Con la llegada de Alexa al BC, muchas cosas comenzaron a cambiar.
En cuestiones de limpieza y vigilancia.
— ¿Crees que coloquen más cámaras en la imprenta?
— Esperemos que no o ya no podré ni rascarme el orto a gusto.
— ¡Ay, qué asco! Eres un asqueroso, Julián.
— Es la verdad, María. Yo tenía un lugar para descansar unos minutos y ahora por culpa de las cámaras ya no me puedo ni acercar.
— Oye, Carmen, ¿por qué estarán colocando tanta cámara?
— ¿Todavía lo preguntas, Berenice? ¿Qué no es obvio?
— ¿Crees que sea a causa de Korin? Aunque si lo pensamos bien, también podría ser porque muchos de nosotros ya teníamos nuestros "rincones" para escondernos. ¡Oh! Era demasiado agradable como para durar.
— Tal vez tengas razón, pero ¿por quién más tomarían semejante decisión?
— ¡Dejen de hablar! ¿Cuánto llevan de material?
— 2100, María.
— Eso es muy poquito, ya son las 4:00 de la tarde y no llevan ni la mitad del mínimo. Deben apurarse o las cambiaremos de equipo.
María se fue dejando a Teresa y Berenice enfurecidas.
— ¡Ay, sí! Ya se cree mucho porque ya la "etiquetaron".
— ¿Crees que le subieron el sueldo?
— Es muy probable, porque ella no da paso sin huarache y dudo mucho que haya tomado este puesto de a gratis.
— También Adriana ha cambiado un poco, ¿no lo crees?
— ¡Pues sí! ¿No ves que ahora ella es la favorita de Alexa? Y la trae de aquí para allá, pero obviamente con preferencias indiscretas.
— ¿Cuáles preferencias?
— Aquí no permitían vender nada, pero solo fue "Adrianita" a hablarle a su "jefecita" y le dieron permiso de vender dulces.
Así es, a solo cuatro meses de haber entrado a trabajar aquí, pedí permiso para vender dulces y vaya que ha funcionado, porque llevo un mes vendiendo y gano bien, la verdad. Pero las malas lenguas nunca se podrán evitar.
También es cierto que me volví una especie de "asistente" para Alexa. No me pagan más porque me dijeron que primero necesito ganar más experiencia debido a que no llevo mucho tiempo aquí.
Aun así me siento afortunada por tener este pequeño negocio.
— Hola, Adri.
— ¡Hola, Patricia! ¿Cómo estás?
— Yo estoy muy bien, Adri. ¿Tú cómo te encuentras?
— Estoy muy bien y demasiado contenta.
— Sí, ya lo vi por tus dulces y déjame decirte que todo se ve muy rico. Ya verás que te irá muy bien.
— Muchas gracias.
Patricia no habla mucho y ni hablar de Sonia, pero son chicas muy agradables y sobre todo amables conmigo. Confieso que las aprecio mucho.
— ¡Adri!
— ¡Hola, Rizos!
— ¿Trajiste mazapán?
— Sí, sin falta. Ya te cumplí tu antojo.
— ¡Ay, qué bueno! Los llevo esperando desde la semana pasada.
— ¡Vamos, chicas! Regresen a su lugar y tú, Adri... Dame tres Bubulubus.
— Toma, Alexa. ¿Qué vamos a hacer?
— Revisar bolsa. Llegaron los trabajos de Rosa, Irma y Jacinta. Por favor, ayúdame a llevar las cuentas en tu libreta, por favor.
— Sí. ¿Sabes cuánto entregaron?
— Pide esa información con Danilo, yo debo regresar a la oficina. Bye.
— Bye, bye. ¿Dónde está Korin?
Ha transcurrido un mes desde la llegada de Alexa y su presencia ya causó estragos entre Korin y Christian, porque a pesar de las pocas asistencias de Luciana a la imprenta, la extrema vigilancia de Alexa puso en alerta a Christian, quien decidió alejarse indefinidamente de Korin, lo cual la tiene consternada y sobre todo preocupada. ¿Este será el fin?
Korin estaba nuevamente dentro de los baños intentando tener suerte.
Estaba sentada en la esquina del baño, devastada. ¿Por qué me siento mal? Fácil, porque mi amado Christian dejó de responder mis mensajes o de llamarme. ¡Por favor, mi amor! Esto me duele demasiado, ¡no puedo soportarlo más! Mi gran amor está distante y todo por culpa de esa bruja entrometida. ¿Merezco sufrir de esta manera? Yo solo quiero verlo, abrazarlo y saber que todo está bien, pero ¿cómo? Si no me busca o me responde mis llamadas.
— [El número que usted marcó se encuentra apagado o...] Cuelga. ¿Por qué? ¿Cuánto tiempo más debo esperarte? ¡Eres un maldi...! —se tapa la boca y ejerce fuerza sobre sus mejillas— ¡No! Lo lamento, yo te esperaré el tiempo que necesites, pero ya no tardes más, por favor... Christian...
Adriana entró al baño y golpeó la puerta.
— ¡Hola!... Korin, te aviso que afuera ya notaron tus largos tiempos en el baño y ya sabes que comenzarán con sus intrigas. Ya debes salir.
Korin se levantó molesta y abrió la puerta.
— No me grites, que no estoy soportando.
— ¿Cómo estás?
— ¿No es obvio? Estoy mal, muy mal.
— Tranquila, vas a estar bien, pero necesitas tomarte un tiempo y soltar ese pesar.
— No sé qué hice mal, estábamos bien y de un día para otro dejó de contestar.
— Es porque ya hay sospechas por parte de la señora Luci y no creo que quieras enfrentarla si se entera.
— Pensé que una situación así me resultaría muy dura, pero esto es más de lo que puedo soportar y ya no sé qué hacer. También ya estoy harta de las burlas que recibo a diario. ¿Por qué son así?
— Porque no sabes separar lo personal de lo laboral.
— ¿Qué?
— Lo que quiero decir es que siempre te muestras como te sientes y eso les da ventaja a ellas. Por ejemplo, desde la primera semana que dejó de responder el diseñador a tus mensajes comenzaste a venir con los ojos hinchados, evidentemente de tanto llanto, y oliendo a alcohol. Como consejo... no tomes, Korin. Tu hígado no tiene la culpa y además en estos días tu apariencia física se ha deteriorado. No te has depilado las cejas, creo que ni te bañaste hoy y lo más notorio es tu cabello: no te lo has retocado y es evidente por tus raíces negras.
— ¿Me comparas con Sonia?
— ¡Oye! Estamos hablando de ti, no tienes por qué meterla a ella. Y además, ¿es cierto que lloraste? Me contó la Rizos que pusieron una canción y comenzaste a llorar. O Alexa no se ha dado cuenta o finge no notarlo, pero tú solita ya diste mucho que pensar y créeme que mostrando esa vulnerabilidad solo conseguirás que se burlen de ti.