"La arrogancia es el ruido
que hace la ignorancia
cuando cree saberlo todo".
-Anónimo.
Conforme avanzaban los días la imprenta cada día más estaba sumida en un ambiente tenso, pesado y asfixiante.
Todo porque Korin ahora se cree la futura "dueña" de la imprenta y esa "posición" le daba derecho de mandar, despreciar y hacer menos a sus compañeros que siempre se quedarán como simples trabajadores.
Ya nadie la soporta y los pleitos entre la Rizos y Korin van en incremento, lo que vuelve más pesado el ambiente. Además de que ahora hay dos bandos.
El bando de las interesadas es ese donde solo se reúnen las "amigas" de Korin que la aconsejan y apoyan en su relación con el diseñador sin importarles si es un asunto inmoral, incluso ilegal.
También está el grupo de los neutros: no están en contra, pero tampoco están de acuerdo con estos tratos tan injustos por parte de Korin.
— ¡Hola, Adri! ¿Qué trajiste esta semana, Adri?
— Hola, Rizos. Traje Duvalín, Tutsi, mazapán, cerillos, Tops, chicles y gomitas.
— Quiero dos mazapán, unos Tops y tres cerillos, por favor.
— Ay, ese "puesto".
— ¿A ti qué, Korin?
— Tranquila, Rizos ¿Vas a comprar, Korin?
— No, Adri. Veo que te va bien.
— ¿A qué viene eso?
— ¡Nada! Solo que me parece que deberías darme una comisión por dejarte vender en mi imprenta.
— Cuando te asciendan de piruja a esposa me avisas y nos ponemos de acuerdo con esa comisión.
— Estúpida.
— No más que tú y tu incrédula creencia de que algún día te casarás, pobre niña tonta.
— Cuida tus palabras o te prometo que mañana dejarás de trabajar aquí.
— Lo dudo mucho.
Korin se alejó y lo único que fue a hacer es a quejarse con el trío del BC.
— Maldita Adri.
— ¿Otra vez peleaste con ella?
— Quiero que se vaya y no logro que Christian se deshaga de ella.
— ¿Por qué será?
— Ay, Carmen, no estarás insinuando que Adriana...
— Obvio no, Bere. Lo que estoy pensando es que el diseñador ya lo notó.
— Entonces ¿qué cosa?
— Esta Adriana nos oculta algo, aún no sé qué será. Lo que puedo asegurar es que debe de ser demasiado grande como para que el diseñador no quiera arriesgarse con ella.
— ¡Ay, no lo sé! Lo único que sí reconozco es que me tiene harta.
— Ya te dijimos, amiga, trátalo bien y ya verás que conseguirás todo sin preocuparte.
— ¿Te ha regalado cosas?
— Por supuesto, me ha regalado ropa, zapatos, perfumes, dinero, joyas. Ay, me da de todo y por un precio razonable, ja, ja.
— ¡Eso, mujer! Solo así se obtienen las cosas. Por ejemplo, yo estuve a nada de casarme con un hombre de dinero.
— ¿Y entonces, Carmen?
— Le tuve miedo al matrimonio y lo dejé ir. No cometas mi error o terminarás igual que yo: soltera y trabajando hasta los treinta.
— ¡Ay, no! Yo por eso me casaré antes de los veinte y ya no tendré que preocuparme por dinero después.
— ¿Cuándo lo volverás a ver?
— Esta noche, Tere, y ahora no sé a dónde me llevará a cenar.
— ¿Son tan increíbles esos restaurantes?
— Claro, tienen nombres tan complicados que a veces ni lo recuerdo, pero no dejan de ser grandiosos.
...
Korin se sentía feliz por su nueva vida y últimamente las visitas a su madre han disminuido, situación que ni siquiera es notada por la señora Rocío.
— Hola, mami.
— Hola, Kori ¿Salieron temprano?
— Sí, mamá, hoy salimos a las cinco ¿Vas a trabajar hoy?
— No, Korin, pero me voy a ir con mi comadre Sofi. Tú sabes, hoy es día de domino ¿No tendrás unos pesos?
— Sí, ma, toma y esto es para el gas.
— Ay, mi niña, siempre tan responsable y atenta con tu madre —besa su mejilla— bueno, ya me voy.
— Adiós, mamá, ten suerte.
— Ay, sí, a ver si ahora no pierdo tantas jugadas como ayer.
La señora Rocío salió de la vivienda y una situación repetida volvió a dar inicio.
Una madre que prefiere los juegos y la compañía de los hombres más que el ser una madre presente y una niña que siempre anheló el amor de su madre, más que otra cosa, que la escuchara, cuidara y protegiera ¿Era demasiado pedir?
Korin se recostó como muchas veces pasadas, triste y con un sentimiento de abandono que la asfixiaba. Las cuatro paredes de su habitación eran testigos mudos de su pena y deseos que no eran escuchados por Rocío.
— Mamá... otra vez no estás, mamá ¿Por qué no me quieres? ¿Esas personas qué tendrán o darán que yo no puedo igualar? ¿Por qué no soy suficiente para ti?
Korin tomó su celular e intentó por milésima vez volver a marcar ese número que nunca le responde.
"El número que usted marcó está ocupado o fuera—"
— Otra vez no responde mi papá o mi hermana ¿Por qué no quieren hablar conmigo?
«¿Soy tan insignificante para las personas que no les preocupa cómo me siento o cómo me encuentro?».
El teléfono vibró y Korin, al revisar el número, sus lágrimas desaparecieron y su sensación de asfixia pasó a ser una de calma.
— Chris...
Antes de contestar la llamada Korin se limpió las lágrimas y se miró al espejo, además de ensayar su voz porque no quería que Christian se diera cuenta de que estaba llorando.
— Hola.
— Hola, mi amor ¿Cómo estás?
— Estoy bien, aunque quisiera verte, te extraño mucho.
— Te leí la mente, yo también quiero verte, así que te aconsejo que en unos diez minutos estés lista para que Doroteo te recoja.
— ¿Ahora nuestra reunión no será en el departamento?
— No, te tengo una sorpresa.
— Está bien, cariño, nos vemos en unos minutos.
Korin se entusiasmó y salió corriendo de su casa y rápidamente se encontró a Doroteo esperándola.
Korin está impaciente por reunirse con su amado Christian.
Se sintió extraña cuando Doroteo se detuvo frente a un hotel, el famoso hotel Castella, muy reconocido por más de una vivencia vivida por las personas de esa alcaldía.