La fama no compra virtud
No puedo creerlo. Mi ídolo, mi diseñador
favorito, uno de los hombres más poderosos de
México dirige personalmente esta imprenta y no
solo eso: ¡tenemos el beneficio de conocerlo en
persona! ¡Oh, Dios mío!
—¿Cómo te llamas? ¿Estás bien?.
—¡Sí! Me encuentro bien, es solo que usted
es... a menos que sea un buen imitador.
—¡Oh, no! Nada de eso, soy yo en persona. En
realidad me sorprende que me reconozcas. Dirijo
esta empresa en esta parte del estado porque no
muchos tienen tiempo o interés de leer artículos
de moda y diseñadores como si se tratara de un
hobby.
—Bueno, en eso tiene razón. Cuando entré a
trabajar aquí estaba muy sorprendida de que no
tuvieran muchos datos de Blue Collection, a pesar
de que trabajan en una imprenta dedicada a su
marca.
—¿Qué se le puede hacer? Ellos son ellos y de
quien tengo interés es en ti. Ya no respondiste mi
pregunta. ¿Cómo te llamas?
—¡Ah! Lo siento. Yo me llamo Adriana Arenas
Toledo.
—"Qué coincidencia tan extraña".
—¿Cómo dice?
—Nada. Ven, necesito que hablemos sobre un
asunto importante en mi oficina.
Miré al maestro Armando de reojo y él solo
asintió con la cabeza. Entré despreocupada a la
oficina del diseñador.
No es gran cosa, a decir verdad. Esperaba un
poco más. Es muy pequeña y sin calefacción.
Aunque también es lo suficientemente apartada
de todo el ruido que escuchan mis compañeros. No
puedo creerlo: de tan increíbles cantantes y bandas
musicales, ¿tienen que escuchar eso?
No ataco a ningún artista y creo que el talento
vocal existe, pero considero que hay temas que no
se deberían engrandecer como si fuera algo bueno.
Ni mucho menos deberían sentirse orgullosos de que, gracias a tan desalmados actos, lograron salir de la pobreza. Es decir: ¿Puedes vivir feliz sabiendo que
destruiste la vida de otra persona? Yo no lo creo.
—Toma asiento, Adriana.
Me senté y los nervios comenzaron a fluir. ¿Y si
vino en persona a despedirme? ¿No, verdad? ¿Para
qué exhibirse?
Christian tecleaba sobre su computadora y en
unos minutos la impresora sacó unos documentos.
—Toma esas hojas, Adriana. Debes leerlas con
cuidado.
Me acerqué a la impresora, tomé los documentos
con cuidado y regresé a mi lugar para comenzar a
leer.
Evidentemente quiere que firme una carta de
confidencialidad, además del reglamento de la
imprenta.
«Negará cualquier cercanía con el propietario
Christian Ferrer... No está permitido hablar del
propietario Christian Ferrer con otras personas...
Queda prohibido pedir fotos, firma de autógrafos
y audios a Christian Ferrer... La relación solo se
limitará a ser laboral... Firmado el acuerdo, usted
pasaría a ser formalmente empleado de Blue
Collection».
Eran tantos lineamientos. Aunque aun así los leí
todos y no veo que alguno me perjudique. O bueno,
solo si voy de soplona a decirle a todos que Christian Ferrer está aquí trabajando. Aunque ¿para qué? El diseñador tiene razón: muchos de aquí no sabrán ni de qué o de quién hablo.
Dejé los documentos sobre el escritorio y miré al
diseñador por un momento.
—¿Terminaste? ¿Qué te parece? ¿Te unirás a Blue
Collection?
—Sí, señor. ¿Tiene una pluma?
—Toma.
Tomé la pluma y leí el último párrafo por segunda
vez.
«¿Está usted de acuerdo con los siguientes
lineamientos?... ¿Asegura que puede cumplirlos al
pie de la letra?... ¿Es consciente de las acciones
legales que podrían tomarse en su contra en caso
de romper algunos de estos lineamientos?».
«¿Realmente puedo ir a la cárcel si tan solo hablo
de Christian Ferrer en público? Eso no importa,
porque no lo haré. ¿Qué motivos tendría para hablar
de él? "Solo es en lo que cumplo dieciocho" y otras
empresas no me nieguen trabajar por mi minoría de
edad. ¡Hagámoslo!».
Sujeté con firmeza la pluma y firmé el párrafo
final. También la otra hoja donde, bueno, son reglas
más comunes de una empresa como "llegar temprano", "respetar a mis compañeros", bla, bla, bla.
—Ya termi— ¡Sonríe! —¿Qué?
El diseñador me tomó una fotografía con una
cámara instantánea. ¡Ahg! ¡El flash lastimó mis ojos!.
—Mira, saliste bella.
Sujeté la fotografía y era evidente lo que temía:
no soy nada fotogénica.
—¡Ay, no, por favor! ¿Me podría tomar otra?
—¿Por qué? Esta es muy bonita.
—¡No es verdad! Salí con la boca chueca, ojos
desorbitados y una pésima postura. ¡Usted debería
saberlo!.
Estuvimos unos segundos en silencio cuando de
repente me sorprendió mi nivel de mala educación.
«Ya la regué. No estoy hablando con un amiguito
de un club, sino con mi ahora jefe».
—¡Lo siento!
—No te preocupes. Además, te estoy diciendo la
verdad: prefiero estas fotos con tomas genuinas y no esas fotografías perfectas que en realidad lleva mucho tiempo tomarlas y solo para que las personas la pasen de largo ignorando todo el trabajo entregado en esa fotografía.
«Tiene razón. Muy rara vez alguien se toma el
tiempo de mirar la sesión de fotos de las modelos por muy hermosas que sean».
—Mira, la voy a pegar aquí junto a la solicitud de
empleo que le entregaste anteriormente a Coral y este documento estará junto a estos lineamientos. Y de ahora en adelante, este será tu expediente.
Es muy extraño. Estoy algo emocionada de ver mi
rostro en un folder de Blue Collection. Es como si
estuviera en algo grande. Qué ansias tengo de saber
qué tan maravilloso será esto.
—Tengo una duda, Adriana. ¿Qué tan peligrosa es
tu enfermedad?