“La fama no compra virtud"
¿Tú tienes un ídolo?
¿Tu admiración por alguien es capaz de cegar tus principios y minimizar sus actos atroces?
No te voy a juzgar, porque yo sí admiro a alguien. Una persona que ni siquiera me conoce, lo que es absurdo.
¿Cómo admirar a alguien que solo aparece en pantallas?
Lamentablemente considero que no soy la única que ha cometido ese error. Creer que conoces a alguien solo porque lo ves a través de una pantalla, revistas, el periódico o incluso artículos es más común de lo que creo.
Lo que entiendo ahora es que no dejan de ser humanos y que no son perfectos. Lo que quiero decir es que también tienen errores o cometen delitos, pero ese lado oscuro jamás será enfocado por un lente de la cámara.
¿Quién es mi ídolo?
Sencillo: es el gran Christian Ferrer, pionero de la moda en azul, creador de la marca más conocida en esta era, Blue Collection, y desde hace unos años, mi patrón.
Te diré cómo fue que llegué a decepcionarme de él y por qué no es tan perfecto, y cometí un error al admirarlo como si no fuera un humano y un hombre.
Todo inició cuando entré a trabajar al B.C., una imprenta común y corriente que se dedica a imprimir una gran cantidad de artículos de Blue Collection como etiquetas, bolsas o mercancía del momento.
Recuerdo lo desilusionada que estaba de trabajar allí, porque yo siempre creí que en mi futuro estaba destinada a hacer más o ser más, no la empleada de una imprenta. Al contrario, yo quería ser diseñadora de modas, quería estudiar en el Mod Privilege y despegar con una gran carrera llena de triunfos. Pero ahora estoy aquí, afuera del BC, esperando por Cora y comenzar con una vida de obrero. Y eso duele, porque yo no quiero terminar así.
Es temprano y hace frío. Aparte tengo sueño porque no estoy acostumbrada a pararme tan temprano. ¿Cómo es posible esto? Hoy debía ser diferente. En lugar de estar aquí, hoy debía entrar a la universidad, debería estar dirigiendo a la universidad, pero no. Estoy aquí, afuera de esta imprenta, a nada de acabar con mis sueños.
Yo pude ser más y hoy debo aceptar que, en ocasiones, las cosas no son como uno quisiera.
En ocasiones la realidad pega muy duro, pero depende de nosotros si sobrevivimos y nos levantamos a sus golpes para seguir luchando en un mundo tan disparejo e injusto, lleno de personas tan miserables.
Al menos estoy feliz de que trabajaré en una rama, muy distante, pero no deja de ser una rama de Blue Collection, y lo haré bien.
Nadie sale por mí, así que decidí tocar la puerta y, ¡oh sorpresa!, sí hay un vigilante y dice que no puede dejarme pasar a menos que me permita la entrada un empleado del BC.
Entonces sí tendré que esperar a Cora. No pasó más tiempo cuando ella llegó.
—Hola, buenos días.
—Hola, ¿te hice esperar mucho? Perdón, se me hizo un poco tarde. Vamos a entrar.
Cuando entramos estaba sorprendida. Realmente desde afuera uno no puede imaginar lo enorme que es este lugar.
—Esta es la bodega del BC. Solo puedes entrar aquí, las demás bodegas pertenecen a otros dueños. Esta bodega es la del "diseñador".
—¿Quién?
—Lo entenderás después. Ven, te llevaré con Armando.
—¿Quién es Armando?
—Ya lo verás.
Entramos a la imprenta y la verdad esperaba que fuera un lugar increíble... Mi desilusión fue demasiado grande, porque este lugar está demasiado alejado de formar parte de Blue Collection. Sinceramente es horrible, tan solo por el hecho de que tiene tarimas amontonadas, suelo de tierra y cajas por doquier.
¿Llegué a una imprenta o a la casa de un acumulador compulsivo?
No esperaba una oficina, pero sí un lugar más organizado y sin tantas probabilidades de caer a pedazos.
—¡Sr. Armando!
—Hola, Cora. ¿Qué hay de nuevo?
—Mire, traje a alguien nuevo para trabajar. ¿La dejo con usted?
—¡Claro que sí! Hola, ¿cómo te llamas?
—Me llamo Adriana. Muchas gracias por recibirme.
—No te preocupes, no es a mí a quien debes agradecer, sino al diseñador. Pero ya después lo conocerás.
—Entonces ya te quedas aquí, suerte.
—Muchas gracias, Cora.
Cora se fue y se dirigió a otra área.
—Pensé que trabajaríamos juntas.
—No, Adri. Ella trabaja en _Tear Moon_.
—¿Eso qué es?
—Es una joyería, y Cora trabaja allí, en esas oficinas que están cerca de la entrada, para la hija del diseñador, que también es dueña de su propia marca.
Así fue como comenzó todo. Inicié a trabajar en _Blue Collection_ a los diecisiete años junto con aspiraciones de lograr salir de esa lamentable situación.
No sé cómo hacerlo y me siento perdida...
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Pasaron los días y fui aprendiendo más de la imprenta, pero estaba interesada en conocer al "Diseñador". Dicen que es el dueño y es el único que toma las decisiones de este lugar: permite la entrada de nuevos trabajadores, impone los salarios y decide nuestros horarios. Sinceramente es un explotador y un abusador de la carencia.
—Hola, muñeca.
—Hola, maestro.
—Quería decirles que hoy tendremos horas extras, así que ni se animen de que ya son las cinco de la tarde.
—¡¿Otra vez?! ¡NO! Yo no me quedo.
—María, entiende, debemos terminar el pedido para mañana.
—¡No! Nunca paga las horas extras. En ocasiones nosotros debemos exigirlas y aún así nos mira con molestia, como si pedir lo justo estuviera mal.
—Te lo dejo a tu criterio, María, pero recuerda que tú también necesitas favores del diseñador.
Al irse Armando, María volvió a sentarse y me miró.
Ella me asusta, es muy imponente. O bueno, para mí lo es.
—Si te quedas, pide tus horas extras. No dejes que te vean la cara de tonta.
—¿Cómo las pido?
—¿Nunca has trabajado?
—Como temporal, aunque nunca he trabajado fuera del horario.
—Las horas extras se pagan individual. Son cuarenta pesos por hora extra. Haz tu cuenta de cuántas llevas y el sábado, que cobramos nuestro sueldo, pide ese monto. Si no lo haces, no te las pagarán y tampoco debes regalar tu trabajo. Ese Chris es un maldito.