Boarding School

| Capítulo 37 | Aclaraciones.

👭🏽✨ NICK ✨👭🏽

 

No sé en qué demonios pensaba cuando le pregunté qué siente por mí. Es como si... Cada vez que estoy junto a ella, olvido todo lo que es correcto. Tengo claro que es una niña, una niña que siente que ya es adulta y que sabe todo acerca de la vida.


¿Me siento atraído hacia ella? Si. Ya no tiene caso seguir negándolo. Pero, eso no significa que nos veo tomados de la mano; caminando frente a todos sin importar lo que puedan pensar. Quiero seguir viviendo con la idea de que esto es algo pasajero, y que todo es culpa de Patrick, por meter esas ideas estúpidas en mi cabeza.


Hice mis pensamientos a un lado en cuanto vi la hora en el reloj que colgaba de la pared. Ya había pasado un rato desde que Solange se fue de regreso al colegio, no creo que siga sentada en el coche; es un viaje de unos cuarenta minutos y, tomando en cuenta la hora que es, ya debió de haber llegado. Y claro, supongo que no llamó ni mandó algún mensaje para avisar, porque está molesta por lo que pasó. Sin importar lo que pueda pensar, marqué su número, pero no recibí respuesta. Dios... Tiene que empezar a madurar.


El timbre sonó por toda la casa. Cuando me puse de pie para abrir la puerta, Aiko estaba frente a mí, con una bolsa de su restaurant chino favorito en sus manos.

 

 

—Lamento no haber avisado —habló apenada—. Pero, en mi defensa, no quería que salieras con alguna excusa, así que decidí sorprenderte.

—No te preocupes —sonreí a medias—. Muero de hambre —dije cuando la dejé pasar.

—Qué bueno que siempre estoy aquí para salvarte la vida —besó la comisura de mis labios—. Veo que tenías visitas —volteó a verme, como si estuviera esperando una explicación de mi parte. Sobre la mesa en el centro de la sala habían dos vasos—. ¿Puedo saber quién era?

—Aiko...

—Lo siento —dijo rápido—. Eres un hombre libre y puedes hacer lo que quieras con tu vida.

—¿Cómo estuvo tu día? —no quiero crear un momento incómodo, así que lo mejor era cambiar de tema. Llegamos a la cocina, y nos sentamos en los taburetes de la isla.

—Estresante... Como todos mis días en el colegio —del mueble sacó dos platos.

—Te entiendo perfectamente —en lo que ella servía la comida, me dispuse a sacar dos gaseosas del refrigerador—. Los chicos pueden llegar a ser... Insoportables.

—Demasiado —rodó los ojos—. ¿Tienes idea de qué le ocurre a Nicholson?

 

 

¿Por qué preguntaría por ella? Entendería que lo hiciera si Solange estuviera entre sus alumnos preferidos, pero ambos sabemos que no le agrada.

 

 

—¿A qué te refieres con eso?

—¿No revisas el grupo de los profesores? —soltó un bufido—. Esta tarde interrumpió el entrenamiento de natación de los chicos.

—¿Y eso qué?

—Fue a romperle la nariz a Will Thompson —dijo indignada—. Tu padre hizo muy mal en aceptar a esa chica en el colegio.

—¿Por qué insistes en juzgarla?

—¿Crees que la estoy juzgando? —habló entre risas—. Ella misma se está creando esa reputación.

 

 

Bien, acepto que tiene un punto. Su manera de comportarse solo hace que todos piensen lo peor de ella.


Sé que en el fondo tiene un buen corazón, porque a pesar de que al principio no quería hacerlo, me di la oportunidad de conocerla. Para todos aquellos que no saben la verdadera razón por la que decidió entrar al colegio, es más fácil pensar que está actuando como una chica rebelde y malcriada. Pero, los que sabemos sus motivos, entendemos porqué actúa de esa manera, aunque no siempre sea la correcta.

 

 

—En eso te doy la razón —dije, estando de acuerdo—. Pero no la juzgues sin saber sus motivos.

—¿Motivos de qué? —cuestionó interesada.

—Nada. No me hagas caso.

—Muero por irnos de viaje —habló en un tono chillón, llevándose la cuchara a la boca—. Necesitamos un descanso del colegio.

—Definitivamente —respondí sin voltear a verla. Estaba más concentrado en mi celular que en ella o el plato de comida frente a mí. Entiendo que Solange se haya ido molesta, pero que no tenga un poco de decencia en enviar un mensaje para avisar que llegó bien o, que no responda mis llamadas o mensajes, hacen que empiece a preocuparme.

—¿Nick? —acarició mi mano haciéndome salir de mis pensamientos—. Pareces preocupado. ¿Qué ocurre?

—No es nada.

—No me parece que sea así, ya que tu celular parece ser más importante que yo o la comida.

—Lo siento —confesé apenado. Las malas noticias son las primeras en saberse, ¿cierto? Si algo le hubiera pasado, ya lo sabríamos, así que... Voy a dejar de estar preocupado por ella y le voy a dar su espacio.

 

 




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