Blue Colletion

Pelirroja atrapada

No puedo creerlo. Los vi...

No puedo sacarme esa imagen horrorosa de la cabeza.

Korin y el diseñador estaban...

🤮

Ella estaba recargada sobre la repisa y él estaba sobre ella, besándola sin ninguna piedad. Por un momento, en mi cabeza no dudé de la "inocencia" de Korin y creí que se trataba de un ataque y, sin importarme quién fuera él, su acto me resulta atroz.

¡Dios mío! ¡Korin solo tiene 15! ¡No creo que haga falta una explicación del porqué está mal lo que ocurre!.

Lo admiro, pero no lo amo. Mi fanatismo no ciega mi moralidad y por defender a una amiga no dudaré en... tomé una de las escobas que estaban en el pasillo y sin dudarlo yo iba a...

—Te amo.

«¿Qué dijo?».

Esto es terrible. ¿De verdad le dijo "te amo" a un maldito y asqueroso pedófilo?

Salí en silencio del lugar. Creo que ellos no notaron mi presencia.

Dieron las dos de la tarde y aquí estoy, comiendo con mis perturbadores pensamientos que no me dejan en paz.

¿A dónde rayos me vine a meter?

Estudié derecho y sé que esto está mal. Él incluso podría ir a la cárcel. Debería acusarlo, pero ¿cómo y de qué manera evito consecuencias?

Tengo miedo.

Y más aún si es que Korin no se considera una víctima y "lo ama". Es un maldito monstruo. Enamoró a la "Rojis", pero sé muy bien que eso es más un abuso que un romance.

¿Qué puedo hacer? ¿No debo interferir donde nadie está pidiendo auxilio?

—¡Aquí estás! —¡Ahhh!

—¡Korin!

—¿No íbamos a comer juntas? Qué mala, no me esperaste. ¿Qué estás comiendo? Ya no fuimos por el pollo rostizado.

—No, ya no fuimos. Tenía dos latas de atún en mi casillero y las preparé con mayonesa. ¿Quieres?

—No, gracias. Iré a comprarme una torta con el Campeche. ¿Ya te fía?

—Aún no. Dice el Campeche que necesita ver que dure un poco más en este trabajo porque no quiere arriesgarse a prestarme de su venta y que me vaya y no le pague.

—Entiendo. Regreso después.

Al irse Korin seguí comiendo e inesperadamente llegó María.

—¿Qué comes, Adri?

—Atún.

—Ya falta poco para entrar. Esta hora de comida dura muy poco.

—Es verdad.

—Mira, ya se va el Chris.

El diseñador subió a su auto y al percatarse de que María y yo lo veíamos, nos sonrió.

—Buen provecho, chicas.

—Gracias, señor.

El diseñador volvió a tocar el claxon y el vigilante se levantó a abrir la puerta. Al parecer se dedica únicamente a eso el vigilante.

—Esa miradita. ¿Qué tienes?

—¿Nunca has tenido un descubrimiento aterrador?

—¿Hablas de Korin?

🫥

—¿Lo sabes?

—Oh, inocente palomita. Todos lo sabemos. Te puedo asegurar que hasta el Campeche y los de la carpintería lo saben... menos tú.

—¿Son descarados?

—Bastante. Aunque la verdad es comprensible que no lo supieras aún, porque el diseñador no se había presentado en casi todo el mes en el que tú llegaste.

—Sin embargo, ahora entiendo tus indirectas a Korin. ¿Por qué solo te burlas de ella y no la ayudas?

—¿Ayudarla? Mira, Adri, ella solita se lo buscó. Créeme que el diseñador es un ojo alegre, pero también depende si le das entrada. Porque de todas las chicas que trabajamos aquí, te aseguro que cada una tiene una historia, pero de un solo episodio. Porque ninguna permitió que fuera a mayores. Excepto Korin, "la ingenua".

—¿Todas ustedes?

—Tal vez no todas, aunque sí la mayoría. Por ejemplo, Sonia lo dudo —[tono burlón] ya sabes, por su "apariencia".

—¿De qué hablas? Para mí, Sonia es muy bonita.

—En verdad tú no pones atención a nada.

—Eso ya me lo han dicho. No entiendo el sarcasmo, la ironía o no soy capaz de notar el cinismo de las personas.

—Aprenderás. Aún estás chiquita.

—¿Perdón? ¿Cuántos años tienes tú?

—Yo tengo 21 y llevo trabajando dos años aquí.

—Pensé que estábamos de la edad. Tú no eres menor de edad.

—No, y tampoco entré tan pequeña e ingenua como tú. Mi mamá sí me puso al tanto de lo salvaje que es el ámbito laboral y de que siempre debo pedir lo justo. No debo regalar mi trabajo a personas que ya de por sí ganan demasiado con su tacañería.

—Yo también aprenderé a pedir lo justo.

—Solo ten una cosa en cuenta: debes respetarte y no rebajarte a dar la "caricia".

—Eso lo sé. Y a pesar de toda la admiración que tenía por su trabajo, no caeré en esa tentación.

—¿Trabajo?

—Sí. ¿No lo sabes? Trabajas para Christian Ferrer, el gran diseñador creador de Blue Collection.

—Con mayor razón se siente intocable.

«Me pregunto si Korin hace "eso" por amor verdadero o dinero fácil».

La hora de comer terminó y al entrar para dejar mis cosas en el casillero me sorprendió lo que estaba ocurriendo a mis espaldas.

Korin entró a la imprenta con la mirada en alto, con una sonrisa orgullosa o más bien cínica. No puedo creerlo, no le da ninguna vergüenza que todos estén al tanto de su libertinaje.

—Hola, Adri. ¿Me enseñas tu bolígrafo?

—¿Cómo sabes que ya me lo...? Oh, cierto. Aquí está.

—Se ve tan lindo. ¡Mira! Este es el mío.

—Increíble. Tu bolígrafo... ¿Es de plata?

—No lo sé. El diseñador me dio uno especial para mí.

—Es verdad.

El bolígrafo de Korin tiene su nombre grabado en el mismo bolígrafo. Al parecer es de plata con varios Swarovski en la punta.

«Entonces es verdad. Ella es como la abeja reina o tal vez no. Después de todo, el diseñador es casado y dudo mucho que deje a su esposa por Korin. Y tal vez la misma Korin lo sabe y lo acepta. Lástima que no sabe que merece más que eso».

—Adri, dijo el maestro Armando que revisaremos las etiquetas del tomo #2.

—Voy por ellas al almacén para empezar a desbarbar el material.

—¡No! Yo voy por ellas. Espérame aquí.




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