Book I _war in the after life _omegaverse_

CAPITULO X

Max apenas alcanzó a cerrar la puerta cuando sintió el peso del cuerpo de Kang inclinarse hacia él.

El alfa respiraba con dificultad.

Cada inhalación era, como si el aire ya no fuera suficiente para llenar sus pulmones. El aroma a sándalo comenzaba a extenderse por el recibidor con una intensidad inquietante, impregnando cada rincón de la casa.

_Kang...

No obtuvo respuesta.

Los ojos del alfa permanecían entrecerrados, perdidos en una lucha silenciosa que parecía librarse únicamente dentro de su mente.

_Aléjate...

Su voz apenas fue un murmullo ronco.

Max ignoró la advertencia y lo ayudó a caminar hasta el sofá de la sala. Apenas logró sentarlo cuando otra oleada de feromonas escapó sin control.

El aire se volvió denso.

Tan denso que incluso respirar parecía más difícil, incluso para él.

Kang apretó los puños con tanta fuerza que nuevamente sus nudillos perdieron el color.

Su cuerpo temblaba.

No de miedo mas bien era su subconsciente que quería mantener el poco autocontrol que le quedaba, tratando de resistirse a entrar por completo en su rut.

Luchaba con todas sus fuerzas por mantener el control sobre unos instintos más antiguos en los de su tipo que incluso podía imponerse por encima de la razón, pero el trataba de dominarlo con todas sus fuerzas.

_ ¡Maldita sea...!

Golpeó el reposabrazos del sofá con el puño.

La madera crujió bajo el impacto.

_Kang...

_ ¡No te acerques!

Aquella orden hizo que Max se detuviera en seco.

Nunca antes lo había escuchado hablar con ese tono.

No había enojo en su voz, había desesperación.

_Por favor... -continuó Kang, respirando con dificultad-. No quiero lastimarte, lárgate de aquí.

Max sintió un nudo en la garganta.

Conocía suficiente sobre los alfas puros para comprender lo que estaba ocurriendo.

El rut para ellos no era simplemente un periodo de fiebre o agotamiento.

En un alfa puro, especialmente cuando había encontrado a su pareja destinada o totalmente compatible, el proceso era mucho más intenso y difícil de contener. Las feromonas aumentaban de manera abrupta, los sentidos se agudizaban y el cuerpo entraba en un estado en el que cada instinto exigía imponerse sobre la voluntad.

Los inhibidores podían retrasar el proceso durante un tiempo.

Pero no detenerlo.

No cuando el vínculo ya había reconocido a la persona compatible.

Era precisamente por eso que las antiguas familias mantenían protocolos tan estrictos para este tipo de situaciones.

Max reaccionó de inmediato.

Corrió hacia el gabinete donde siempre guardaban los medicamentos de emergencia.

Abrió el primer cajón.

Nada.

El segundo.

Solo cajas vacías.

Buscó una tercera vez con más desesperación.

Nada.

_No...

Revisó otro armario.

Después otro.

Los inhibidores se habían terminado.

_Mierda…y ahora que hago…

Su respiración comenzó a acelerarse.

Tomó el teléfono y marcó el número del médico de la familia.

Contestó al tercer tono.

_Doctor, Kang...

No necesitó terminar la frase.

_ ¿Entró en rut?

_Está comenzando. No encuentro los inhibidores.

Del otro lado hubo unos segundos de silencio.

_Si es un alfa puro y el proceso ya comenzó... los inhibidores ya no cambiarán el curso de la crisis.

Max cerró los ojos.

_Entonces dígame qué hago.

La respuesta tardó unos instantes.

_Ya conoces el protocolo.

_No...

Su voz se quebró apenas un poco.

_Tiene que haber otra opción.

_Si la hubiera, te la diría. Pero en un alfa puro que ha reconocido a su pareja compatible, el organismo deja de responder a casi cualquier método para suprimir el rut. No es falta de tratamiento; simplemente su biología entra en un estado que ningún medicamento puede revertir por completo una vez iniciado.

Max guardó silencio.

_La prioridad ahora es evitar que se haga daño a sí mismo o que pierda completamente el control. Mantén la calma. Si la situación empeora, vuelve a llamarme.

La llamada terminó.

Por un momento, el silencio fue absoluto.

Solo quedaban las respiraciones agitadas de Kang al otro lado de la sala.

El aroma a sándalo ya había invadido toda la casa.

Era tan intenso que parecía adherirse a las paredes, a los muebles, al propio aire.

Cuando Max regresó, encontró al alfa sentado en el suelo.

Había apoyado la espalda contra la pared y mantenía la cabeza inclinada, respirando con dificultad.

Sus manos temblaban.

Tenía pequeñas marcas rojizas en los nudillos de tanto apretar los puños.

Escuchó los pasos de Max y levantó apenas la vista, sus ojos estaban de un color oscuro y brillosos talvez la fiebre lo estaba cambiando poco a poco.

_ ¿Qué dijo el doctor? —preguntó con esfuerzo.

Max no respondió. Pero ese silencio bastó para que Kang comprendiera la respuesta.

Una amarga sonrisa apareció en su rostro.

_Lo imaginaba...

Respiró profundamente, intentando recuperar una calma que ya se escapaba entre sus dedos.

_Max...

El omega dio un paso hacia él.

_No.

La voz de Kang sonó más firme esta vez.

_Aléjate.

_Pero...

_Por favor.

Aquellas dos palabras pesaban más que cualquier orden para él.

_No sé cuánto tiempo más podré seguir siendo yo.

Max permaneció inmóvil.

Nunca había visto a Kang tan vulnerable.

Ya no era el heredero de una de las familias más poderosas.

Ni mucho menos era el alfa orgulloso que jamás aceptaba ayuda.

Solo quedaba simplemente alguien luchando con todas sus fuerzas contra algo que escapaba por completo de su control.

Un nuevo estremecimiento recorrió el cuerpo de Kang.

Cerró los ojos con fuerza mientras otra oleada de feromonas llenaba la habitación.

El silencio volvió a caer sobre la casa.




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