Blue Collection

Retorno del Rey Lepra

Era la mañana más cálida o así la miraba yo, porque no dormí por terminar de poner cordón y vaya que veo todo de manera más amena.

Necesito dormir, pero aquí no puedo hacerlo.

La verdad no sé si lo que vi fue real o mi falta de sueño me creó destellos en la vista.

Las puertas de la imprenta fueron abiertas por Carlos el portero y una camioneta entró al terreno.

— Mira, una camioneta...

— ¡No manches! Es Don Chris.

Cora fue corriendo a la oficina y al entrar solo se escucharon voces y pasos apresurados.

Araceli salió de las oficinas con su taza de café y con azúcar en los labios.

Se nota que disfruta de la mañana, mientras nosotras debemos esperar a que lleguen nuestros veinte minutos para desayunar.

— ¡Chicas! Recojan la etiqueta que se les cayó al piso.

— Sonia, ¿por qué tienes un café?

— Se lo pedí al Campeche, Araceli.

— ¿A quién le pediste permiso?

— Lo pedí cuando llegué, antes de que dieran las 8:00.

— ¡Chicas! ¡¿Qué les he dicho sobre comer en horas de trabajo?!

— Que está prohibido.

— Gracias, María, como lo escucharon no deben comer cuando trabajan o le puede caer al material que revisan y no podemos entregar etiquetas o la bolsa en mal estado o nos multan a nuestro jefecito.

— ¿Quieres decir que nosotras no, pero tú sí?

Araceli ladeó los ojos, porque de inmediato reconoció esa voz.

— Otra vez Anais, son las reglas y Sonia las está rompiendo. ¡No te metas!

— Es que no es justo, todas tenemos sueño y frío, es obvio que un café no nos caería mal, pero tú sí puedes y a nosotras nos regañas por querer lo mismo que tú estás haciendo.

— Pero el detalle es que yo soy— ¡Buenos días!

Araceli y todas nosotras miramos a la puerta y allí estaba él.

El diseñador junto a su familia llegó al BC y era momento de que mi hermana y Araceli lo conocieran.

Anais miró a Christian y al igual que yo no podía creer lo que descubrió.

— ¡Dria! ¡Dria!

— Sí, él viene a este lugar.

— ¡Madres! ¡Dria!

— Hola, chicas, ¿cómo están? ¿Nos extrañaron?

— Hola, diseñador, nos alegra que viniera a vernos.

— Hola, Alexa, es que estuvimos ocupados.

Christian se hizo a un lado y todos vieron a Luciana junto a Pamela sosteniendo un bebé.

— ¡Ya nació!

— Es tan bonito, ¡ay! Qué hermosura, ya hasta quiero otro.

— ¡Hey! No te aloques, Tere, pero sí es muy lindo.

El trío del BC no tardó en estar de barberas y tratando de ganarse la simpatía de los Ferrer.

— Escuché que peleaban por un café y cosas calientes.

— Sí, señor, es que la nueva encargada quiere que sigamos las reglas, pero sin poner el ejemplo.

— ¿Es verdad lo que dice esta señorita? Aunque... no te había visto antes.

— Es la chica que recontratamos, Sr. Chris.

— ¡Ah! Ya entiendo, entonces me presento, yo soy Christian Ferrer y por lo visto tengo una conversación pendiente contigo.

Anais estaba sorprendida, pero ella tiene la habilidad de que sus pensamientos no interfieran con sus palabras.

— Sí, señor, cuando usted tenga tiempo tendremos esa conversación sin problema.

— Muy bien, mi pregunta no tuvo respuesta.

— Bueno, diseñador, es que Alexa me invitó una taza de café y ni modo de negarme a tomarla.

— Cierto, sería de mala educación... chicas, como la familia Ferrer está feliz con la llegada de un nuevo miembro, para festejar les invito a todas un tamal con atole, ¿les parece?

Todas se pusieron felices por la generosidad de Christian, mientras Araceli sonreía forzadamente, al final no es tonta y pelear con Christian no sería prudente, ya después vería cómo cobrar ese desplante de Anais y la desobediencia de Sonia.

— Oye, Julián, tú lánzate por los tamales.

— Sí, patroncito, pero a mí me comprará una guajolota, ¿verdad?

Todas se rieron, porque Julián siempre sabe cómo sacarte una sonrisa y quién mejor que yo para saberlo.

Cuando Julián se fue, todas volvimos a nuestras mesas a seguir trabajando.

— Hola, chicas.

— Hola, señora Luciana.

— ¿Dónde está su encargada?

— A lo mejor sigue con Alexis.

— ¿Cómo que con Alexis? ¿Debería estar aquí?

Luciana se fue a la guillotina y efectivamente encontró a Araceli con Alexis platicando tan a gusto.

— Buen día.

Araceli al mirar a Luci se paniqueó y rápidamente se presentó.

— ¡Buenos días, señora! Yo soy Araceli Morales y llegué hace unos días.

— Entiendo que llegaste hace unos días, me imagino que no conoces al cien el reglamento, así que ven conmigo a la oficina, necesito hablar contigo.

Araceli no refutó y siguió a Luciana a las oficinas.

No sé si sea el sueño que tengo, pero vi cómo los Ferrer entraron radiantes a la imprenta, dejando en claro que no pertenecen a este lugar incluso si ellos son los dueños.

Me refiero a que nosotros vestimos ropa vieja y algunas de mis compañeras la tienen manchada de pintura, pegamento o aceite en el caso de los hombres.

A lo mejor mis compañeras tratan de ir lo más presentables que les permite su clóset, con su ropa más impecable —aunque ¿para qué llevas tu mejor ropa al lugar donde evidentemente la arruinas con solventes y pinturas imposibles de quitar?— mis compañeras también se maquillan, perfuman y planchan su cabello todas las mañanas.

Simplemente es curioso cómo quieren verse lindas en un lugar que marchita su juventud.

Mis compañeros son más despreocupados en esa cuestión y solo se interesan en ir limpios, solo eso, no hay más y realmente lo que me impresiona de ellos es que a pesar de que no le invierten mucho a su imagen, aun así son tan Don Juanes y logran cautivar a mis compañeras que la verdad podrían encontrar un mejor prospecto allá afuera y no lo digo por dinero, en realidad me refiero a que sean solteros.

Los Ferrer entraron a la imprenta con ropa de diseñador, cabello salido del salón de belleza, rostros sin marcas, ojeras o uñas descuidadas y solo puedo decir que se ven tan sublimes a lado de nosotros... sus trabajadores que inhalamos solventes, nos cortamos con cúters —accidentalmente, claro— perdemos las uñas y nos quemamos la piel con P-900 para que ellos puedan lucir así.



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En el texto hay: ficción realista, abuso laboral, grooming

Editado: 11.09.2026

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