Blue Colletion

Dura realidad

Hoy es lunes y regresamos a la imprenta de donde viene nuestra querida Korin.

Como inicio de la semana parece que el domingo sí nos reconforta, porque no falta nadie.

Korin llegó a la imprenta y Alexa ya la estaba esperando.

— ¡Ah, sí! Sí llegué.

— Ya son las ocho con dos, Korin.

— Ay, Ale, solo por dos minutos.

— Dos minutos son dos minutos ¿Por qué no viniste el sábado?

— Perdón, ja, ja, se me hizo tarde.

— Tarde, tarde ¿Crees que esa es una justificación?

— Perdón, no lo vuelvo a hacer, perdóname.

— No, te recuerdo que solo pueden faltar por enfermedad y deben traer su justificante médico junto con su ticket. La próxima vez que me faltes así te regreso la semana completa. Ya estás advertida. Pasa, que tenemos mucho trabajo.

En eso llega Adriana corriendo e interrumpe el sermón de Alexa.

— ¡Hola, Ale! ¿Bonita mañana?

— Lo que me faltaba, si una está mal, habrá otra peor.

— Lo siento, me quedé dormida.

— ¿Ves, Alexa? Sí pasa.

Llegaste tarde, pero aún así viniste, Adri, pásale.

— ¿Qué? A mí sí me regañas y a ella la dejas pasar como si nada.

— Es tarde, pero se presentó. Tómalo en cuenta.

— "Toma en cuenta", obvio, como es su favorita.

La jornada laboral dio comienzo y mientras el maestro Jonathan cortaba hojas y marcaba el suaje.

Korin, la Rizos, Paola, Alejandra, Carmen y Teresa estaban raceando la hoja.

Mientras Adriana, María y Berenice revisaban el material para que Danilo y Julián pudieran irse a repartir.

También el maestro Armando y el maestro Alexis están imprimiendo etiquetas para Blue Collection y su temporada de invierno.

Su color azul aperlado es hermoso, pero la pintura utilizada para su impresión es demasiado tóxica.

Gran parte de las pinturas utilizadas en este lugar contienen metales pesados como el bario y los solventes que utilizan para remover la pintura, el p-900, también es demasiado dañino.

Me dirigí al almacén por un solvente para Carmen, pero al llevárselo me llevé un susto horrible.

— ¡Ah! ¡Mi cabeza!

— ¿Qué tienes? —la sujeta— ¡Carmen!

— Ay, Adri, me mareé.

— ¿Estás bien, Carmen?

— No, Teresa, se me quiere bajar la presión.

— No exageres, tómate una coquita —se mete al pasillo.

— Hija de perra, esta Coral solo habla y ni sabe lo que estoy sintiendo.

— ¿Cómo va a saberlo? Si solo conoce la presión alta.

— Ja, ja. Ay, Tere, pinche mamona.

— ¿Crees que Alexa te cambie de raceo si le dices de tu presión?

— No lo hará, Adri, no te preocupes, voy a estar bien. Mejor ¿podrías venderme un Bubulubu? Por favor.

— Sí, yo te lo traigo.

Llegué a mi casillero y María ya me estaba esperando.

— ¿Qué pasa, Adri? ¿Qué tiene Carmen?

— Se le bajó la presión.

— Otra vez está de exagerada, no te preocupes por ella, solo le gusta llamar la atención.

— Tengo una enfermedad crónica degenerativa, así que no me gustaría que alguien me dijera exagerada o que solo busco atención cuando en realidad me estoy sintiendo fatal.

— No, no lo tomes así. Quiero decir que Carmen ya tiene la mala costumbre de decir "se me bajó la presión" para no trabajar y es por eso que Alexa ni Coral le hacen caso cuando lo dice. Aun así ve y llévale ese chocolate, lo necesitará.

Me fui de los casilleros y llevé el chocolate para Carmen, quien ya había acaparado la atención de los maestros.

— Toma, Carmen.

— Ay, gracias, Adri.

— Toma esta Coca, está nueva, te ayudará.

— Gracias, Alexis.

— Vaya, saliste muy atento.

— Sí, Teresa, la compañera se siente mal.

— Por eso yo ya le he dicho al diseñador que esas mugres son demasiado dañinas y no me escucha.

— ¿De qué hablas, Armando?

— Mira, Tere, tan solo ese solvente se debe manejar con un equipo adecuado como guantes, lentes y un respirador.

— ¿Por qué, Armando?

— Porque contienen químicos demasiado dañinos a largo plazo.

— Yo también investigué, maestro, y tampoco se debe exponer a la piel porque puede ocasionar dermatitis o incluso quemaduras en la piel y el estarlo inhalando provoca náuseas, mareos o cambios de humor.

— Ja, ja, Adri, eso explica lo sangrona de Paola.

— No, Carmen, ella es así con o sin solvente.

— Otra vez Paola ¿Qué les hizo, compañeras?

— ¡Ah! Sí es cierto, su súper novio está aquí.

— ¿Qué pasó? No, ella no es mi novia, Tere ¿No te dije que soy casado?

— Ay, Jonathan, todos lo sabemos y los hemos visto, par de calenturientos.

— Oh my God ¿Hiciste la tarea, muñeca?

— Sí, me puse a investigar estos químicos y son un peligro ¿Por qué los usamos?

— Son baratos, Adri, ahora sabes por qué no te dejé racear.

— Sí, porque también provocan daños respiratorios.

— Así es y Dios nos libre si te da una crisis aquí en el trabajo.

— No diga eso, maestro, se nos pone mal la Adri y no la contamos.

— Yo leí que estos químicos causan disminución intelectual, no me hagan mucho caso.

— No, Tere, no culpes a los químicos por lo que ya viene de fábrica, ja, ja.

— No te pases, ja, ja, te mamaste.

— En pocas palabras, esto solo nos matará.

— ¡¿Solo?! No, como morir es algo tan normal.

— De hecho es normal, Tere. La manera en que vamos a morir es lo realmente aterrador porque no lo sabemos hasta que llega el momento.

— ¿Qué están haciendo todos aquí?

Todos voltearon y era María, furiosa, quien llevaba tiempo observando que no estaban haciendo nada por andar platicando.

— Regresen a su lugar.

Me fui con María y ella me tomó del brazo.

— Adri, no hagas eso o te van a despedir y la verdad trabajas muy bien como para perder tu trabajo por juntarte con esos flojos.

— Está bien, María, gracias por el consejo.

— ¿De qué hablaban? ¿De mí o de Paola?

— De los solventes ¿Sabías del daño que provocan?




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