Blue Collection

Sin escapatoria

Luciana llegó al camerino y al notar que la puerta tenía seguro comenzó a tocar.

Primero con calma, porque debía evitar cualquier escándalo; después de todo sería muy estúpido de su parte echar a perder tantas entrevistas con un comportamiento infantil.

Así quería seguir, pero Christian se negaba a abrir la puerta y ella se estaba comenzando a molestar más y más.

— Christian, abre la puerta...

Luciana se comenzó a rascar los nudillos de la ansiedad cuando de pronto llegó una tramoyista.

— ¿Tiene problemas con la puerta, señora Ferrer?

— Sí, un poco. Al parecer mi marido se quedó dormido.

— ¡Está bien! No se preocupe, iré por una llave.

— No hace falta.

Christian abrió la puerta y Luciana disimuló lo más que pudo su molestia.

— Perdón, cariño, me quedé dormido.

— No te preocupes, amor, ambos estamos cansados.

Luciana y Christian siguieron con su actuación hasta que lograron entrar al camerino.

Ambos permanecieron en silencio cuando Luciana decidió hablar.

— ¿Qué estabas haciendo, Christian?

— Ya te lo dije, me estaba quedando dormido.

— Sé que no es así, porque cuando te duermes es imposible despertarte.

— Me preocupa lo demasiado que me conoces, tanto que me es imposible mentirte, Luciana.

— ¿No será porque somos esposos?

— ...

— O más bien, yo me interesé en conocerte más de lo que tú querías conocerme.

— Te conozco, Luciana, más de lo que admito.

Luciana se volteó intentando ignorar a Christian.

— No te portes así, somos un matrimonio feliz, ¿o no?

Christian se acercó a Luciana y la abrazó por detrás.

— ¿Qué quieres, Christian?

— Basta, Luci. ¿De verdad no sentiste nada en este tiempo? Volvimos a estar juntos, más que nunca, compartimos escenarios, cámaras y memorias, hemos vivido tanto...

«¿Qué es esto? ¿Otra vez? Este calor me recorre otra vez. ¿Será buena idea dejarme ir?».

Luciana intensificó el abrazo tomando los brazos de Christian y otra vez... Luci fue víctima de su idealización.

Christian acomodó el cabello de Luciana y besó su cuello.

Luciana se recargó en el vanity y Christian se encimó sobre ella.

Un momento de pasión comenzó y fue brutalmente apagado por Christian... ¿Algo nuevo?

Christian sacó de su saco un mini atomizador recargable y comenzó a atomizar el cabello de Luciana.

Luciana reconoció el perfume de inmediato.

«Ese perfume... ¡Ese maldito perfume! ¡Ese estúpido olor dulce que contrasta con mi perfume de esencia fresca!».

— ¿Qué estás haciendo? Basta.

— No puedo, Luciana, no puedo si no está presente...

Luciana comenzó a derramar lágrimas de la impotencia, estaba en una situación un tanto inconveniente como para desprenderse ahora.

Gritar de rabia tampoco era opción o todos allá afuera del camerino la escucharían y los chismes no se harían esperar.

— ¡Maldito... lo has echado a perder! ¡Termina con esto rápido!

Christian siguió con su fantasía mientras Luciana se caía a pedazos sintiendo como Christian tomaba su cabello para olerlo.

El ruido de su nariz olfateando su cabellera nunca saldrá de su cabeza hasta el fin de sus días.

Esa noche Christian ya no rompió un corazón, ya lo había hecho desde antes, ahora destrozó la poca dignidad de Luciana y eso será difícil de perdonar para una mujer tan orgullosa.

— ¿Por qué te esmeras en sembrarme tanto odio?

— No soy capaz de causar más que eso.

Miraba las luces del vanity con la mente perdida, esperando que esto terminara rápido.

Él no me ama y eso ya lo sabía, pero ahora me doy cuenta de que tampoco me odia, en realidad no siente nada por mí.

Por eso no le importa causarme este tipo de daño, de cuidar su imagen ante mí o de seguir tratando de mantener la paz en esta forzosa unión.

...

Korin estaba terminando de empacar su maleta con toda la rabia que no dejaba estallar.

La única que estalló fue su madre Rocío, porque cuando Korin le dijo que se iba de casa para irse con su padre, Rocío enloqueció y no dudó en hacerla cambiar de opinión.

Sin embargo, Korin no accedió a las súplicas de su madre y fue allí donde Rocío recurrió a la violencia y toda la conversación fue de mal en peor.

Al final no llegaron a nada y Korin no cambió su decisión.

Korin intentó llamar a su padre una y otra vez, pero al igual que Christian él tampoco respondió las llamadas.

«¡Tú también, papá! ¡Todos son iguales!».

Korin tomó su teléfono y vio otra vez sus mensajes que le envió a Christian que aún están siendo ignorados por el antes mencionado.

Él cómo usó su última moneda que le quedaba y era su dignidad resumida en fotografías enviadas junto a sus mensajes de "quiero verte", "regresa", "responde", "¿Qué hice mal?" que Christian al final ni siquiera leyó.

Ya hice todo a mi alcance y aun así no me funcionó...

Otra vez estoy llorando, sintiendo como mis lágrimas recorren mis mejillas y nadie se da cuenta.

Mamá, decidiste hacerme daño en esa bofetada que me diste, antes que preguntar por qué quiero irme... ¿Así de la nada a una hija se le ocurre abandonar su hogar o más bien a su mamá?

Nuevamente Korin leyó su último mensaje, ese mismo donde decidió decirle adiós a Christian Ferrer.

Una palabra que la quemó por dentro antes de terminar de escribirla y le robó el alimento cuando la envió por mensaje.

Me temblaban mis dedos y mi pecho se encogió cuando escribí esas palabras, no sé si era por Christian o porque ya me ardían los dedos después de arrancarme los pellejitos hasta sangrar por la ansiedad de esperar que Christian respondiera mi mensaje, que tan siquiera el mensaje marcara dos rayitas en azul y no fue así.

Al final no puedo hacer nada, ¿verdad? Cómo quisiera tener a alguien con quien hablar, pero no hay nadie...

Decidí borrar los mensajes, porque me está haciendo más daño seguir leyendo a seguir vigilando que Christian me responda.



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En el texto hay: ficción realista, abuso laboral, grooming

Editado: 11.09.2026

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