Book I _war in the after life _omegaverse_

CAPITULO VII

La casa quedó en completo silencio después de la confesión.

Las luces del salón apenas iluminaban las cajas apiladas en las esquinas y los muebles nuevos que aún olían a madera recién pulida. Afuera, el viento movía suavemente los árboles del jardín.

Max estaba sentado en el sofá, mirando el suelo, lleno de las cosas que habían traído para la mudanza a la nueva casa.

Kang estaba apoyado contra la pared con los brazos cruzados, mirando al omega. Ninguno hablaba.

Finalmente, Kang suspiró.

_Esto es raro.

Max levantó la vista.

_ ¿Qué cosa?

_Todo -respondió Kang, señalando alrededor-. Esta casa. El matrimonio. Nosotros.

Max soltó una pequeña risa.

_Pensé que solo te molestaba yo.

Kang lo miró.

_También.

Max fingió indignarse.

_Oye.

Kang caminó lentamente hacia el sofá y se sentó en el otro extremo.

Por primera vez desde que llegaron, no había tensión entre ellos.

_Entonces... -dijo Max después de un momento- ¿Qué hacemos ahora?

Kang arqueó una ceja.

_ ¿Cómo que qué hacemos?

_Pues... somos una pareja ahora, ¿no?

Kang lo miró con expresión incrédula.

_Acabamos de aceptar que nos gustamos. No significa que sepamos cómo hacer esto.

Max se inclinó hacia atrás en el sofá.

_Bueno... supongo que podríamos empezar como cualquier pareja normal.

Kang soltó una risa corta.

_Nada de esto es normal.

Max lo miró de lado.

_Tal vez no... pero podríamos intentarlo, tenemos unos días antes del matrimonio.

El alfa no respondió inmediatamente.

Se quedó observándolo.

Max tenía el cabello ligeramente despeinado por el viaje y la camisa arrugada. Se veía bastante cómodo, como para alguien que estaba a punto de casarse por obligación.

Y lo curioso de esto es que le gustaba verlo así.

_Hay cuatro habitaciones -dijo Kang de repente-.

Max parpadeó.

_ ¿Qué?

_En la casa -explicó Kang-. Hay cuatro habitaciones.

Max entendió al instante y sonrió con picardía.

_ ¿Estás diciendo que no quieres dormir conmigo?

Kang rodó los ojos.

_Estoy diciendo que no quiero que después te quejes, de que obligo a dormir conmigo desde la primera noche.

Max se levantó del sofá y caminó hacia él.

_No me quejaré.

Se detuvo frente a Kang.

_Confía en mí.

Kang lo miró unos segundos... y luego se levantó también.

_Bien.

Max levantó una ceja.

_ ¿Bien?

_Pero si roncas, te mando al otro cuarto.

Max soltó una carcajada.

_Trato hecho.

. . .

El silencio volvió a instalarse en la casa después de un rato.

Las luces cálidas del comedor iluminaban las paredes todavía vacías, y el olor tenue de la madera nueva seguía flotando en el ambiente.

Kang se pasó una mano por el cabello, pensativo.

_ ¿Tienes hambre?

Max levantó la vista desde el sofá.

_Un poco... sí.

Kang asintió.

_Bien. Voy a preparar algo.

Caminó hacia la cocina con naturalidad, como si ya hubiera vivido allí durante años.

Max lo observó marcharse... intentando parecer distraído.

Pero en realidad no dejaba de mirarlo.

Desde el sofá podía ver cómo Kang abría el refrigerador, revisaba algunos ingredientes y comenzaba a organizar todo sobre la encimera.

Había algo extraño en verlo así, tan... doméstico.

Tan diferente al Kang serio y distante que siempre mostraba frente a los demás.

Max apoyó el mentón sobre su mano, mirando de reojo.

Kang cortaba verduras con movimientos seguros y tranquilos.

Como si cocinar fuera algo que hacía desde siempre.

_Si vas a quedarte mirándome, al menos ven aquí -dijo Kang de repente sin girarse.

Max parpadeó, sorprendido.

_ ¿Qué?

Kang soltó una pequeña sonrisa.

_No eres muy discreto.

Max se levantó lentamente y caminó hasta la cocina, con las mejillas totalmente arreboladas.

_Solo observaba.

_Entonces ayúdame.

Max levantó ambas manos.

_No sé cocinar.

Kang finalmente se giró hacia él.

_No hay problema.

Tomó una pausa breve antes de añadir:

_Mientras yo viva... cocinaré para ti.

Max no respondió.

Por alguna razón, esas palabras hicieron que algo cálido le recorriera el pecho.

_Pero si quieres -continuó Kang- puedes quedarte y mirar.

Max asintió.

_Eso sí puedo hacerlo.

Kang volvió a la encimera.

Entonces, con movimientos lentos, comenzó a desabrochar los botones del puño de su camisa.

Primero uno.

Luego el otro.

Se quitó la corbata y la dejó sobre la mesa.

Después abrió ligeramente los botones del cuello y se subió las mangas hasta los antebrazos.

Max observaba todo con atención.

Más de la que quería admitir.

La luz de la cocina caía sobre los brazos de Kang, marcando las líneas de sus músculos y las venas que recorrían su piel.

Esas venas conducían hasta unas manos grandes, firmes... que se movían con precisión mientras preparaba la comida.

Max tragó saliva.

Había algo extrañamente hipnótico en esa escena.

El sonido del cuchillo contra la tabla.

El aroma de los ingredientes calentándose.

La forma en que Kang se movía con calma.

_ ¿Qué estás mirando ahora? -preguntó Kang sin levantar la vista.

Max reaccionó.

_Nada.

Kang soltó una risa baja.

_Claro.

Poco después, la comida estuvo lista.

Kang colocó dos platos sobre la mesa del comedor y sirvió con cuidado.

_No es nada especial -dijo- pero debería estar bien.

Max probó el primer bocado.

Sus ojos se abrieron ligeramente.

_Está delicioso.

Kang se encogió de hombros.

_Donde aprendiste a cocinar -pregunto Max-

_Cuando estudiaba, vivía solo en un departamento, así que me dispuse a aprender a cocinar.

_ Huyyy...aparte de empresario, también cocinas, que envidia le tengo a tu futuro esposo o esposa.




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