Blue Collection

La llegada de una daga

La mañana comenzó con nuevas noticias y la llegada de la nueva encargada de bodega fue la más escabrosa.

— Buenos días, chicos, como ya muchos habrán escuchado, desde hace unas semanas dejé de ser la encargada de bodega por temas de salud y es por eso que nos estuvieron visitando tantas personas en los últimos días.

— Oye, Alexa, ¿por qué el maestro Armando no pudo recuperar el puesto de encargado?

— Tranquila, hija, yo fui quien no aceptó el puesto por temas personales.

La Rizos no se dará por vencida y espera que la nueva encargada nunca llegue, porque al final mejor conocido que nuevo por conocer.

— ¿O el maestro Alexis?

— Basta, Rizos, la nueva encargada está allá afuera y quiero que la reciban de buena manera, por favor.

Cora abrió la puerta y entró ella...

Una mujer que jamás olvidaré y cuya existencia me marcó más de lo que me gustaría admitir.

— Hola, buenos días, yo soy Araceli y espero que trabajemos bien.

Nos tratan como estudiantes de primaria, pero el BC obviamente no es un colegio o, bueno, solo lo es cuando les conviene a los Ferrer.

Nadie fue tan cálido como una profesora entrando a su salón de clases y siendo recibida por sus alumnos.

Porque esa mañana en el BC no le dieron la bienvenida a una nueva maestra; en realidad sus puertas fueron abiertas por Ferrer para recibir a su nueva tirana.

Araceli se presentó al mismo tiempo que un silencio sepulcral se apoderó de cada rincón del BC.

— Buenos días, bienvenida.

— ¿Cómo te llamas?

— Adriana.

Araceli dejó su tensión atrás porque alguien decidió romper un silencio tan incómodo.

— Como lo dije antes, yo soy Araceli y espero que nos llevemos bien, Adri...

...

Tal y como lo imaginé, la llegada de Araceli no le cayó en gracia a nadie.

— Mírala, solo está de aquí para allá y no hace ni madres.

— Pues, ¿no oíste, Tere? Que según ella solo está para vigilar, más no para trabajar con nosotras.

— De solo verla como se pavonea en la máquila ya me cayó mal.

— ¿Todavía no sale Adriana de la oficina?

— Hola, Anais, bonito día.

— ¡Ay! Perdón, Carmen, es que mi hermana se quedó con mis audífonos y los necesito para empezar a racear.

— ¿Tu hermana? ¿Adriana y tú son hermanas?

— Sí, Bere, ¿no lo sabían?

— No, es que ni siquiera se parecen o veo que se hablen, parecen un par de desconocidas.

— Pues ella que siempre está ocupada.

— Oye, y aquí entre nos, ¿a esta Adri le pagan más por todo lo que hace?

— La verdad no sé, pero conociéndola a lo mejor y no.

— Ay, no nos digas eso, qué culera se vería Alexa si no le aumenta el sueldo a Adriana a pesar de todo lo que hace.

— Pero ella también que es bien tonta y no se pone más al tiro con eso.

— Tienes razón, yo no haría tanto de a gratis.

— Aparte ya es hora de comer y sigue allá adentro en la oficina con Alexa, a ver si le repone este tiempo perdido.

...

Araceli y yo estábamos en la oficina siendo presentadas de manera oficial por parte de Alexa.

— Entonces, Araceli, como te comentaba, Adriana es muy buena en su trabajo y te será de mucha ayuda como lo fue para mí.

— Sí, es lo que veo y también me da gusto saber que hay una trabajadora competente.

— Bueno, Are, ahora ya solo falta que te presente a María, la encargada por tiempos.

— ¿Cómo? ¿No es Adriana?

— Mira, somos una cadena, yo soy la administradora, por fin solamente eso, y tú eres la encargada de bodega, María la encargada cuando tú no estés y Adriana es la aprendiz en turno, aunque ya lleva bajo su control algunos asuntos, como por ejemplo, Adri lleva las cuentas de las bolsas y es buena capacitando a los nuevos, ya verás que el trabajo no es tan malo ni difícil si tienes la suficiente ayuda.

— Ah... ya entiendo, bueno, Adri, me da gusto conocerte, pero ¿crees que puedas dejarnos a solas con Alexa?

— ¡Sí! De hecho ya no tarda en llegar Danilo y debo recibir las cuentas.

— Bye, Adri, cuenta bien, por favor, así como haces bien tus cuentas de los dulces.

— Sí, Alexa, ya me voy.

— ¡Ah! Y también come —revisa su reloj— son las 2:17 p. m., regresa de tu hora de comida a las 3:17 p. m. para que no sientas que te quito tu hora de descanso.

— Sí, lo voy a hacer, buen provecho.

— Provecho y come bien o te me vas a desmayar de tanto ayuno.

🤭

Salí de la oficina y cerré detrás de mí la puerta.

— Vaya que tiene mucha energía y veo que se llevan demasiado bien.

— Adriana es muy buena en lo que hace, ya verás que se llevarán muy bien.

— Sí, pero por ahí escuché que está enferma, ¿verdad?

— Oh... ya te enteraste, ¿por qué viene ese asunto al caso?

— Bueno, es que me pregunto, ¿qué puede hacer realmente?

— Si te refieres a ponerla a racear, de una vez te advierto que no lo hagas, porque me aterra la idea de lo que podría pasarle.

— Pero, ¿y si ella usa su enfermedad de excusa? ¿Cómo lo sabremos si no la ponemos a racear?

— Ya basta, Ara, Adriana trabaja bien en revisión y no se discute más.

— También vi en su expediente que falta mucho, o sea, aunque tú le tengas tanta compasión con no ponerla a racear, veo que se enferma. ¿No te da curiosidad saber qué tan "mala" es su enfermedad?

— Te daré un consejo, Ara, porque no quiero que empecemos con el pie izquierdo, antes de hablar investiga un poco, te voy a ser sincera, la primera vez que Adriana faltó por enfermedad se me hizo raro, porque como dices tú, ella no racea y aun así tuvo una crisis de asma, pero me di la oportunidad de no quedarme ignorante sobre el tema y me puse a investigar un poco y ahora sé que los solventes no son su único detonante, aquí en el BC hay polvo, animales, pelusa de cordón, listones, todos sin importar su género deben cargar grandes pesos, correr de aquí para allá y sobre todo hay grandes cambios de temperatura aquí en la máquila por las láminas del techo.



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En el texto hay: ficción realista, abuso laboral, grooming

Editado: 11.09.2026

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