La casa en la que se habían mudado Kang y Max era demasiado grande para dos personas que apenas podían mirarse sin discutir.
Las cajas aún estaban sin abrir y el eco de sus pasos se extendía por el salón vacío. Kang observaba el lugar con los brazos cruzados mientras Max dejaba una mochila sobre el sofá.
_No tenías que traer tantas cosas -dijo Kang con frialdad-. Esto es solo temporal.
Max soltó una risa corta.
_Temporal... claro. Solo vamos a vivir juntos hasta el matrimonio que nuestros padres decidieron por nosotros, tener dos o cuatro hijos, criarlos y luego vivir juntos por el resto de nuestra estúpida existencia.
Kang apretó la mandíbula.
_No empieces otra vez.
_ ¿Por qué no? -respondió el omega, girándose hacia él-. Ante ayer parecía que no tenías tantos problemas conmigo.
El alfa frunció el ceño.
_Ante ayer estabas borracho.
Max lo observó en silencio durante un momento, y luego sonrió de una manera que hizo que Kang se tensara.
_No estaba borracho.
El silencio cayó entre los dos.
_ ¿Qué?
_Lo que escuchaste -dijo Max con calma-. Fingí estar borracho.
Kang dio un paso hacia él, confundido.
_ ¿Por qué harías algo así?
Max sostuvo su mirada sin apartarse.
_Porque sabía que si estaba sobrio ibas a levantar todos esos muros tuyos.
La expresión de Kang se endureció.
_Eso no significa nada.
Max negó lentamente con la cabeza.
_Sí significa algo. Solo que tú no quieres admitirlo.
_No digas tonterías.
_Nos amamos.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire como una bomba a punto de estallar.
Kang soltó una risa incrédula.
_ ¿De verdad vas a decir eso después de todo esto?
_Sí.
Max dio un paso hacia él, acortando la distancia entre ambos.
_Porque lo veo en la forma en que me miras cuando crees que no me doy cuenta. En cómo te enfurece que alguien más se acerque a mí. En cómo intentas convencerte de que esto no es real.
Kang no respondió.
Por primera vez, no tenía una respuesta.
Max lo observó con una mezcla de desafío y ternura.
_Te lo demostraré.
Antes de que Kang pudiera reaccionar, el omega lo tomó por la camisa y lo besó.
No fue un beso tímido. Fue uno directo, intenso, como si todas las palabras que habían evitado decir se volvieran imposibles de detener.
Durante un segundo Kang permaneció inmóvil.
Luego, lentamente, dejó de resistirse.
Una de sus manos lo tomo del cuello profundizando el beso, mientras la otra se deslizaba por su espalda hasta llegar a su cintura atrayéndole hacia él.
Cuando finalmente se separaron, ambos respiraban con fuerza.
Kang lo miró como si acabara de entender algo que llevaba demasiado tiempo negando.
_Eres completamente impredecible -murmuró-.
Max sonrió.
_Pero me amas.
Kang cerró los ojos un instante, resignado.
_Sí... -admitió al fin-. Supongo que sí.
El omega lo miró con una expresión más suave.
_Yo también te amo.
El silencio que siguió ya no era incómodo.
Por primera vez desde esa cena, el lugar dejó de sentirse como una cárcel... y empezó a sentirse como un verdadero hogar.