo vuelve demasiado peligroso.
Así fue la semana de Christian y Doroteo: tan patética, tan agotadora y tan inservible. O, por lo menos, así se sintió Doroteo, que no abandonó la mansión hasta que Christian volviera en sí. Pero para que eso suceda iba a tardar demasiado tiempo.
Christian seguía pasando por un trance sin interrupción y sucumbiendo al afrodisíaco olor de Catalina Hern y de la pelirroja que tanto anhela y desearía tener en carne y hueso frente a él.
Mientras tanto, Doroteo pasó la semana siendo una nana y vigilante para su descuidado patrón, que no entiende lo peligroso que es esa situación para su salud.
Todo hubiera seguido igual si no fuera porque inesperadamente llegó Luciana a su mansión en busca de su esposo.
Debido a que Pamela ya dio a luz y Christian ni por enterado.
Luciana llegó hecha una furia por la ineptitud de su esposo, que ni una cosa puede hacer bien, como estar al pendiente del nacimiento de su primer nieto y de la salud de su hija.
Al entrar a la mansión, Luciana no se sintió sorprendida por la presencia de Doroteo en su casa.
Como ya lo mencioné, no es la primera vez que Christian cae en ese trance que podría llevarlo a la fatalidad.
— Doroteo...
Al escuchar la voz de Luciana, Doroteo se despertó y se levantó rápidamente.
— Buenos días, señora.
— Otra vez es lo mismo, ¿verdad?